El otoño y la “muerte” de la Naturaleza

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Muchos asocian el otoño con tristeza y melancolía. Sin embargo, si emulamos a la Naturaleza lo aprovecharemos para dejar ir lo que sobra.

El otoño nos da unos aprendizajes vitales enormes

Cuando uno quiere percibirlos y escucharlos, los mensajes y lecciones que nos lanzan la Naturaleza y el propio Universo son, simplemente, deslumbrantes.

Así, no es difícil intuir el sentido de todas las cosas como parte de un engranaje perfecto, muy superior a nosotros, que funciona sin descanso día tras día, con el sol saliendo por el Este y poniéndose por el Oeste una y otra vez, incesante, en un ciclo infinito.

Ahora bien, ¿qué fuerza superior es la que lo mueve todo? ¿Cómo la llamamos?

Eso sin duda pertenece a la esfera espiritual de cada uno, la cual hay que cultivar y cuidar como se merece.

Y más todavía en un momento como este, en pleno otoño y en una fecha tan señalada como Todos los Santos.

Y es que este es un momento en el que para muchos se abre una conexión especial con los que ya no están, con lo que nos ha dejado, con la idea del más allá e incluso con el sentido mismo de la propia vida.

El otoño, la “muerte” de la Naturaleza

Por regla general, el otoño es una estación que muchos asocian a la tristeza y a la melancolía. De hecho, muchas personas aseguran que les deprime en cierta medida.

Quizá el problema es que no sepan ver lo bueno que posee eso mismo que les sucede.

Veamos.

En realidad, el otoño lo que hace es invitar a la reflexión y al desapego.

Basta con echar una ojeada al entorno para darse cuenta de que la Naturaleza aprovecha este momento para desprenderse de aquello que no necesita, que se muere.

Y, haciendo una mímesis, en este momento del año a nosotros también nos toca “soltar” todo aquello que ya no nos sirve.

¿Qué es lo que sucede? Que en el mundo en el que vivimos para muchos supone un problema pararse a pensar, a reflexionar e incluso a ser un poco críticos consigo mismos a fin de reconstruirse en una versión mejorada.

Afortunadamente, también son muchas las personas que aprovechan el declive propio de estos meses, los últimos del año, para detectar todo aquello que no funciona, que no va como debería… y dejarlo morir cuando toca.

Y, asimismo, como la propia Naturaleza hace, con el nuevo despertar de la luz tras el solsticio de invierno, con el renacer de la vida que poco a poco comienza a dar sus primeros pasos, se plantean lo que todos conocemos como “propósitos de año nuevo”.

No es casualidad, por supuesto, que tantas religiones, tradiciones y filosofías del mundo recojan en ese momento del año, el solsticio invernal, las ideas de muerte y resurrección, así como celebraciones que honran el concepto del “renacer”.

Son, precisamente, símbolo del revivir de la propia vida que brota de nuevo en primavera, tras una fase de letargo y “muerte” de todo aquello que es necesario dejar atrás.

¡Hasta etimológicamente muchos de los nombres que otros idiomas dan al otoño reflejan esta idea!

Por ejemplo, el euskera, en el que “udazken” proviene de un término que significa “último, final”. Y el inglés, cuyo “the fall”, como también se conoce a esta estación, significa literalmente “caída”.

Sintonícese con la Naturaleza este otoño

Como hemos visto, el otoño es el momento de verse y escucharse a uno mismo, mimetizándose con el entorno que nos rodea, y de dejar fluir todo aquello condenado a desaparecer.

La oscuridad de la noche gana terreno a la luz del día, el frío al calor y, de forma natural, el cuerpo puede pedirnos recogimiento, descanso y calma en la tranquilidad del hogar.

Es algo que, hasta los más viejos tratados médicos, escritos siglos e incluso milenios atrás, recogen en sus páginas.

Por ejemplo, en los volúmenes antiguos de medicina y filosofía chinas, donde el otoño se considera una estación de energía Yin; es decir, en el que tendemos hacia lo receptivo, la intuición y la interiorización.

E incluso a nivel nutritivo en este momento del año se recomiendan alimentos específicos, de los cuales además la Naturaleza nos provee sabiamente estos meses.

Hablamos de platos cocinados (frente a las ensaladas típicas del verano, entre otros) más digeribles y algo más calóricos, como por ejemplo los purés de calabaza y los potajes de legumbres. Pero también -y sobre todo- de alimentos muy nutritivos (como son las setas, por mencionar uno).

Sin embargo, podría parecer que la mayoría de la población hoy pasa por las estaciones sin apenas percibir cambios, y mucho menos sin adaptarse a ellas.

  • El acelerado ritmo de vida, cargado de estrés y en el que la gente corre como pollo sin cabeza hacia el trabajo, la compra, compromisos…
  • Las estanterías de muchos grandes supermercados, en los que a lo largo de todo el año vemos exactamente la misma fruta y verdura, sin importar qué época sea…
  • Las calefacciones y aires acondicionados, que realmente cercenan nuestra capacidad natural de adaptación al ritmo de cambio de las estaciones…

… son solo 3 de los factores que favorecen esa desconexión con los ritmos naturales del entorno, también a nivel emocional.

Por eso, frente a todo ello yo quiero reivindicar aquí el otoño como momento de reflexión y de intuición, en el que es bueno pararse -a veces incluso frenar en seco- para escuchar todo aquello que debemos dejar ir.

Para inspirarse, nada mejor que un buen paseo por el bosque (ya sea un hayedo, un castañar…) y dedicarse durante un rato a la simple respiración, a la observación y a estar presente, descodificando las emociones que le traslade la Naturaleza.

Y un consejo extra: aunque la estampa típica de puesta de sol en verano, al lado del mar, nos obnubile, en realidad los atardeceres durante el otoño no solo pueden ser incluso más hermosos, sino que también son más largos.

Quizá suene idealista pero ¿y si fuese otra casualidad que nos brinda la Madre Natura para conducirnos a la introspección a través de su festival de cielos rojizos?

Por eso le animamos a disfrutar hoy mismo la puesta de sol, si puede hacerlo, mientras se acuerda de estas palabras que acaba de leer. ¡Ya nos contará a qué lugar le llevan sus pensamientos!


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