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Falta o exceso de tiempo libre: estos son los trastornos de salud que pueden surgir

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Tanto si se dispone de poco o de mucho tiempo libre (por ejemplo, si ya está jubilado, en el paro…) es importante que sepa cómo gestionarlo para evitar algunos de los problemas de salud asociados (ojo, ¡también a su exceso!): estrés, ansiedad, depresión, etc. Le damos las claves para conseguirlo.

Vivimos en una sociedad acelerada y exigente.

Desde que nos levantamos de la cama hasta que volvemos a acostarnos todo son prisas: llegar a tiempo al trabajo, recoger a los hijos o a los nietos del cole, hacer la compra y otras gestiones del día a día, realizar las tareas domésticas…

A estas alturas ya nadie duda de las graves consecuencias que ese ritmo frenético tiene para nuestra salud y estado de ánimo: estrés, ansiedad, fatiga, depresión, trastornos del sueño, etc.

Además, todo esto deja muy poco tiempo libre para el ocio y para “disfrutar de la vida”.

Quién no se ha dicho a sí mismo alguna vez: “¡Ojalá tuviera más tiempo libre! Haría muchas más cosas que me interesan”. Incluso es probable que piense que, si tuviera más tiempo para usted, su salud mejoraría porque podría hacer más ejercicio, cuidarse más, etc.

Pues bien, lo que está a punto de descubrir puede que rompa sus esquemas…

¿Qué sucede cuando se tiene demasiado tiempo libre?

Unos investigadores quisieron determinar cuánto debe durar el tiempo de ocio para que, en lugar de ansiedad, estrés o incluso depresión -cuando es demasiado escaso-, al final del día solo conlleve bienestar. (1)

Para ello contaron con 6.000 participantes que dividieron en 3 grupos y les pidieron que se visualizasen a sí mismos teniendo durante 6 meses una cantidad de tiempo libre fijo al día: 15 minutos para los del primer grupo, 3 horas y media para los del segundo y 7 horas para los del tercero. Además, debían indicar cuál sería su grado de felicidad y satisfacción en cada caso.

Al final del experimento solo los del segundo grupo afirmaron que sentirían bienestar, ya que consideraban que 3 horas y media dedicadas al ocio eran más que suficientes. Por el contrario, los que solo tenían 15 minutos señalaron que se sentirían demasiado estresados por disponer de tan poco tiempo libre, mientras que los del tercer grupo dijeron que con esas 7 horas libres sentirían también que “estaban siendo menos productivos”, lo que les provocaba cierta ansiedad.

Es probable que esté pensando que las conclusiones de este estudio no tienen nada de sorprendente, ya que la diferencia entre 15 minutos y 7 horas de tiempo libre es, simplemente, abismal.

Con lo que debe quedarse es que esa investigación permitió determinar la cantidad de tiempo libre que interesa tener para poder obtener un mayor bienestar. Y esta oscila entre las 2 y las 5 horas diarias.

Aunque hubo otro dato aún más importante que establecieron esos mismos investigadores: 

No vale cualquier actividad

En otro experimento de ese mismo estudio se pidió a los participantes que visualizasen que contaban con 3 horas y media o con 7 de tiempo libre al día. Pero además debían indicar cómo se sentirían si esas horas las dedicaban a actividades de tipo “productivas” (por ejemplo, hacer ejercicio físico o practicar el pasatiempo que más les gusta) o “improductivas” (es decir, que no tienen un objetivo concreto, como ver la televisión o consultar las redes sociales).

Pues bien, en esta ocasión el bienestar no dependió tanto de la duración del tiempo libre, sino del tipo de actividad que se realizase.

De este modo, los investigadores concluyeron que con las actividades productivas siempre se experimenta bienestar. Incluso si se supera el límite de las 5 horas, el máximo recomendado.

Cuando el tiempo libre pasa a ser la nueva rutina

Hay ciertas ocasiones en las que el tiempo libre pasa de ocupar solo unas horas a convertirse en la tónica general del día. Así ocurre, por ejemplo, en la jubilación, en una baja prolongada, en caso de desempleo…

Dependiendo de la situación personal y perspectiva de cada uno, esa falta de obligaciones y de planes -e incluso de motivaciones- pueden hacer que la persona casi desee una vida más estresante, más emocionante.

¿Qué hacer entonces?

Aunque resulte difícil, la clave es saber adaptarse a ese nuevo contexto. Aprovechar sus circunstancias, incluso si estas no son muy halagüeñas.

Por ejemplo, hay personas que, al perder su trabajo, en lugar de dejarse llevar por la desesperanza, dedican un tiempo a viajar o a hacer por fin esas actividades que, por falta de tiempo, siempre habían tenido que posponer. Y algunas de ellas, además, repercuten favorablemente en su salud, como ocurre a quienes deciden empezar a hacer ejercicio o incluso apuntarse al gimnasio.

También hay quienes invierten ese tiempo pensando en su futuro profesional: se inscriben en cursos de idiomas para aumentar sus expectativas laborales u optan por reinventarse y dar un giro de 180 grados a su carrera profesional (y de paso a su vida).

O que directamente aprovechan para descansar un poco y tomarse la situación con filosofía.

Y todo esto también ocurre con los jubilados.

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Cómo afrontar la jubilación con ánimos renovados

Muchas personas, al jubilarse, pueden experimentar cierta sensación de vacío. Ya sea nada más retirarse o tras un tiempo en el que primero ha reinado la euforia, a veces la aplastante rutina acaba imponiéndose y deja a la persona con una sensación de desasosiego difícil de calmar.

En ocasiones esa nueva situación hace que piensen que han llegado a un punto de su vida en el que ya no tienen nada más que ofrecer. En el que solo queda dejar que los días pasen, todos exactamente iguales, sin que nada les motive.

Incluso algunos empiezan a salir cada vez menos, encerrándose en sí mismos.

En estos casos, además, junto a los problemas de salud mental (ansiedad, depresión…) aparecen otros asociados al sedentarismo que pueden comprometer seriamente la salud. De hecho, estos dos factores están íntimamente relacionados, como puede leer en esta noticia.

Si usted se identifica con esta situación, le pido que intente cambiar de perspectiva. Y es que da igual que se tengan 20, 40 u 80 años, ¡nunca es tarde para descubrir cosas nuevas!

Además, a medida que pasan los años es bueno realizar actividades estimulantes para retrasar el deterioro cognitivo propio de la edad. (2)

Y entre esas actividades cabe absolutamente todo:

  • Realizar crucigramas, sudokus
  • Aprender un nuevo idioma o a tocar un instrumento.
  • Apuntarse a clases de baile (¡una práctica excepcional para el cuerpo y la mente!; aquí puede leer más al respecto).
  • Cultivar su propio huerto, lo cual ofrece más beneficios para su salud de lo que imagina (descúbralos pinchando en este enlace).
  • Inscribirse en asociaciones de personas que compartan intereses comunes, en grupos de voluntariado…

Es usted quien pone el límite a lo que quiera hacer, pues ya no existe el problema de la falta de tiempo. ¡Ahora tiene todo el del mundo!

Así que ya lo sabe: sea cual sea el tiempo libre del que disponga, intente disfrutarlo al máximo. Eso sí, recuerde que la clave para que este mejore su bienestar es realizar actividades productivas como las que acaba de ver.

Por último, le invito a compartir este texto para que llegue a la mayor cantidad de gente posible. Seguimos inmersos en una pandemia en la que los problemas de salud mental no dejan de crecer (ansiedad, miedo, depresión…), por lo que es necesario contar con las herramientas adecuadas para hacerles frente.

Fuentes

  1. Sharif, M. A., Mogilner, C., and Hershfield, H. E. “Having too little or too much time is linked to lower subjective well-being”. Journal of Personality and Social Psychology. 2021.
  2. Mika Kivimäki, Keenan A Walker, Jaana Pentti et al.: “Cognitive stimulation in the workplace, plasma proteins, and risk of dementia: three analyses of population cohort studies”. BMJ 2021.

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