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La otra cara de San Valentín 💔

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Una reflexión sobre las “líneas rojas” de la vida en pareja y del amor. Y es que las cosas del corazón y las relaciones de pareja no siempre van tan bien como deberían…

¡Feliz San Valentín!

Sé que a priori puede parecer que la celebración de este día poco tiene que ver con la salud, pero no es así en absoluto. Ahora verá.

Resulta que, más allá de uno mismo, el elegido por el corazón es la primera persona que se preocupa por la salud de uno (y más aún a partir de ciertas edades).

Además, en el caso de que enfermemos, sin duda la pareja es la primera que está ahí para ayudarnos (¡y viceversa, por supuesto!).

Así que, ¿qué hacer para favorecer el entendimiento y conseguir que una relación se mantenga sana, fuerte y sobre todo dichosa con el tiempo?

Desde luego la respuesta no es sencilla. No hay fórmulas mágicas. No obstante, sí hay una clave que me gustaría convertir hoy en mensaje clave para los enamorados más jóvenes: “Nunca se debe estar con alguien que nos devalúa”.

Huir de la soledad

A la mayoría de las personas la soledad les da miedo y les duele. Quien diga lo contrario, miente.

Ese es el motivo por el que muchos buscan tener pareja a toda costa. Sienten que les falta cariño, fantasean con las alegrías de la vida en pareja y se autoconvencen de que estarían mejor acompañados.

Sin embargo, esto no es necesariamente así. ¡Ni mucho menos!

Encontrar el amor, de hecho, es más complicado de lo que parece.

Cada persona tiene sus cualidades y sus defectos y siempre hay que hacer concesiones para que el bienestar común prevalezca.

En este sentido resulta demasiado fácil colocar el “cursor” en el punto equivocad; es decir, hacer demasiadas concesiones o, por el contrario, no las suficientes.

Ahora bien, creo que no me equivoco si digo que por lo general las personas que terminan siendo más infelices son aquellas que han hecho más concesiones de las que deberían.

En particular, bajo mi punto de vista se perdona con demasiada facilidad que la pareja ya no nos ame, que ya no nos dese, y eso es algo terrible.

Cuando las cosas del corazón no van tan bien

¿Hasta qué punto debemos aceptar las faltas, los “abusos” y los cambios de humor que sufre todo ser humano?

Cualquiera puede terminar tolerando en el otro un poco -o un mucho, según el caso- de lo que se conocen como los “7 pecados capitales”:

  • La pereza (la desidia por la vida en común).
  • La ira (las discusiones, incluso que cueste más de lo normal entrar en razón).
  • La envidia (los celos).
  • La avaricia (el egoísmo, el ponerse por delante del otro).
  • La gula (lo que incluye ese día con dos copas de más).
  • El orgullo (la vanidad).
  • La lujuria (el engaño, la infidelidad…).

Pero, ojo: no solo los toleramos. Lo cierto que es que nadie está completamente libre de sucumbir a ellos, de ser víctima de una debilidad en un momento dado.

Es humano.

Pero lo que también es cierto -y seguramente esto no sea un secreto para usted a estas alturas- es que el amor puede perdonar y sobrevivir a muchas cosas. A muchísimas.

La auténtica línea roja, infranqueable, es que la persona con la que compartimos un proyecto de vida disfrute menospreciándonos, humillándonos.

Que incluso se crezca cuando a nosotros algo nos hunde.

Ese comportamiento es simplemente incompatible con la pareja. Es lo opuesto al concepto propio del amor, que se basa en desear y procurar el bien al otro.

Un engranaje infernal

Pese a su gravedad, esta situación no es infrecuente.

De hecho, muchas veces ese mecanismo perverso de dominación se pone en marcha justo en el momento en el que la pareja se conoce; desde el primer acercamiento.

Uno de los miembros encuentra en la culpa del otro su punto débil, su talón de Aquiles, y lo utiliza para guiarlo a su antojo.

Ahí comienza el caso típico de relación “tóxica”, como hoy se conocen, donde por sutil que sea existe una dominación a través de una especie de humillación perpetua.

En estos casos la víctima va devaluándose cada vez más, e incluso llega a agradecer al otro el poder tener una relación porque, si no, ¿quién la iba a querer?

¿Le suena? Por supuesto que sí. Lamentablemente todos hemos visto un caso similar más o menos cerca; en amigos, en amigos de amigos, en familiares…

Es, simplemente, una trampa terrible que se cierne sobre el bienestar emocional de demasiadas personas en nuestros días.

Pues déjeme que lo diga bien claro: el amor va SIEMPRE de la mano de la admiración y el respeto; acompañado de palabras y acciones que fortalecen a ambos miembros de la pareja, y nunca al revés.

La persona que de verdad ama encuentra al otro simplemente genial. Y aunque no se lo diga a diario, encuentra formas de hacérselo saber.

Por eso, si uno no se siente valorado u honrado por su pareja, debe permanecer alerta. Quizá el amor se haya acabado.

Si encima le controla y le domina, eso simplemente no es amor.

Y, por mucho que cueste creerlo, realmente cualquiera estaría mejor soltero que en una relación de este tipo.

Actúe con urgencia

Lo que hoy le pido es que, si conoce a alguien en esta situación, le haga llegar cuanto antes este mensaje reenviandole este artículo.

No tenga miedo de “estropear” su Día de San Valentín.

Al contrario, seguramente sea el mejor regalo que pueda recibir un día como este; un empujón liberador que probablemente le abra las puertas a una nueva vida (lo que ahora mismo tanto necesita).

Si por el contrario lo que tiene una vez llegado aquí son dudas respecto a su propia relación de pareja, quizá le ayude realizar este test muy rápido sobre cómo afecta su relación de pareja a su salud. ¡Creo que va a serle de gran ayuda!


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