Ahora que ha llegado el buen tiempo y apetece más hacer actividades al aire libre, he aprovechado estos días para cuidar de mi huerto. En él intento plantar la mayor variedad posible de frutas y verduras de temporada, pues es la mejor manera de asegurarse de su calidad.

Así también me aseguro de contar con una buena reserva de algunas especias o hierbas medicinales muy útiles en la cocina (romero, laurel, tomillo, entre muchas otras), y por supuesto muy beneficiosas para la salud.

Pero, además, cultivar plantas, hierbas medicinales y hortalizas ofrece otros beneficios

Cuidar de un pequeño huerto en el jardín o en un espacio urbano destinado a ello, o incluso cultivar unas cuantas plantas en una terraza o balcón, reporta numerosos beneficios para la salud. Y es que más allá de comer lo que uno mismo cultiva, ocuparse de un pequeño huerto favorece una serie de cambios en el estilo de vida que repercuten muy positivamente en la salud.

Esto es lo que concluyó la investigación del INRA (el Instituto Nacional de la Investigación Agronómica de Francia) a raíz del estudio de una experiencia de agricultura urbana. (1)

Sus resultados son hasta tal punto incontestables que incluso los médicos se han rendido a la evidencia. Lo que era impensable hace tan solo unos años, hoy es un hecho: la salud pasa por las plantas… ¡palabra de médico!

Pero, ¿qué hábitos cambian al ocuparse de un huerto?

Trabajar en el huerto y cultivar plantas, vegetales y hortalizas propias hace aumentar en más de un 70% el consumo de fruta y verdura. ¡Es una cifra de escándalo, que ya querrían alcanzar muchas campañas de sensibilización sobre nutrición!

Pero lo mejor es que no solo se debe a que los horticultores consumen los productos de sus propios cultivos, sino también a que compran mayor cantidad de fruta y verdura en el mercado. ¡Es como si la proximidad del mundo vegetal trasmitiese “por contacto” valores acerca de qué resulta mejor para la salud! Y eso no es todo.

Cuidar de un huerto requiere una actividad física suave pero constante, lo que sin duda ayuda a mantenerse en forma. Y, mejor aún, es una actividad que se realiza al aire libre, por lo que permite beneficiarse de muchos valores añadidos: captación de vitamina D gracias a la exposición solar, una mejor regeneración de las células frente a la oxidación…

La experiencia ha demostrado, además, que la práctica de la horticultura permite a las personas reforzar su autoestima. Y es que este hobby ofrece la posibilidad de vivir experiencias compartidas de gran calidad. En los huertos urbanos, por ejemplo, en los que las parcelas son pequeñas (se exige una capacidad de trabajo muy asumible casi para cualquier condición física), se puede trabajar mientras se mantiene una charla con el vecino. Y también se pueden compartir turnos de riego e intercambiar herramientas, semillas…

Los beneficios de las iniciativas de este tipo para la cohesión social y para el estrechamiento de vínculos entre los miembros de una comunidad han sido demostrados por un equipo de investigadores de Melbourne (Australia). (2)

Pero además estar con las botas puestas y las manos en la tierra, cosechando el romero que uno mismo ha cultivado, genera mayor bienestar que ocupar el tiempo de ocio en actividades pasivas y solitarias como pasar las horas frente a la televisión o el ordenador. Y es especialmente positivo como contrapunto a un rígido trabajo de oficina.

Asimismo, el hecho de poder compartir con familiares y amigos nuestra propia fruta y verdura, de nuestra propia cosecha, es un sano motivo de orgullo para cualquier horticultor. Al igual que lo es preparar comidas, postres, confituras y remedios con los productos que hemos visto crecer, hemos cuidado y hemos cosechado con nuestras propias manos. ¡Más saludable, imposible!

Cuidar del medioambiente: otro motivo para cultivar un huerto urbano

Los huertos urbanos, por pequeños que sean, son nuevas áreas verdes que proporcionan un refugio frente al deterioro urbano y el impacto del cemento, el ladrillo y el asfalto (en fenómenos como la acumulación de calor en verano, por ejemplo). (3)

Del mismo modo, revitalizan los barrios al mejorar la percepción de los mismos y las relaciones entre vecinos, pero es que además cultivar un huerto urbano también ayuda a reciclar más, ya que los residuos orgánicos domésticos pueden convertirse en abono (es lo que se denomina compostaje) de proximidad y gran calidad.

Es decir, que se trata de una gestión de los residuos biodegradables doblemente beneficiosa: por un lado reduce el impacto ambiental provocado por el transporte de basura y, por el otro, permite evitar la fabricación y el uso de otros fertilizantes, con frecuencia tóxicos.

Elija el sitio adecuado para su huerto

Es importante evaluar la ubicación del huerto urbano y, sobre todo, los niveles de contaminación a los que esté expuesto. Y es que el terreno podría albergar contaminantes y elementos potencialmente tóxicos, como derivados del petróleo y metales pesados como plomo, pesticidas y productos químicos industriales, por ejemplo.

Eso es lo que sucede en terrenos de cultivo próximos a áreas industriales, carreteras muy transitadas y vertederos de basura, que es más común de lo que podría pensarse.

Una vez elegido el sitio adecuado, son muchos los beneficios para la salud que va a reportarle cuidar de su propio huerto, más allá de los relacionados con la alimentación, como ya ha visto.

Y ahora que conoce todo lo que esta actividad puede hacer por usted, ¿se anima a cultivar su propio huerto? ¿Ya tiene una parcela comunal donde planta sus verduras y hortalizas? Me encantaría conocer su opinión y que la compartiera con el resto de lectores de Tener S@lud.

Fuentes:

  1. Damien Coulomb. “Jardiner fait mieux qu’un cours de sensibilisation ou qu’un logo nutritionnel sur le bien manger”. Le Quotidien du Médecin. Juin, 2017.
  2. Jonathan ‘Yotti’ Kingsley & Mardie Townsend (2006) “‘Dig In’ to Social Capital: Community Gardens as Mechanisms for Growing Urban Social Connectedness”. Urban Policy and Research, 24:4, 525-537, DOI: 10.1080/08111140601035200.
  3. Poulsen, M. N., Hulland, K. R., Gulas, C. A., Pham, H., Dalglish, S. L., Wilkinson, R. K. and Winch, P. J. (2014), Growing an Urban Oasis: A Qualitative Study of the Perceived Benefits of Community Gardening in Baltimore, Maryland. CAFÉ, 36: 69-82. doi:10.1111/cuag.12035.