Estimado Lector,

Una vecina, Luisa, lleva meses sin salir prácticamente de casa. Sus hijos “no le dejan”, me cuenta cada vez que me acerco a visitarla.

Ellos viven y trabajan en otra ciudad. Así que, en las circunstancias actuales, apenas pueden venir a verla.

El otro día me dijo que no había podido apuntarse a sus habituales clases de gimnasia para mayores debido a la situación. “Nos pasaremos lo poco que nos queda de vida en una cárcel”, se lamentaba.

¿Cautela? ¿Sentido común? ¿Crueldad?

Mi pensamiento hoy está con las personas mayores de nuestro país.
Se les considera perfiles “de riesgo” y se les aconseja que se queden en casa. Pero ¿somos conscientes de que con ello se están exponiendo a otros peligros igual de graves?

Hablo de:

  • Aumento de peso, al que están especialmente expuestas las personas de entre 60 y 80 años y que aumenta el riesgo de sufrir diabetes e ictus.
  • Flebitis en las piernas, que se sabe que puede degenerar en una embolia pulmonar.
  • Trombosis venosas, que se da cuando las venas se bloquean con pequeños coágulos porque la sangre circula mal (en estos casos el riesgo de infarto se dispara).
  • Pérdida de masa muscular, un problema muy grave que incide en el deterioro del esqueleto, pero que también afecta a los niveles de proteínas que su cuerpo necesita. Además, a la larga la sarcopenia (la falta de músculo) ralentiza el funcionamiento de todos los órganos.
  • Problemas óseos. Acaba de verlo: no solo se pierde masa muscular, sino también ósea. De acuerdo con investigadores de la Universidad de Umeå, en Suecia, la inactividad física incrementa esa pérdida entre un 50 y un 80%. Puede imaginar el elevado riesgo de fracturas que ello supone. (1)

Y todo esto sin olvidar los riesgos psicológicos que derivan del aislamiento y la inactividad, los cuales empiezan a ser más que palpables en casos como el de mi vecina.

Se cuentan por miles.

Actividad sí, pero ¿de qué tipo?

Un estudio británico ha demostrado que la actividad física puede reducir el riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo en un 30%. (2)

Y los beneficios a nivel físico también son más que evidentes.

Ahora bien, no todo vale.

Si yo me pusiera aquí a hablarle de crossfit, de sentadillas y de burpees para “todos los públicos” sería un completo irresponsable.

Es cierto que cada vez más personas de una cierta edad están en una forma física absolutamente envidiable, pero por supuesto no todo el mundo es igual. Y una persona que lleva meses con movilidad reducida a causa de las restricciones por la pandemia no puede comenzar con unos ejercicios que, en vez de beneficiarla, podrían hasta ponerla en riesgo.

De hecho, es mucho más fácil de lo que parece sufrir desgarros en ligamentos, esguinces y dislocaciones. Y esa es, precisamente, una de las mejores formas de acabar en la sala de Urgencias de un hospital abarrotado (es decir, justo donde no debería estar y justo en el momento en el que lo más conveniente es que usted no enferme).

Eso, por no hablar del riesgo cardíaco. Y es que una actividad excesiva puede liberar una gran cantidad de adrenalina, hormona que en niveles demasiado altos puede resultar perjudicial para el corazón, causar arritmias cardíacas y disparar el riesgo cardiovascular.

En definitiva, lo que usted necesita es una actividad suave, progresiva y agradable de realizar, adaptada a su condición física y que pueda practicar en su propia casa.

Hace tiempo publicamos un vídeo en el que uno de nuestros expertos, el osteópata y quiromasajista Avelino Parcero, compartía con nuestros lectores un programa básico de ejercicios suaves para realizar cada día en casa en apenas unos minutos.

Si se lo perdió, aquí mismo puede verlo de forma gratuita. Encontrará todos los ejercicios perfectamente explicados, para que pueda realizarlos de manera correcta:

Confío en que le serán de gran ayuda.