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¿Sabe perdonar? Los 4 pasos necesarios del perdón

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Albergar emociones conflictivas daña en primer lugar a quien las experimenta. Y por eso saber perdonar es algo imprescindible para el cuidado de la salud emocional. Analizamos las fases clave del perdón.

Perdonar es liberar a un prisionero. Pero entonces descubres que el prisionero eras tú”.

Estas palabras pertenecen a la obra Lo mejor de mí, del experto en psicoterapia y maestro de meditación Fernando Sánchez Quintana.

En esta pequeña guía de conciencia y felicidad se proponen, entre muchas otras interesantes estrategias para el autoconocimiento y el desarrollo personal, los 4 pasos para el perdón que está a punto de ver.

Perdonar es cuidar de la propia salud

Quizá a estas alturas alguien se pregunte que qué tiene que ver el perdón con la salud.

En realidad, tiene que ver casi todo, como verá.

Y es que albergar emociones conflictivas daña primeramente a quien las tiene.

Por eso el que las sufre es -o debe ser- el primer interesado en que desaparezcan.

Y conviene empezar cuanto antes, ya que la mayoría de las personas poseen conflictos encerrados que, incluso sin ser conscientes de ello, afectan a su salud.

¿Guarda rencor a sus padres?

A menudo uno de los mayores rencores enterrados en el fondo del corazón es el proyectado hacia los padres.

Y es que es algo común sentir que se ha sufrido alguna carencia durante la infancia o a lo largo de la vida en general. Incluso si uno es perfectamente consciente de que sus progenitores hicieron todo lo que pudieron por él y le dieron lo mejor que tenían.

Así que, para empezar con el ejercicio del perdón, ¿por qué no se plantea las siguientes preguntas y anota las respuestas en un papel?

  • ¿Qué necesita perdonar de su padre?
  • ¿Y de su madre?
  • ¿A quién más tiene algo que perdonar?

Tómese el tiempo que necesite para responder, meditando bien y sopesando las respuestas.

Una vez tenga claro qué debe perdonar, continúe leyendo este e-mail para descubrir los 4 pasos que le guiarán en el proceso del perdón.

Los 4 pasos del perdón

  1. Exprese

Lo primero es registrar los hechos. Así que coja papel y bolígrafo describa la situación que supuso un agravio y necesita perdonar. Hágalo lo mejor que pueda, siempre bajo su propia percepción: qué y cuándo sucedió, con quién le ocurrió, quién más estaba presente…

Tómese entonces un segundo. Cierre los ojos y trate de evocar las sensaciones y emociones que sintió en aquel momento. Escríbalos también, dándose permiso para volver a sacar a la luz ese malestar de nuevo, si es que reaparece.

Figúrese que la persona implicada está delante de usted y verbalice en voz alta lo que le diría ahora mismo.

  1. Líbrese de los juicios de valor

Tome conciencia de la situación de esa otra persona, la autora del agravio.

Piense que en realidad usted no sabe qué situación le llevó, potencialmente, a actuar de ese modo. No tiene ni idea de qué circunstancias le influyeron.

E, incluso si sí las conoce, no sabe hasta qué punto le afectaban.

Está claro que eso no cambia lo que hizo, pero sí puede cambiar su propia perspectiva sobre lo ocurrido. Observe el suceso desde esa nueva óptica y escriba todo lo que le venga a la mente.

  1. Póngase en paz

Hay una cita de William Shakespeare que dice que “todo lo que sucede, conviene”. Es el clásico “todo pasa por algo” que hasta Vicente del Bosque, el seleccionador que llevó a España a ganar el Mundial de fútbol, recupera en los momentos de crisis.

Lo que conviene en este punto es evaluar si usted ha aprendido algo del hecho que ahora perdona. Es decir, si con la perspectiva que solo da el tiempo, saca algo positivo.

Y, ojo: esto importa incluso si el aprendizaje es simplemente una mejor comprensión del ser humano, de sus luchas, limitaciones y debilidades. Solo con eso ya habrá merecido la pena.

A continuación haga unas cuantas respiraciones profundas para relajarse y después imagínese sonriendo, así como a la otra persona también sonriendo frente a usted.

  1. Experimente el perdón

Si puede contactar con la persona en cuestión, hágalo.

Llámela, escríbale una carta o un e-mail y pregúntele cómo se encuentra.

Si en este momento no se ve con fuerzas, no se preocupe. El avance está ahí igualmente. Siempre puede volver a ello en unos días o semanas e intentarlo de nuevo.

Le aseguro que hacerlo le reconfortará enormemente.

De hecho, si una vez lo haga quiere compartir su experiencia con el resto de lectores, le animo a que deje un comentario contándola más abajo.

La salud emocional, una tarea pendiente

No es la primera vez que hablamos acerca del nefasto efecto sobre la salud que tienen las emociones negativas. En este texto en concreto dábamos varias claves para dejar atrás las emociones corrosivas.

Y en este otro conocerá hasta qué punto la actitud es capaz de cambiar la percepción de las cosas que nos suceden y cómo nos afectan.

Pues bien, debo reconocer que ambos textos tuvieron en su día mucho éxito. ¿Eso qué indica? Sin duda, que todavía queda mucho camino por recorrer en lo que a salud emocional respecta…


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