Los primeros casos de la enfermedad de Lyme se detectaron en nuestro país el año 1977 y desde entonces su incidencia no ha dejado de crecer.

Este año la alerta es máxima, pues las abundantes lluvias de primavera han producido mayor vegetación, lo que trae consigo un aumento de la proliferación de garrapatas (que transmiten la bacteria que provoca la enfermedad de Lyme), hasta el punto de que los expertos hablan de una “plaga” durante este verano. (1)

Y no sólo en el campo y en los entornos rurales, sino también en las ciudades. Y es que, con el incremento de las temperaturas, las garrapatas tienden a refugiarse dentro de las viviendas, mostrando una especial predilección por las casas bajas con jardín o los chalets con vegetación.

Por eso mi mensaje de hoy se centra en dos claves esenciales para proteger su salud: la prevención (especialmente durante sus paseos al campo, pero incluso si simplemente va a la piscina y hay hierba alrededor) y la rápida capacidad de reacción ante los primeros signos de sospecha.

Pero también incluye un tercer e importante mensaje: dado que el diganóstico del lyme es muy complicado, tomando en ocasiones varios meses e incluso años después de la infección inicial, algunos pacientes llegan a la fase más grave de la enfermedad sin haber recibido ningún tratamiento durante las dos etapas previas. Es ahí cuando sufren artritis crónica, problemas neurológicos o una afección de la piel denominada acrodermatitis crónica atrófica.

Por eso, si usted sufre alguna enfermedad o afección a la que no encuentra respuesta, no descarte que pueda tratarse de la enfermedad de Lyme. Mejor será saber cómo detectarla.

Cómo nos transmiten enfermedades las garrapatas

El peligro que representan las garrapatas en la transmisión de enfermedades (especialmente el lyme) está subestimado. El riesgo acecha en un simple paseo por el campo o al acariciar a una mascota, y se trata de una enfermedad que puede causar terribles padecimientos muchos años después.

Las bacterias transmitidas por la garrapata que originan la enfermedad de Lyme son las espiroquetas, denominadas así porque parecen muelles o cables de teléfono en miniatura. En concreto, las “culpables” del lyme son las bacterias del género Borrelia. Es decir, que el lyme se contrae por la mordedura de una garrapata que a su vez es portadora de esa bacteria.

Las garrapatas se alimentan de sangre de animales. Si ese animal es portador de una bacteria, la garrapata puede transmitir dicha bacteria a otro animal. El problema es que puede que ese otro animal sea usted, que siemplemente ha salido a dar un paseo por el campo, o su perro o gato, a los que usted más tarde meterá en su casa.

La vida de la garrapata pasa por tres fases: larva, ninfa y adulta. Para crecer, debe encontrar un huésped con el que darse un “banquete de sangre”. En cada fase se alimenta de la sangre de sus presas para después iniciar un período de latencia durante el cual se transforma y pasa a la siguiente fase.

Al nacer, las larvas no están infectadas y, por tanto, no resultan peligrosas para el hombre. Si se infectan alimentándose en la fase de larvas, pueden transmitir la bacteria. Es decir, que la enfermedad de Lyme es transmitida sobre todo por las ninfas, que son minúsculas y a menudo pasan desapercibidas y pican sin causar dolor.

Las garrapatas adultas trepan a las hierbas y arbustos que bordean los caminos a la espera de un animal. Por su parte, las garrapatas inmaduras se suelen situar en las hojas caídas que se amontonan bajo los árboles, por lo que se suben fácilmente a los perros que se tumban sobre ellas.

Cómo protegerse

Una garrapata puede permanecer varios días en la piel sin ser detectada. Y cuanto más tiempo pase en contacto con la piel, mayor será el riesgo de que transmita sus bacterias, que se moverán después a todo el organismo. De hecho, una mujer embarazada infectada puede transmitir la enfermedad al futuro bebé, y en teoría la enfermedad podría incluso transmitirse por una transfusión de sangre de una persona infectada (una perspectiva especialmente preocupante).

En este sentido, se sabe que la B. Burgdoferi s.s. puede sobrevivir 48 horas en sangre humana destinada a transfusiones, y unos investigadores han demostrado que un ratón sano que recibe sangre infectada de otro ratón también termina infectado.

Por tanto, la mejor prevención que existe hoy en día es protegerse contra las garrapatas cuando salga a pasear por el bosque o zonas de maleza, especialmente entre los meses de abril y septiembre (aunque las picaduras pueden producirse todo el año, puesto que las garrapatas también sobreviven a las bajas temperaturas).

De este modo, asegúrese de llevar vestimenta que cubra su cuerpo adecuadamente cuando trabaje en el jardín (por ejemplo, al cortar el césped) o salga a pasear por el campo o por el parque. Además, en el jardín de casa no conviene acumular hojas, ya que esos montones son muy apreciados por las garrapatas.

Para evitar que le piquen en el bosque, no se adentre en zonas frondosas y cubiertas de maleza con hierbas altas y hojas secas. Asimismo, camine por la parte central de los senderos, utilice ropa de manga larga y pantalones largos que le cubran todo el cuerpo y colóquese los calcetines por encima del pantalón para evitar que las garrapatas se le suban por las piernas. También resulta útil llevar ropa clara, que permite detectar más fácilmente las garrapatas.

Si tiene el pelo largo, mejor llévelo recogido. Y evite siempre tumbarse directamente sobre el suelo.

Asimismo, antes de salir a pasear puede aplicarse sobre la piel algún repelente. Los que poseen DEET (N,N-Dietil-meta-toluamida) resultan eficaces durante varias horas, pero se trata de productos tóxicos que no deben usarse en niños, mujeres embarazadas ni con frecuencia.

Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, algunos repelentes a base de methyl nonyl ketone o citronela son igualmente eficaces y no poseen los efectos secundarios del DEET.

También puede rociar su ropa con productos a base de permetrina, en especial los zapatos, los pantalones y los calcetines. E igualmente la mochila y la tienda de campaña, si es que va a pasar la noche en el campo.

Para una mayor precaución, es recomendable darse una ducha o un baño en las dos horas posteriores al paseo por el campo o la tarde en parque. Se trata de la ocasión perfecta para detectar una garrapata, con la oportunidad de eliminarla de forma natural gracias al jabón y al agua.

Asimismo, nunca vuelva a utilizar la ropa que haya utilizado para el paseo sin lavarla antes, pues en ella podría haber alguna garrapata adherida.

Revísese el cuerpo minuciosamente, utilizando incluso un espejo. Y si tiene niños pequeños en casa inspecciónelos con especial atención, sobre todo en la zona de las axilas, las orejas, el ombligo, las rodillas, las piernas y el pelo.

Las mascotas (perros y gatos) pueden tanto contraer la enfermedad de Lyme como transmitir las garrapatas a las personas. Por tanto, también debe examinarlos con cuidado al regreso a casa, como también la ropa y las mochilas que hayan usado. Se pueden matar las garrapatas metiendo la ropa y las mochilas directamente en la secadora a temperatura máxima y durante una hora.

Qué hacer si encuentra una garrapata en la piel

Si se encuentra una garrapata en su piel, no aplique ningún producto químico sobre ella. Con ayuda de unas pinzas estrechas o -mejor aún- una pinza especial para garrapatas de venta en farmacias, agárrela lo más cerca posible de la piel y tire de ella con suavidad -pero siempre con firmeza- hacia el exterior.

No gire ni zarandee la garrapata, ya que corre el riesgo de separar el cuerpo de la parte que se engancha a la piel. Si eso ocurre, trate de retirar la parte restante con las pinzas. En caso de no conseguirlo, aplíquese un antiséptico en la zona (alcohol, producto de yodo, etc.) y acuda al médico cuanto antes.

Lyme: silencioso e infradiagnosticado

La enfermedad de Lyme tiene todos los ingredientes para haberse convertido en un auténtico reto para la medicina moderna, y nos obliga a todos a estar muy alerta.

El primer peligro es que, por varias y distintas razones, es muy difícil que se diagnostique en su fase más temprana y, sin embargo, el diagnóstico precoz y su tratamiento inmediato son esenciales.

Si no se trata, la enfermedad de Lyme puede tener unas consecuencias gravísimas que además pueden pasar años hasta que se asocien a la picadura de la garrapata, pues los síntomas se confunden con los de otras enfermedades (neurológicas, neurodegenerativas, cardiovasculares, articulares, lupus, fibromialgia…).

En general, las enfermedades que transmiten las garrapatas al hombre han aumentado nada menos que un 300% en los últimos 20 años. Y aunque en España el lyme pasa bastante desapercibido, lo cierto es que su incidencia no para de crecer. De hecho, todo el norte está muy poblado por garrapatas (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Castilla y León y Cataluña), dado que las condiciones climáticas, la orografía y la mayor presencia de animales son las idóneas para su ciclo vital. No obstante, se han detectado por todo el país, incluida Andalucía. (2)

La misma tendencia es extrapolable al resto del mundo: la enfermedad de Lyme ha sido localizada en todos los continentes salvo la Antártida. Y hoy en día se calcula que la contraen unas 65.000 personas al año en Europa. Lo peor, sin embargo, es que muchas personas están infectadas y ni siquiera lo saben.

Los síntomas del Lyme

La infección puede ser silenciosa. De cada 100 personas que han sido picadas por una garrapata, 5 desarrollan anticuerpos. Asimismo, 1 de cada 10 de los picados con síntomas se convertirá en enfermo crónico.

La incubación dura por lo general entre 7 y 14 días, aunque puede oscilar entre 1 y 36. Unos días o semanas después de la mordedura de garrapata, en la piel puede aparecer una mancha roja con forma de anillo. Este enrojecimiento que tiende a extenderse a partir del punto central que constituye la picadura de la garrapata se denomina erythema migrans o eritema migrante (EM).

Es decir, que durante algo más de un mes hay que vigilar con atención la zona afectada para detectar la posible aparición de un eritema o alguna rojez sospechosa, para en ese caso iniciar un tratamiento con antibióticos.

Si no se receta ningún tratamiento, el EM dura unas semanas o unos meses hasta que acaba desapareciendo. En algunos casos, las manifestaciones cutáneas de la infección se acompañan de síntomas de tipo gripal, como fiebre, dolores articulares y musculares, dolores de cabeza, malestar, fatiga y rigidez en el cuello, pero sin los signos respiratorios de la gripe.

En ocasiones la aparición de una marca alrededor de la picadura inmediatamente después de que le haya picado la garrapata o en las primeras 24 horas después de la misma es consecuencia de una reacción a los compuestos salivales de la garrapata, sin que tenga nada que ver con el EM. Pero, en cualquier caso, ante la mínima duda mi recomendación es que acuda a consultarlo con el médico.

El desarrollo de la enfermedad de Lyme

También podrían aparecer nuevos síntomas varias semanas o meses más tarde, en ocasiones incluso hasta dos años después de la infección, ya que la enfermedad puede permanecer mucho tiempo en silencio, posiblemente porque el sistema inmunitario la contiene.

Cuando se manifiesta tanto tiempo después los pacientes sufren infinidad de trastornos nerviosos, musculares y articulares que producen desconcierto entre los médicos, y a veces incluso escepticismo.

Los síntomas varían según la clase de organismo infeccioso. Los dolores articulares tipo artritis son habituales con una infección de la B. Burgdorferi s.s., que se ven a menudo entre pacientes europeos. Son dolores intermitentes, con o sin inflamación articular, y las rodillas suelen verse afectadas. Estas artropatías pueden durar meses e incluso años.

Los signos neurológicos aparecen en cerca del 15% de los pacientes infectados. Los signos más habituales son meningitis, parálisis facial y radiculitis (inflamación de un nervio), pero también, aunque con menor frecuencia, mielitis, inflamación de los nervios craneales y encefalitis. Algunos de estos signos pueden prolongarse varios meses y producir secuelas.

Los signos cardiovasculares (palpitaciones, vértigos, dolores torácicos…) se han observado entre los pacientes infectados en Norteamérica, siendo en Europa poco habituales.

Los pacientes que llegan sin ser tratados a la tercera fase de la enfermedad sufren, como ya ha visto, artritis crónica, problemas neurológicos o una afección de la piel denominada acrodermatitis crónica atrófica que aparece sobre todo en las extremidades y que las mujeres padecen más que los hombres. Comienza como una coloración roja acompañada de inflamación y le sigue una atrofia progresiva en las zonas afectadas.

Ante la duda, acuda siempre al médico

En definitiva, cuando la enfermedad de Lyme no se detecta en los días siguientes a la picadura ni es tratada en su fase inicial con antibióticos, puede tener unas consecuencias muy graves: manifestaciones neurológicas (parálisis facial, meningitis…), manifestaciones reumatológicas con artritis inflamatoria, manifestaciones cardiovasculares, etc.

Y los enfermos suelen pasarse años sufriendo, deambulando de médico en médico, antes de ser diagnosticados por fin.

En defensa de los médicos que no aciertan con el diagnóstico hay que decir que el lyme “imita” -y muy bien- los síntomas de otras enfermedades (la poliartritis reumatoide, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, la fibromialgia, el lupus, las enfermedades neurodegenerativas…). De hecho, a esta dolencia también se la conoce como “la gran imitadora”.

Además, se acompaña de fatiga crónica, problemas de memoria y depresión, por lo que para muchos pacientes se convierte en un auténtico calvario, ya que al sufrimiento deben sumar a menudo la incomprensión de aquellos que les rodean (suele acabar cuestionándose su equilibrio psíquico).

Y a pesar de todo eso, como ya ha visto, es importantísimo que el médico realice un diagnóstico correcto lo antes posible y empezar el tratamiento también cuanto antes. Por eso lo mejor es que acuda al médico sin demora una vez que descubra que le ha picado una garrapata, especialmente si ha aparecido un eritema migrante en su piel.

Y si el profesional que le atienda tiene dudas, no espere a que la enfermedad vaya a peor; acuda a otro médico. En nuestro país la mayoría de hospitales disponen de servicios de enfermedades infecciosas, al tiempo que también existen asociaciones donde puede obtener información respecto a dónde acudir.