Todos nos hemos visto alguna vez sobrecogidos por noticias acerca de personas mayores que dejan este mundo sin que nadie las eche en falta. No hace mucho, por ejemplo, los medios de comunicación se hicieron eco del caso de una mujer encontrada en su domicilio de Vitoria ocho años después de haber muerto allí mismo, sola. Se llamaba Nadejda y este año hubiera cumplido 65 años.

Nadie notó su ausencia en todo ese tiempo. Ni vecinos, ni familiares.

Este es solo uno de muchos casos en los que una epidemia silenciosa, la soledad, muestra su peor cara, pero lo cierto es que lo hace cada vez con más frecuencia.

Y el hecho de que a muchas personas les cueste admitir que se sienten solas no hace más que acrecentar el problema.
Un “Ministerio de la Soledad”
El gobierno del Reino Unido, de hecho, decidió este mismo año crear una especie de “Ministerio de la Soledad” tras recibir un informe que contenía un dato aterrador: alrededor de 200.000 británicos confesaban no haber hablado con nadie durante meses. Es obvio que se trata de un gran número de personas, aunque esta cifra es solo la antesala de otra mucho más llamativa: la de los más de 9 millones de adultos que afirman sentirse solos en dicho país. (1)

En España las cosas no son muy distintas: más de 4,5 millones de personas (es decir, una de cada 10; el 8% de la población) se sienten solas. Entre los más afectados están las personas mayores y las que viven solas (que son cada vez más). (2) (3)

Las autoridades del Reino Unido decidieron reflexionar sobre las medidas que podían tomar para intentar atajar este problema, y no solo pensando en las personas mayores. Algunas de esas propuestas comienzan ahora a concretarse.

Una de estas estrategias, que sin embargo no estará vigente hasta el año 2023, es la de que los médicos puedan hacer “recetas sociales”. Es decir, recomendar actividades en las que prime la interacción social, como clases de cocina, senderismo en grupo o clubes de arte.

La idea es que estas personas no permanezcan aisladas ni tomen medicación para intentar “salir del bache”. Otra de las medidas previstas es la de firmar un convenio con el Servicio Postal para que los carteros estén pendientes de quienes puedan necesitar ayuda. (4)

Otras propuestas estarían más enfocadas a visibilizar y a concienciar a la sociedad sobre esta lacra. Y es que, además de provocar tristeza y depresión, el aislamiento social es tan perjudicial para la salud como lo es, por ejemplo, fumar 15 cigarrillos al día. Y, por si eso fuera poco, también se sabe que incrementa hasta en un 30% el riesgo de padecer cardiopatías isquémicas o ictus, así como el de desarrollar demencia y alzhéimer. (5) (6) (7)

Así, las personas que se sienten solas tienen un alto riesgo de sufrir alguna enfermedad grave. No es de extrañar entonces que esta dolencia comience a ser considerada por algunos países un asunto de Estado, ya que provoca un elevado número de muertes.
La mejor receta: buenas relaciones sociales
Si bien es cierto que los responsables políticos deben asumir el problema y hacerle frente, creo que es una pena que tengamos que llegar hasta el punto de crear una secretaría de Estado para la soledad cuando… ¡todos podemos hacer algo para mejorar la situación!

Es lo que mantienen en la Jo Cox Commission on Loneliness, que sigue las recomendaciones de la diputada británica Jo Cox para intentar paliar esta epidemia. Cox, que fue asesinada a tiros en 2016 por un simpatizante neonazi, había experimentado la soledad en su propia piel en su época universitaria.

Además, dejó muy claro su rechazo a esta situación en la que “miles de personas viven vidas solitarias olvidadas por nosotros, los demás”. Siguiendo sus ideales, la Comisión ha puesto en marcha acciones concretas que ponen el foco en el mayor remedio para acabar con la soledad: las relaciones sociales. (1)

Y es que el ser humano es un “mamífero social” que requiere de estas interacciones para mantenerse sano tanto física como mentalmente. De hecho, se sabe que el aislamiento social es un factor estresante psicológico grave que afecta a una serie de funciones conductuales y fisiológicas en las especies con tendencia a agruparse, como la humana. En este sentido, los efectos positivos de la interacción social en las respuestas fisiológicas y de comportamiento frente al estrés han sido demostrados. (8)

Algunas de las acciones que ya se han llevado a cabo desde la Jo Cox Commission on Loneliness con resultados muy optimistas incluyen sesiones de juegos, comidas populares o el cuidado directo (con la participación de diferentes ONG) de personas en riesgo de exclusión social.

¿Un mundo conectado?

La mala comunicación, el aislamiento y la falta de compañía están entre las principales ideas que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en la soledad. Por ello, no deja de ser paradójico que en un mundo supuestamente hiperconectado la gente se sienta sola. Las relaciones sociales se perciben cada vez más como superficiales e impersonales, se tiene menos tiempo, se hacen menos cosas en común y se va perdiendo ese sentimiento de pertenencia a un grupo o a una comunidad. (3)

Así que esta realidad difiere mucho de lo que yo creo que es una sociedad realmente conectada: aquella en la que todas las personas son capaces de mantener una buena relación con los demás. La epidemia de la soledad no llegará a su fin hasta que todos reconozcamos el importante papel que tenemos en su erradicación.

En nuestras manos está hacer un mundo mejor

Las medidas actuales para prevenir la soledad no parecen tener la capacidad de acabar con esta dolencia. A las políticas sociales de inclusión e igualdad y a los programas de acompañamiento a personas solas se unen otras muchas iniciativas (centros de día, residencias, servicios de teleasistencia, ONG, el Teléfono de la Esperanza…), ¡pero tantas y tantas personas siguen sintiéndose solas…!

Entonces, ¿qué se puede hacer para cambiar la situación?

Qué tal si empezamos por abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor. Llamar o escribir a ese familiar lejano del que hace tanto que no sabemos nada, dedicar unos minutos a hablar con ese vecino mayor que sabemos que vive solo, cruzar unas palabras, o incluso basta una sonrisa, con ese anciano sentado solo en el banco… Cada pequeño gesto, multiplicado por millones, contribuirá a hacer que nuestra sociedad sea un poco más humana.

Si se hiciesen estas cosas, quizá entonces a Nadejda la hubieran echado enseguida de menos.

Además, pregúntese con frecuencia sobre el estado actual de sus relaciones sociales (¿son frecuentes?, ¿y satisfactorias?).

Y, aunque sentirse acompañados es el mejor remedio para disfrutar de una vida saludable, también hay que tener en cuenta otros factores. Entre ellos están el seguir una buena alimentación, realizar ejercicio físico y tener motivaciones.

Pero, además: salga de casa (¿necesita una excusa?, ¡adopte un perro, que además le profesará un cariño incondicional!), muévase, realice alguna actividad creativa (¿qué tal un curso de jardinería?, ¿y unirse a un grupo de senderismo?).

Pruebe a seguir estas recomendaciones sin olvidar que la salud emocional no puede separarse de la salud física y que, en muchos aspectos, un modo de vida sano le hará mucho más feliz. Anímese a luchar contra el aislamiento: dé un paso adelante para que la soledad dé uno hacia atrás.