Las alergias alimentarias han aumentado significativamente en la última década. El problema es que muchas personas que son alérgicas al polen desconocen que también pueden serlo a otros alimentos debido a las alergias cruzadas (cuando la estructura de las proteínas de una sustancia se parece a las de otra sustancia a la que se es alérgico, por lo que el sistema inmunitario también lo identifica como algo dañino y lo ataca).

Pero además algunos de los síntomas de esa alergia alimentaria, como es la rinitis alérgica, suelen confundirse con los de un resfriado (especialmente si ocurre en los meses primaverales), lo que hace que la persona que está sufriendo esa alergia alimentaria desconozca su problema y no sea tratada adecuadamente, lo que acaba agravándolo.

Por ello resulta fundamental diferenciar los síntomas entre ambas patologías. Así, mientras una alergia alimentaria no produce fiebre, el picor de nariz y los estornudos son más intensos y los principales afectados son los ojos; sin embargo, si estamos ante un simple catarro lo que predomina es la congestión y la mucosidad espesa.

Fuente: Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica.