Además de lo que sigue ofreciendo el huerto, los meses de otoño son un momento ideal para cosechar y consumir muchas plantas silvestres. ¡Incluso alguna que otra “mala hierba”!

Mi mujer siempre me reprocha que en Tener S@lud no hablo demasiado de él, pero lo cierto es que nuestro pequeño huerto ecológico es una de las mayores alegrías de mi vida.

Los cultivos orgánicos que cosechamos juntos son una garantía real de que lo que va en nuestros platos (y, por tanto, que llega a nuestro organismo) es realmente saludable.

Solo quien cultiva sus propias hortalizas y verduras bio sabe cómo de placentero es recoger un fruto y comerlo de inmediato. ¡El sabor y la textura que tienen…! Y eso por no hablar de su contenido en antioxidantes, vitaminas y minerales, que no se pierden debido a la oxidación.

Hoy mismo hemos preparado para comer una deliciosa ensalada con unos fantásticos tomates recién cosechados (a la derecha puede ver uno de los últimos colgando de la tomatera; ¡la planta llevaba dando frutos sin parar desde mediados de agosto!).

La piel de estos tomates es fina y su carne suave, densa, jugosa, dulce y muy fragante. ¡Qué delicia para el paladar cuando todavía están tibios del sol!

No sé si en concreto este año su magnífico sabor se ha agudizado por el compost orgánico que aplicamos a la tierra. Llevábamos meses preparándolo (porque su fermentación requiere bastante tiempo, no porque sea un proceso complejo) y se ha notado mucho en la forma en la que han crecido los cultivos y en el número de frutos que han producido.

De hecho, anotaré en mi agenda hablarle un día sobre cómo preparar este compost fácilmente usted también, ¿le parece?

No lo hago hoy porque en realidad este texto quería dedicarlo a contarle un pequeño secreto… Resulta que este otoño estoy siendo “infiel”.

La “otra cosecha” disponible en un huerto ecológico

Cuando digo que soy “infiel” me refiero a esas verduras que con tanto esmero cultivamos mi mujer y yo.

Lo cierto es que últimamente me pirran todas esas verduras denostadas por considerarse “malas hierbas”.

Por eso hoy quiero contarle cuáles son las mejores plantas silvestres que se pueden cosechar y consumir durante los meses de otoño.

La Naturaleza, como es lógico, es menos exuberante en esta estación. Pero en ningún caso esto es un problema. Más bien al contrario: gracias a ello las hierbas silvestres más “clásicas” se nos aparecen casi a simple vista. ¡Mejor para nosotros!

Las mejores malas hierbas que se pueden cosechar y consumir en otoño

En particular, en nuestro huerto tenemos abundante verdolaga (Portulaca oleracea), la cual seguimos incluyendo en las ensaladas.

Pero en estas fechas de entretiempo también recogemos ortiga (Urtica dioica), una maravillosa planta de variados usos tanto culinarios como medicinales.


Hace un tiempo compartí con usted nuestra receta de sopa de ortigas (si no la probó entonces, le recomiendo encarecidamente que lo haga).

Pero además esta planta cuenta con una gran ventaja: es bastante difícil confundirla a simple vista con otra (y, si la toca, ¡no digamos!).

También el diente de león (Taraxacum officinale) es bastante reconocible.

 

En este caso, aunque la primavera es la mejor época para recoger brotes jóvenes, estos meses sigue siendo muy fácil de encontrar. Para consumirlo bastará con que busque las hojas más tiernas que aparecen alrededor de la roseta (son menos coriáceas y amargas que las más viejas).

Salteadas a la sartén están, simplemente, ¡de vicio!

Y no olvide que también la raíz es comestible. Precisamente, este es el mejor momento del año para cosechar esta última a fin de preparar remedios medicinales de tipo infusiones, jarabes…

Otra planta que cabe mencionar es el llantén (Plantago lanceolata).

 

No es la primera vez que hablo de las virtudes culinarias de esta “mala hierba” muy presente en huertos y bordes de caminos. Y es que posee un fantástico sabor a setas, aunque con un toque más bien amargo.

Para consumirla y evitar ese regusto (si así lo desea), permítame que le dé unos trucos:

  • En caso de comerlo crudo, bastará con que añada sus hojas tiernas a una ensalada y que las combine, por ejemplo, con espinacas o mézclum (ayudarán a disimular ese toque).
  • Si recoge hojas algo más viejas, lo mejor es que las cueza antes de incorporarlas a sus platos (el escaldado ayuda a reducir ese sabor amargo).

Ya por último, quiero hablarle del egópodo (Aegopodium podagraria).

Considerada una auténtica pesadilla por muchos jardineros, esta hierba crece disparando sus largas raíces en todas direcciones.

Sin embargo, muy poca gente sabe que en realidad es una de las mejores hortalizas silvestres que podemos encontrar en nuestros huertos y campos.

En el pasado, de hecho, se cultivaba mucho como verdura y también como planta medicinal, especialmente contra la gota (acumulación dolorosa de ácido úrico).

Muy fragante, sus hojas adultas se pueden recolectar hasta octubre. Y para incorporarlas a cualquier plato (tartas saladas, revueltos, gratinados…) bastará con que las cueza primero, después de quitarles el pecíolo.

Para probarla cruda, en cambio, le recomiendo que espere hasta la primavera (las hojas más jóvenes y tiernas se recogen en abril o mayo).

Y atención: en el caso de esta planta hay que tener especial cuidado de no confundirla con la pequeña cicuta o perejil bastardo (Aethusa cynapium), muy tóxica. Para evitarlo fíjese en el pecíolo, que en el egópodo tiene una sección triangular y está ahuecado en un canalón en la parte superior.

Ya ve que la Naturaleza tiene mucho más que aportar en otoño que castañas y setas. Que son maravillosas, de eso no cabe duda, pero no deben estar reñidas con el resto de pequeños tesoros que oculta el campo…