Comparto con usted un comentario que vi hace días en un foro:

“¿Qué productos, plantas o complementos alimenticios serían eficaces para tratar la toxoplasmosis? Estoy desesperada, ¡¡necesito librarme de este parásito!! Gracias”.

La verdad, leerlo me ha llevado a pensar en lo poco que se habla de esta enfermedad (así como en general de muchas otras causadas por parásitos, garrapatas -como por ejemplo el lyme-, etc.), a pesar de su importancia.

La toxoplasmosis es una dolencia provocada por un protozoo (una forma de vida muy simple, de hecho unicelular) que ataca a los mamíferos: el Toxoplasma gondii.

Como cualquier otro parásito, no puede reproducirse de forma autónoma. Pero en este caso no se vale de un solo “huésped” o “víctima”, sino de dos.

El que se conoce como “huésped intermediario” es por lo general un roedor o un pájaro que se contamina al comer los huevos del parásito.

Una vez dentro de su organismo, al eclosionar esos huevos, los toxoplasmas comienzan a formarse. Pero lo hacen solo hasta un punto, dado que necesitan un cuerpo más grande (por ejemplo, el de un gato) para terminar de desarrollarse.

En este punto podríamos pensar que es fácil que la cadena de propagación se corte. Los gatos pueden cazar pájaros y roedores, pero… ¡ya sería casualidad que precisamente se comiesen siempre los animalillos contaminados!

El problema es que eso ocurre mucho más a menudo de lo que podría parecer. Y además el propio parásito juega un papel esencial en ello. ¡Es sorprendente!

Cambiando comportamientos para sobrevivir

Lo han demostrado varios grupos de investigadores estadounidenses: las ratas infectadas por Toxoplasma gondii sufren cambios cerebrales que les hacen perder su temor innato a la orina de los gatos, lo que en realidad responde a un mecanismo de supervivencia muy arraigado en ellas. (1)

De ese modo, no evitan frecuentar los lugares en los que hay felinos y con ello aumentan enormemente sus probabilidades de ser cazadas.

Una vez dentro del gato es cuando el parásito se desarrolla por completo, pero ¡ahí no acaba su recorrido! Y es que sigue diseminándose a través de las heces de los felinos, contaminando la tierra, el agua… y llegando también a las personas a través de la carne de animales infectados (cuando se consume poco cocinada o cruda).

Se trata de un mecanismo de proliferación tan exitoso que, de hecho, se calcula que ¡hasta la mitad de la población! sería portadora de este parásito.

Lo malo es que la mayoría no lo sabe, pues en personas sanas la enfermedad que produce apenas presenta síntomas. Como mucho, tras un período de incubación de unos días puede aparecer una sintomatología similar a la de la gripe: dolor de cabeza, fatiga, fiebre (no superior a 38° C), dolor articular y muscular, ganglios linfáticos inflamados…

Particularmente peligrosa para las mujeres embarazadas por los potenciales daños que puede producir en el feto, en general una vez se asienta el Toxoplasma gondii permanece de forma latente. Sin embargo, va formando quistes en los tejidos musculares y nerviosos y, sobre todo, en el cerebro (en las neuronas y en las células gliales).

Llegados a este punto es posible que se esté preguntando si también en nosotros es capaz de general cambios cerebrales y comportamentales para sobrevivir. Y me temo que la respuesta no va a gustarle demasiado…

Aunque antes de continuar con la lectura permítame que, si tiene gato en casa, le recomiende de estos efectivos tratamientos naturales antiparasitarios.

¡Sí, también cambia el comportamiento en humanos!

Jaroslav Flegr, investigador del departamento de parasitología de la Universidad Carolina de Praga, en la República Checa, lleva años estudiado los efectos de la toxoplasmosis en el comportamiento de hombres y mujeres.

En sus investigaciones ha puesto de manifiesto, mediante la realización de diversos cuestionarios, los diferentes rasgos de personalidad que presentan las personas infectadas. De 11 estudios centrados en este aspecto, 9 han revelado que existen diferencias considerables respecto a personas que no están contaminadas y que, a su vez, estas varían según el género. (2)

Otras investigaciones van más allá y aseguran que el Toxoplasma gondii es capaz de eliminar ciertos temores e incluso “orientar” a la persona infectada a ciertas metas y actitudes ante la vida (por ejemplo, a asumir el riesgo de emprender en los negocios, lo que por supuesto en principio no parece tan malo). (3)

Pero también existen otros efectos bastante más dramáticos: se ha analizado que afectaría negativamente al rendimiento psicomotor, reduciría la velocidad de reacción y alteraría la capacidad de concentración. (4)

A este respecto, el propio Flegr terminó demostrando que la infección por toxoplasma multiplicaba por 2,65 el riesgo de sufrir un accidente de tráfico. (5)

Y otro metaanálisis posterior concluyó que en una persona infectada por este parásito el riesgo de esquizofrenia se multiplica por 2,7 (estos resultados no bastan para confirmar que el toxoplasma sea responsable de la enfermedad, pero la correlación sí parece clara). (6)

Por último, también se sospecha que el toxoplasma influye en otros trastornos psíquicos como el bipolar, el obsesivo compulsivo y del espectro autista.

¿Cómo puede contribuir un pequeño parásito a la aparición de este tipo de enfermedades?

La explicación estaría en que su presencia en el cerebro altera el funcionamiento de los mensajeros químicos. En concreto, aumenta la producción de la dopamina, hormona implicada en el comportamiento y en el desarrollo de enfermedades psicóticas, al tiempo que desajusta de forma crítica los valores de ciertas hormonas sexuales.

¿Cómo se trata la toxoplasmosis?

Detectar el Toxoplasma gondii en el organismo es un gran paso en sí mismo (sus síntomas son equívocos y, por lo general, solo se realizan pruebas de diagnóstico a las mujeres embarazadas). Sin embargo, no es más que eso: un paso. Y es que erradicarlo cuesta más de lo que podría parecer.

De hecho, en la actualidad la medicina convencional no ofrece ninguna solución terapéutica capaz de deshacerse de él por completo.

De este modo, tratamientos generalmente a base de pirimetamina -que suele asociarse con otra molécula, la sulfadiazina- se administran a las personas más vulnerables para controlar la fase aguda de la infección y evitar complicaciones más graves. Pero poco más.

Afortunadamente, frente a esto la medicina natural sí parece tener enfoques de lo más prometedores que usted debe conocer.

Por un lado, existen varias plantas con propiedades antitoxoplasmosis muy notables, entre las que destaca el ajenjo dulce (Artemisia annua). Su principio activo, la artemisinina, es capaz de inhibir el desarrollo del toxoplasma y ya está reconocido por su capacidad para combatir otro parásito, el temido Plasmodium responsable de la malaria.

Además de esta, otras posibles candidatas del mundo vegetal que siguen investigándose son el regaliz (Glycyrrhiza glabra), la Eurycoma longifolia, la Vernonia colorata, el Ginkgo biloba, la cebolla (Allium cepa), el jengibre (Zingiber officinale), la nuez moscada (Myristica fragrans), el astrágalo chino (Astragalus membranaceus), la escutelaria (Scutellaria baicalensis), la mirra (Commiphora molmol), el ajenuz (Nigella sativa) y el saúco negro (Sambucus nigra).

Un “enfoque mitocondrial”

Más allá de las plantas, estudios recientes habrían demostrado que el mecanismo de defensa celular del cuerpo contra los parásitos intracelulares (como el Toxoplasma gondii), es lo que se denomina “fusión mitocondrial”.

Por ello, “reiniciar” el metabolismo de las mitocondrias podría ayudar al mismo tiempo a eliminar el parásito y a mitigar los síntomas que su infección lleva asociada.

Y en este sentido debe saber que en micronutrición por lo general la actividad mitrocondrial se apoya con coenzima Q10, vitaminas del grupo B, ácido alfa lipoico, acetil carnitina, resveratrol y magnesio, entre otras sustancias.

En cualquier caso, al tratarse de una enfermedad bastante desconocida no hay que dudar en consultar con un médico o experto en salud natural acerca de las compatibilidades con los tratamientos que se estén recibiendo.

¡A su salud!

P.D.: Al comienzo de este e-mail le hablé de otra dolencia provocada, en ese caso, por garrapatas. Es la enfermedad de Lyme, que causa estragos en la actualidad y cuya incidencia no deja de aumentar en Europa. Si quiere saber un poco más sobre ella, le invito a leer este texto.