A menudo se cree que la artrosis se debe al desgaste del cartílago. Sin embargo, ese es un punto de vista demasiado simplista.

Sí, el cartílago está dañado, pero ¿se debe únicamente, o incluso principalmente, al desgaste? Lo cierto es que no.

De ser así, muchos jóvenes deportistas deberían verse afectados prematuramente por la artrosis sí o sí. Y en realidad no es eso lo que sucede, sino más bien todo lo contrario (a excepción de los casos de accidentes o golpes que afectan directamente a la articulación).

Cartílagos dañados por la inflamación crónica

La explicación a ese fenómeno es que la destrucción del cartílago tiene una causa sistémica: la inflamación en el organismo.

Las células que fabrican el cartílago, denominadas “condrocitos”, detestan la inflamación. Y por eso cuando reciben a los “mensajeros de la inflamación” (sustancias fabricadas por el organismo para desencadenar una inflamación en caso de golpe o de ataque de virus o bacterias, por ejemplo) se vuelven completamente locas y dejan de realizar sus funciones habituales.

Al no realizar su trabajo, el cartílago termina abandonado. Y entonces envejece, se endurece, se agrieta… En definitiva, presenta la degradación propia de la artrosis.

Para evitarla, lo que hay que hacer es “desactivar” previamente las dolencias que provocan inflamaciones crónicas en el organismo, a fin de limitar la presencia de los mensajeros (en realidad mediadores) de la inflamación (las prostaglandinas y las citoquinas, entre otras).

Las causas de la inflamación crónica

La inflamación crónica dentro del organismo puede tener lugar:

  • En caso de infección. Es lo que sucede con todas las enfermedades acabadas en “-itis” (rinitis, bronquitis, dermatitis, meningitis, sinusitis, apendicitis…). Que una persona tienda a encadenar enfermedades de este tipo significa que en su organismo priman los mediadores de la inflamación, los cuales excitan a sus condrocitos.
  • En los intestinos. Puede ocurrir por efecto de alimentos que no tolera bien, como por ejemplo el gluten o los productos lácteos. Y cuando se padece una enfermedad inflamatoria del intestino (síndrome del colon irritable, enfermedad de Crohn…) se corre el riesgo de sufrir también alguna dolencia inflamatoria articular.Así lo desveló un estudio publicado en el Journal of Nutrition en 2011, que determinó que hasta el 71% de las personas que sufren artritis reumatoide sufren también problemas intestinales. Estos resultados fueron confirmados después por un estudio de 2012 y publicado en el Journal of Rheumatology que demostró que las personas que sufrían poliartritis reumatoide tenían un 70% más de riesgo de ser hospitalizadas por problemas intestinales. (1)
  • Debido a la desvitalización de los dientes. En ese caso las piezas dentales son percibidas como entes muertos, extraños y que hay que eliminar, por lo que provocan una reacción inflamatoria permanente.En un estudio liderado por el profesor Nabil Bissada y publicado en el Journal of Clinical Rheumatology se demostró que hay bacterias dentales en el líquido sinovial de las personas con artrosis. Tras obtener esos resultados, los autores de la investigación apelaron a los especialistas para que se interesasen por las infecciones bucodentales en casos de pacientes con problemas articulares, a fin de tratarlos eficazmente y curarlos. (2).
  • Bajo el efecto de agentes estresantes, contaminantes y una mala alimentación. Hoy por hoy se sabe que la comida basura incrementa muy notablemente el nivel de inflamación del cuerpo. Incluso existe una visión actual de la obesidad que la describe como un estado de inflamación crónica de bajo grado que repercute en múltiples órganos. Y en este sentido la mala alimentación, el sedentarismo y todos los factores ambientales que perpetúan ese estado de inflamación crónica (es decir, la obesidad) son responsables de un ingente número de problemas articulares. (3) (4)

Hay muchos otros casos de inflamación crónica en el organismo cuyas causas se desconocen. De cualquier forma, tal y como acaba de ver la comida “basura” (ultraprocesada y llena de aditivos) está detrás de muchos casos de inflamación del organismo, por lo que quiero profundizar un poco más sobre el tema en un nuevo Tener S@lud que publicaré en unos días.

Y es que además de esa comida “basura” hay ciertos alimentos, especialmente grasas y aceites, capaces de favorecer o de limitar la inflamación, lo que puede marcar una diferencia muy notable en caso de un problema articular como la artrosis.

De ahí que sea tan importante conocerlos, y por eso le invito a tomar buena nota de ellos cuando se publique próximamente la segunda parte del texto de hoy.

Fuentes:

  • Gastrointestinal Problems in Rheumatoid Arthritis. Arthritis Foundation.
  • Janlou Chaput. «Science décalée : contre l’arthrose au genou, brossez-vous les dents !» Futura Santé. Juillet, 2012.
  • Olatz Izaola, Daniel de Luis, Ignacio Sajoux, Joan Carles Domingo y Montserrat Vidal. “Inflammation and obesity (lipoinflammation)”. Nutr. Hosp. vol.31 no.6 Madrid jun. 2015.
  • M.A. Zulet, B. Puchau, C. Navarro, A. Martí, J.A. Martínez. “Biomarcadores del estado inflamatorio: nexo de unión con la obesidad y complicaciones asociadas”. Nutr Hosp, 22 (2007), pp. 511-527.