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No confunda estos términos relativos a la salud

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Dentro del campo de la salud, algunas palabras tienen significados que en ocasiones se confunden, lo que podría llegar a comprometer un posible tratamiento que se esté siguiendo e incluso poner en riesgo su salud. Le explicamos las diferencias entre complemento y suplemento nutricional; entre tisana, infusión, maceración, decocción o té…

En no pocas ocasiones me he encontrado con situaciones en las que se confunden términos relacionados con la salud que no significan lo mismo.

Ya sea en conversaciones con amigos o en la televisión y la radio en general, es bastante frecuente ver este tipo de errores.

Incluso si esto no le parece importante para su salud, le aseguro que es crucial saber qué significa cada uno para no cometer deslices que comprometan el tratamiento que pueda estar siguiendo o que lleguen a poner en riesgo su salud.

Analicemos una a una las confusiones más comunes.

¿Complemento o suplemento nutricional?

En ambos casos se trata de una ayuda extra que permite completar la ingesta diaria de ciertos nutrientes. La diferencia radica en las cantidades.

Así, en los complementos no se supera la Cantidad Diaria Recomendada (CDR) del nutriente en cuestión, ya que solo suponen un refuerzo para ayudar a mantener un buen estado de salud.

Por ejemplo, puede tomar complementos de omega 3 para ayudar a combatir el estrés y la depresión, mejorar la presión arterial o favorecer el control del peso (aquí puede leer más sobre este tema), entre muchos otros beneficios.

A este respecto, también existen alimentos enriquecidos con minerales, vitaminas, etc. Así, en los supermercados es habitual encontrar leches “enriquecidas con omega 3” o cereales a los que se añaden ciertas vitaminas.

Eso sí, debe tener claro que muchas veces eso es una mera estrategia publicitaria, ya que estos alimentos enriquecidos también pueden incluir sustancias nocivas como aditivos, conservantes, pesticidas… Como consecuencia, al final nos encontramos con un producto poco saludable, por muy enriquecido que esté.

Por su parte, en la suplementación las cantidades de los nutrientes son superiores a las CDR y, además, cuentan con fórmulas que permiten una mejor asimilación.

En otras palabras, con la suplementación se va más allá y se da un paso más con respecto a la complementación, optimizando el organismo al máximo gracias a un aporte extra de nutrientes. Y es que generalmente las CDR -cantidades que recomiendan las autoridades sanitarias- suelen ser demasiado bajas.

Tisana, infusión, té, decocción y maceración

Algunos de estos términos, en concreto los tres primeros, se usan con bastante frecuencia como sinónimos, ya que en realidad son muy similares.

Sin embargo, existen ciertas diferencias que conviene aclarar.

Comencemos por la tisana, ya que en cierto modo engloba al resto. Y es que una tisana no es otra cosa que un remedio medicinal por el que se extraen los principios activos de las plantas medicinales (y que aportan beneficios terapéuticos) por medio del agua.

Ahora bien, ese remedio se puede preparar de distintas formas, atendiendo a la temperatura del agua y a las partes de la planta. De este modo, debemos diferenciar entre decocción, infusión y maceración.

En la decocción los principios activos se extraen a través de agua hirviendo. Y es que solo cuando el agua llega al punto de ebullición (a los 100º C) pueden liberarse las sustancias tan beneficiosas que contiene.

Para preparar la decocción vierta la parte de la planta que interesa sobre el agua en ebullición y deje hervir a fuego lento entre 2 y 30 minutos. A continuación, apague el fuego y deje reposar durante unos 15 minutos antes de colar el resultado y beberlo todavía caliente.

Ahora bien, precisamente porque el agua está hirviendo, este preparado debe emplearse con las partes más duras del vegetal: las raíces (por ejemplo, de jengibre, de regaliz, de uña de gato…), las cortezas (de encina, de sauce…) y las semillas (de boldo, de cardo mariano…).

Por el contrario, si los principios activos se encuentran en las hojas (de manzanilla, de jazmín…), las flores (de lavanda, de tomillo…) y los tallos tiernos (de hinojo, por ejemplo), debe hacer una infusión.

Este preparado se diferencia de la decocción porque el agua está caliente pero no hay que dejar que hierva, ya que el excesivo calor puede dañar esas partes más delicadas de la planta.

Así, para preparar una infusión vierta el agua caliente (recuerde, sin que llegue al punto de ebullición) sobre las partes de la planta que interesan y deje reposar todo, con el recipiente tapado, entre 3 y 10 minutos. Pasado ese tiempo, cuele el resultado y bébalo preferiblemente caliente.

Por último, la maceración se caracteriza porque aquí el agua no se calienta. Basta con meter la planta en el agua fría y dejarla reposar durante horas dependiendo, de nuevo, de la parte que se esté empleando: unas 12 horas para hojas, flores y tallos tiernos, y 24 para raíces, cortezas y semillas.

Como ve, es importante saber qué variedad requiere cada tipo de preparación.

Si usa agua hirviendo con las hojas de manzanilla, por ejemplo, lo único que va a conseguir es que se pierdan sus beneficiosas propiedades. ¡Y son más de las que imagina! (Aquí encontrará algunas muy interesantes).

Y si, por el contrario, prepara una infusión con raíces de jengibre, al final solo estará tomando una bebida caliente y sabrosa, pero sin estos beneficios para su salud.

¿Y qué pasa con el ?

Muy sencillo. Con este término nos referimos, en concreto, a la infusión preparada con las hojas de cualquiera de las variedades de la planta del té (Camellia sinensis): té verde, té negro, té rojo…

Ojo, también puede preparar un té con los brotes tiernos de la planta. De hecho, en muchas variedades de plantas se pueden extraer principios activos de todas sus partes (hojas, raíces, tallos…).

La clave está, como acaba de ver, en preparar la tisana (en decocción, en infusión o en maceración) que corresponda a cada caso.

¿Alergia o intolerancia alimentaria?

Por último, dos términos que pese a sus diferencias en ocasiones siguen confundiéndose.

Cuando se habla de intolerancia a un alimento lo que ocurre es que esa persona no puede digerir bien ciertos nutrientes presentes en el mismo: el gluten en el caso de los celíacos o la lactosa y la caseína en aquellas que son intolerantes a la leche, por citar los casos más comunes.

Como consecuencia, lo habitual es que se sufran trastornos gastrointestinales como hinchazón, flatulencias, estreñimiento…

Y, ¡ojo!, estos síntomas no deben pasarse por alto, ya que si el problema persiste puede conllevar un aumento de la permeabilidad intestinal y una disbiosis (desequilibrio de la microbiota) que acarree enfermedades de toda índole, no solo gastrointestinales (aquí puede ver algunos ejemplos).

Ahora bien, en el caso de la alergia nos encontramos con un problema más grave. De entrada, un alérgico a algún alimento puede sufrir una reacción sin necesidad de que lo haya ingerido.

Comparándolo con el caso de antes, una persona intolerante al gluten empezará a encontrarse mal tras comer un alimento que lo contiene. En cambio, en el caso de un alérgico la crisis puede desencadenarse (dependiendo del grado de alergia) solo con tocar ese pan.

Incluso a veces ni es necesario tocarlo. Puede que baste con comer algo que se ha elaborado en el mismo sitio (una sartén o plancha, por ejemplo) en el que se haya preparado un alimento que contiene ese alérgeno (son las famosas “trazas” que pueden verse en las etiquetas de muchos alimentos).

Esto sucede porque con la alergia nos encontramos ante un fallo del sistema inmunitario.

En concreto, ese sistema de defensa del organismo identifica como nociva y peligrosa una sustancia (puede ser una proteína, una molécula…). Además, esta puede ser de cualquier tipo: un alimento, un metal, un tipo de polen, el pelo de un animal…

De este modo, cuando el cuerpo entra en contacto con esa sustancia, se ponen en marcha unos mecanismos de defensa inflamatorios. Y esos son los responsables de los síntomas asociados a la alergia: irritación, enrojecimiento, fatiga, hinchazón

El síntoma más grave es la anafilaxia (se constriñen las vías respiratorias), la cual puede llegar a poner en riesgo la vida del afectado.

Además, a esto hay que añadir otro factor que hace de las alergias un problema mucho más grave a priori que el de las intolerancias: las alergias cruzadas.

Se trata de un tipo de alergia por el que una persona, si por ejemplo es alérgica al polen, también puede serlo a ciertos alimentos (aquí puede leer por qué ocurre esto).

Ya lo ve: a veces estos términos de salud se utilizan indistintamente, como si fueran sinónimos, pero en realidad hacen referencia a cosas muy distintas. De ahí la importancia de conocer sus diferencias para no cometer errores que, incluso, pueden llegar a comprometer su bienestar.


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