Bisfenol A, la última vuelta de tuerca

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La petición de revisión a la baja de los niveles máximos permitidos de bisfenol A, el compuesto con el que se elaboran muchos plásticos y relacionado con numerosos problemas de salud, vuelve a poner en tela de juicio la labor de las autoridades sanitarias a la hora de velar por la seguridad del ciudadano.

El bisfenol A (BPA), producto químico con el que se elaboran muchos plásticos, vuelve a estar de actualidad.

En este caso, en principio, se trata de una buena noticia: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha propuesto reevaluar la cantidad máxima diaria permitida de este compuesto.

Y se trata de una rebaja nada desdeñable, ¡de hasta 100.000 veces menos!

De este modo, si la propuesta finalmente se admite (de momento es un borrador que próximamente deberá ser aprobado por la Comisión Europea), la exposición máxima permitida pasaría a ser de 0,04 nanogramos por kilogramo de peso diario, en lugar de los 4 microgramos establecidos desde 2015.

¿Por qué ahora sí preocupa el bisfenol A?

Sin duda se trata de un llamativo cambio de parecer que sorprende aún más si tenemos en cuenta que el BPA es uno de los químicos más estudiados.

Así, desde hace décadas se sabe que es un disruptor endocrino (es decir, que afecta al sistema hormonal), lo que conlleva importantes daños en el sistema inmunitario, reproductivo y metabólico, además de aumentar el riesgo de cáncer hormonodependiente y afectar al desarrollo del cerebro en el caso de los bebés.

De hecho, esta última es la principal razón por la que desde 2010 está prohibido para la elaboración de biberones o de envases para alimentos infantiles.

Ahora bien, numerosos expertos llevan años alertando de que esto no es suficiente y que es necesario reducir los límites en general, ya que incluso en bajas concentraciones la exposición al bisfenol A afecta negativamente a la salud (y, ojo, porque los denominados “sustitutos del BPA”, creados expresamente para evitar sus riesgos, se ha demostrado que son aún peores que el original).

Y parece que los peritos de la EFSA por fin les han hecho caso, pero ¿por qué han tardado tanto?

La legislación sigue sin estar a la altura

Según esa agencia de la Unión Europea, la razón de este cambio se debe a que solo ahora han evaluado los estudios realizados entre 2013 y 2018, en los cuales se alertaba del riesgo del bisfenol A sobre el sistema inmunológico. 

Una explicación cuando menos chocante, sobre todo si se tiene en cuenta que investigaciones previas ya habían avisado del peligro de ese compuesto.

De hecho, las conclusiones de esos estudios llevaron a que en algunos países europeos se prohibiera su uso de manera unánime, pese a que la EFSA siguió asegurando que las concentraciones establecidas “son seguras para la salud”.

Ahora, años después, da la razón a los mismos científicos a los que antes había hecho oídos sordos.

Y por desgracia, este es solo un ejemplo más de cómo las instituciones y organismos encargados de velar por nuestra seguridad no siempre están a la altura de las circunstancias.

¿De quién puede fiarse?

Si no puede confiar en las autoridades que deben velar por su salud… ¿qué puede hacer usted?

En Salud, Nutrición y Bienestar (SNB) somos muy conscientes de los problemas ligados a los tóxicos (ante los que las autoridades no siempre toman las medidas adecuadas o lo hacen muy tarde) y nada nos frena para contarle la verdad. Porque nuestro objetivo es su salud.

Por ejemplo, en varias ocasiones hemos denunciado que aún no esté instaurado un plan de acción nacional para hacer frente al radón. Conocido como “asesino invisible”, este gas supone la segunda causa de cáncer de pulmón solo por detrás del tabaco. (Aquí puede leer más información al respecto).

Y también hemos criticado la tardía reacción de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la hora de reducir las concentraciones máximas de algunos contaminantes atmosféricos, en algunos casos ¡hasta 4 veces superiores a los niveles hasta entonces permitidos! (Pinche en este enlace para conocer los datos).

¿Cómo evitar el peligro de los contaminantes?

Como puede ver, no son pocas las sustancias tóxicas a las que estamos expuestos. Y en algunos casos en niveles alarmantes que, sin embargo, las autoridades siguen permitiendo bajo el amparo de que son supuestamente “seguras” para la salud humana.

Pero de vez en cuando esas autoridades reculan, como ocurrió con los contaminantes atmosféricos y la OMS, y está ocurriendo ahora con el bisfenol A y la EFSA.

El problema es que lo hacen después de un largo período de tiempo en el que la salud del ciudadano se ha visto dañada (en ocasiones, incluso años más tarde de que nosotros ya hubiéramos alertado sobre ese asunto).

Como comprenderá, esto es no es serio.

Y más aún cuando hablamos de tóxicos presentes en todas partes (en los alimentos que comemos, en el aire que respiramos, en los productos de limpieza que usamos e incluso en la ropa que vestimos).

De ahí que sea necesario conocerlos en profundidad para saber dónde están las mayores concentraciones, qué efectos tienen sobre la salud (ya sea a corto o a largo plazo) y qué medidas ayudan a prevenir los riesgos.

 


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