A mí me gustan los buenos propósitos, lo reconozco.

Claro que no los del tipo “apuntarme al gimnasio-aprender inglés-adelgazar-dejar de fumar”. Y no porque no sean unos buenos objetivos en sí mismos, sino porque así planteados son tan buenos como efímeros y, con el paso de los días, se disolverán como azucarillos en agua.

Y llegará este año a su fin y quien así se los planteó probablemente estará en el mismo punto en su nivel de forma física, conocimiento de idiomas, peso y consumo de tabaco. Y, lo que es peor, con una aguda sensación de fracaso, pues no logró nada de lo que se había planteado como prioritario.

Plantearse buenos propósitos es innegablemente positivo, pues quien lo hace demuestra que quiere avanzar, que es consciente de que hay aspectos mejorables y que su máxima ambición no es quedarse como está, sino mejorar su vida, avanzar y progresar.

Mi consejo al plantearse propósitos es que éstos sean lo suficientemente ambiciosos como para lograr cambios sustanciales en la vida, pero que a la vez sean metas alcanzables y realistas. Y que vayan acompañados de un plan de acción.

Si uno se plantea como propósito llegar al verano con un cuerpo de top model, está claro que eso no es un propósito, sino un deseo o un sueño, casi tanto como si se hubiera marcado como propósito que le toque la lotería.

Idéntico mal resultado logrará quien, por ejemplo, se haya apuntado al gimnasio el día 2 de enero (¡y son miles las personas que lo hacen!) en la esperanza de que el mero gesto de apuntarse y pagar (incluso por adelantado el año completo) baste para lograr el milagro.

Los propósitos que funcionan, además de realistas y alcanzables, exigen un compromiso con uno mismo para lograrlos. Y ese compromiso no se alcanza con un simple deseo, sino que hace falta una gran motivación para ser capaces de cumplir con nosotros mismos. Hace falta que por dentro, en nuestro interior, haya habido un trabajo de fondo que ponga a todo nuestro ser, a nuestra voluntad, a trabajar para alcanzarlo.

Pautas de alimentación que funcionan

Si yo le digo de pronto a alguien que no me conoce de nada que lo que puede hacer por su salud en este año que comienza, mucho más eficaz que cualquier otra cosa que se plantee, es un plan de acción que consista en:

  • Rebajar drásticamente su consumo de azúcar y de hidratos de carbono (incluidos los complejos, como los cereales integrales).
  • Incrementar su consumo de alimentos crudos de calidad.
  • Evitar los refrescos.
  • Dejar de consumir productos industriales.
  • Perder el miedo a las grasas saturadas “buenas”.
  • Aumentar el uso de hierbas y especias en la cocina.

puede que a ese alguien no le suene a “buen propósito”. E incluso puede que le parezca poca cosa.

Pero además ni siquiera lo cumplirá, pues no entenderá las razones de fondo que hay en cada uno de esos puntos… y acabará volviéndose a echar tres cucharillas de azúcar en el café del desayuno, a comer hidratos sin límite (pensando además que son buenos) y a no limitar el consumo de refrescos, bollería y productos industriales (creyendo, además, que si son light son sanos).

Sin embargo, quien me lee desde hace tiempo sabe que en esas pautas anteriores se concentran algunas de las claves de la buena salud y que, si se incorporan a los hábitos de alimentación, logran por sí mismas, casi sin hacer nada más, que quien las lleva a práctica mantenga un peso óptimo y se encuentre francamente mejor. Por lo tanto, los pondrá en marcha sin esfuerzo, pues estará íntimamente convencido de sus beneficios.

El convencimiento interno: la verdadera palanca del cambio

Mejorar la alimentación es uno de los objetivos más frecuentes año tras año (junto con lo del inglés y el gimnasio…).

Una vez más, pienso que es un buen objetivo (más que bueno: esencial) y, sin embargo, en tantísimos casos abocado también al fracaso. Y es que para muchos suele surgir como reacción a los desbarajustes y excesos del último tramo del año, y por eso se obligan a tomar insípidas comidas e insulsas ensaladas, un programa imposible de mantener y que al poco tiempo acaba terminando en un rotundo fracaso.

Más de uno a quien han operado de cáncer de pulmón ha seguido fumando a pesar de saber perfectamente sus nefastas consecuencias. Y es que el hecho de saber “en teoría” que “fumar mata” (como dicen los paquetes de tabaco) no basta para renunciar al placer y al hábito del tabaco. Las personas que dejan de fumar definitivamente no lo hacen más que a partir del momento en el que sienten el convencimiento interno de que ha llegado el momento de huir del tabaco.

Lo mismo ocurre con la alimentación. Y exactamente igual respecto a tener una postura crítica frente a los medicamentos.

Quien no me conozca y me oiga por primera vez decir que hay que ser críticos con los fármacos que nos recetan, y que existen alternativas naturales, quizá piense que se trata de puro alarmismo, e incluso puede que me acuse de cierto fundamentalismo a favor de las alternativas naturales.

Por el contrario, quien me lea desde hace tiempo (y sobre todo, quien lea mes tras mes a Thierry Souccar, autor de Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar, de los que tanto me ha oído hablar), se está empapando poco a poco de un pensamiento crítico respecto de los tejemanejes de la industria farmacéutica y de los intereses ocultos de los poderes oficiales y, en consecuencia, de la necesidad de tomar las riendas de nuestra propia salud.

Porque salvo contadas excepciones, los cambios que perduran en la vida son fruto de ideas y conocimientos a los que nos hemos expuesto una y otra vez, ideas que han calado en nuestro interior, que nos han convencido no en un instante, sino en nuestro yo más profundo.

Cuando uno se enfrenta a una idea nueva, a una nueva oportunidad, por mucho entusiasmo que crea tener, ese entusiasmo será más débil al día siguiente, más aún el día de después, y acabará muy probablemente por desaparecer tras unos días o semanas. Es pura psicología.

Por el contrario, quienes de verdad cambian y se mantienen firmes en sus propósitos son quienes se han empapado intensamente y a lo largo de un cierto tiempo de los hechos que demuestran que es necesario cambiar. Y es que el trabajo se hace en el subconsciente.

Los suscriptores de Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar, al igual que yo mismo, no son unos fanáticos “antimedicamentos”. Pero sí le aseguro que tienen muy claro que los fármacos no son inocuos, que hay poderosísimos intereses detrás de la industria farmacéutica y sanitaria y que es más cierto que nunca que somos lo que comemos.

Si en nuestra alimentación nos atiborramos de productos industriales, de aditivos químicos, de alimentos para los que nuestro organismo no está preparado, de productos indigestos… es inevitable que desarrollemos intolerancias, desajustes, carencias…

Las plagas de obesidad, de alzheimer, de problemas digestivos, de alergias y de cáncer, entre otras, no son fruto de la casualidad. Y es absurdo que luego pretendamos que se solucionen a base de fármacos y más fármacos. Lo prueba el hecho de que pese a que la industria farmacéutica está supuestamente realizando más avances que nunca, los grandes males en cuanto a salud siguen campando a sus anchas entre las poblaciones más avanzadas.

¿Qué está pasando?

¿No es más lógico que cada uno de nosotros, en nuestra casa, proporcione a su organismo los nutrientes que necesita (y deje de darle lo que le perjudica)? ¿No es más razonable adoptar desde el convencimiento hábitos de vida en coherencia con el bienestar de nuestro cuerpo? ¿No es mejor contar con la información -basada en hechos científicos y contada desde la independencia- que nos permite tomar las decisiones adecuadas respecto a nuestra salud?

Estoy seguro de que quienes ya reciben mes tras mes Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar están en una situación de clara ventaja frente al resto en cuanto a salud se refiere. Conocen los mecanismos internos de enfermedades como el alzheimer, el parkinson, las alergias, el colon irritable, el dolor de cabeza o la degeneración macular, entre muchas otras. Y saben qué hacer y qué no hacer si quieren ayudar a su cuerpo, desde dentro y de forma no agresiva, a mantenerse sano y a sanar cuando deja de estarlo.

Un paso adelante

Si usted lleva tiempo leyéndome, quizá en su subconsciente algo le dice que ha llegado el momento de dar un paso al frente en favor de su salud. Ahora que ha comenzado un nuevo año, es el mejor momento para que cristalicen sus buenos propósitos de apostar por la salud. Por la suya propia y la de los suyos.

Si de verdad entre sus propósitos para este año está mejorar su salud, le invito a hacer caso al “runrún” que siente en su interior. Le invito así a apostar por Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar.

Por un módico precio, prácticamente simbólico (mucho menos de lo que cuesta cualquier gimnasio, por ponerlo en comparación con uno de los propósitos “clásicos”), estará invirtiendo en los cimientos de una salud óptima. Por eso, le invito a unirse a quienes hemos hecho del pensamiento crítico y de la salud una forma de entender la vida.

Juntos desde el convencimiento

Cuando hablo de apostar por algo desde el convencimiento, también lo aplico a la propia suscripción a Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar. Sólo tiene sentido que los reciba mes a mes si está convencido de su utilidad. Por eso la suscripción cuenta con una garantía incondicional de 30 días, durante los cuales podrá cancelar su suscripción y recibir el reembolso de su dinero. De esta forma no corre ningún riesgo y además podrá conservar para siempre los regalos de bienvenida que le enviaremos.

La salud bien entendida es una apuesta a largo plazo, por lo que sólo si usted quiere seguiremos mes tras mes junto a usted, haciéndole llegar la mejor información de salud, la más avanzada y revolucionaria. Para que usted la utilice desde el convencimiento.

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Y usted ¿Qué buenos propósitos tiene para este año? Le invito a compartirlos con el resto de lectores de Salud, Nutrición y Bienestar dejando un comentario un poco más abajo.