El 90% de las informaciones que circulan por internet nos llegan a través de Google o Facebook.

Durante mucho tiempo estos servicios fueron totalmente neutrales, dejando a sus usuarios acceder y consultar libremente unas y otras páginas web en busca del contenido que deseaban. Sin embargo, las cosas están empezando a cambiar en lo que a la información sobre salud respecta.

Y es que según parece el algoritmo de Google filtra cada vez más contenido para presentar ciertas informaciones y ciertas fuentes como primeros resultados en las páginas de búsqueda. A saber: informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), de la Administración americana de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés), de la Clínica Mayo (una prestigiosa entidad médica norteamericana sin ánimo de lucro)…

En lo que a Facebook respecta, más de lo mismo: cada vez es más difícil compartir ciertos artículos, especialmente en determinados países, dado que de la noche a la mañana algunas páginas de información alternativa seguidas por millones de personas son censuradas sin miramientos. (1)

Además, la red social por excelencia anunció el pasado mes de marzo que eliminaría de sus motores de búsqueda cualquier publicidad relacionada con grupos denominados “antivacunas”. (2) (3)

Pero estos dos no son los únicos gigantes de la industria que han adoptado medidas de este tipo. La tienda online Amazon, por ejemplo, ha retirado de su catálogo de vídeos la película Vaxxed, film sobre la relación entre la vacuna MMR y el autismo y que ya estuvo en el centro de la polémica en 2016, cuando Robert de Niro decidió vetarla en un festival. (4)

Incluso la plataforma de vídeos Youtube y la red social de imágenes Pinterest se han posicionado sobre este tema, avanzando que censurarían los contenidos considerados contrarios a las vacunas. (5)

Ahora bien, es importante tener en cuenta que hoy en día cualquiera que discuta el interés de una vacuna, o que critique el uso de un coadyuvante como el aluminio -presente en muchas de ellas-, es tachado directamente de “antivacunas”.

¿Es la OMS una fuente de información más fiable que otras?

Aunque en ocasiones se demuestre que están equivocadas, creo que la OMS y ciertas agencias oficiales de salud pueden ser referencias interesantes y confiables. De hecho, nosotros mismos nos referimos a ellas de vez en cuando, al abordar según qué temas, utilizándolas como fuente de datos de interés.

Sin embargo, en la actualidad hay muchos otros referentes informativos muy serios, que realizan un excelente trabajo y que arrojan resultados con total garantía, pese a que sus conclusiones no siempre coincidan exactamente con las “oficiales”.

Lo que sucede es que la Medicina, como toda ciencia, es un territorio movedizo, en evolución constante. Y por ello cualquier enfoque autoritario y dogmático debería ser cuestionado, mientras que el debate y la confrontación de los diferentes puntos de vista deberían ser fomentados.

La existencia -real- de ciertos “basureros informativos” en los que se pueden encontrar falsas noticias sobre salud no puede servir de excusa para que sean borradas cientos -¡miles incluso!- de páginas web de contenido excelente y gestionadas por auténticos expertos en salud natural, desapareciendo de los motores de búsqueda e impidiendo que nuevos usuarios y personas interesadas las conozcan.

Es lo que ocurre cuando, por culpa de un político que miente o roba, los ciudadanos los metemos a todos en el mismo saco.

Que existan personas que dicen cosas sin sentido o absolutamente exageradas sobre los riesgos que implican las vacunas no puede derivar, en ningún caso, en el silenciamiento de otras voces completamente necesarias, que hablan con fundamento y rigor sobre los peligros reales que estas esconden.

Por qué la opinión de la OMS no es suficiente por sí sola

El gran problema de las organizaciones gubernamentales y las autoridades oficiales en materia de salud es que las consignas que ofrecen son, simplemente, generalizadas. Y hablar de generalización es hablar, inevitablemente, de simplificación.

Es decir, que esas instituciones establecen las políticas de salud públicas, pero sus protocolos no son aplicables a todo el mundo.

A lo que se dedican en realidad es a hacer estimaciones y cálculos “coste/beneficio” teniendo siempre presente que habrá una inevitable “tasa de desperdicio” (es decir, de personas que no sacarán provecho de esas pautas de salud).

No se puede hacer tortilla sin romper los huevos”, dice un famoso refrán. Pero el problema aquí reside en que lo que se sacrifica no son huevos, sino la salud de las personas.

Ahora bien, estas entidades hacen lo que hacen obedeciendo a razones políticas y mediáticas. Necesitan demostrar que son capaces de “movilizarse” y de “plantar cara” a las enfermedades que aterrorizan al grueso de la población. Y es que en definitiva eso es lo que se espera de ellas, y si no cumpliesen con su cometido con toda probabilidad serían privadas de su partida presupuestaria.

Como resultado la agenda de estas autoridades de salud termina influida por enormes titulares en periódicos y por eslóganes políticos, en lugar de por las amenazas reales que ponen en riesgo la salud de la población.

Eso es lo que explica que se dediquen semejantes sumas de dinero a ciertas enfermedades, mientras se dejan de lado otras que provocan incluso mil veces más víctimas.

Hablamos, por ejemplo, de la preocupación por el ébola (con 20.000 muertos en 5 años) en lugar de por la gastroenteritis (1 millón de muertes cada año); del sarampión (que incluso tras un espectacular repunte dejó 35 muertes en toda Europa en 2017) frente al asma (que provoca 1.000 fallecimientos al año) o la tuberculosis (enfermedad que causa 1,8 millones de muertes al año, de los cuales cientos de miles de casos tienen que ver con la resistencia a los antibióticos)…

Es necesario recuperar el pensamiento crítico

Ante esta maquinaria perfectamente engranada necesitamos recuperar el pensamiento crítico. Y para ello la pluralidad que ofrece la red -o al menos hasta ahora lo hacía- puede resultar de gran ayuda.

Pero no olvidemos que hace apenas unas décadas, a pesar de no existir internet, la información no escaseaba. Quien quería saber, podía saber. Y de hecho se contaba un gran abanico de publicaciones llenas de información de calidad, que uno podía recibir directamente en casa o comprar en el quiosco.

Por supuesto no todo era inmediato y gratuito como lo es la mayoría de contenido del que disfrutamos hoy en día, pero tampoco era tan efímero.

Y ese es, para mí, el gran problema que plantea la vorágine informativa en la que nos vemos envueltos en la actualidad. Esta información, por apresurada, muchas veces carece de profundidad y rigor.

De ahí la importancia y el valor del trabajo que semana a semana, mes a mes, plasmamos en nuestro boletín gratuito, Tener S@lud, y especialmente de nuestras revistas por suscripción (Plantas & Bienestar, Salud AlterNatura y Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar).

Sus contenidos son elaborados y avalados por expertos en salud natural de diferentes campos (nutriterapia, fitoterapia, homeopatía, aromaterapia…) que vuelcan sus conocimientos y los ofrecen a todos nuestros lectores.

Por supuesto, las revistas en papel tienen un coste, pero es el más ajustado que podemos ofrecer (algunas de ellas apenas cuestan 2 euros al mes) para mantener vivo este proyecto que con ilusión iniciamos hace unos años. Y también para que decenas de miles de personas puedan seguir recibiendo gratuitamente no solo Tener S@lud, sino también nuestro newsletter diario Salud en 1 minuto.

Todo nuestro trabajo tiene el valor de lo permanente y de lo elaborado con esfuerzo, ¡algo único en una época en la que se hace difícil incluso el simple hecho de preservar la información!

Todavía me acuerdo de cuando se guardaban los recortes de periódico. De hecho, yo todavía lo hago de cuando en vez. Hoy es más habitual guardar y compartir enlaces, e incluso seleccionar contenidos para verlos un poco más tarde, sin conexión a internet. Pero, piénselo: ¿cuántas veces ha perdido de vista algo que le parecía interesante y que quería leer y nunca ha vuelto a buscarlo?

De ahí la importancia capital de que nuestros contenidos, tanto nuestros e-mails como nuestras publicaciones, puedan archivarse fácilmente para ser consultados una y otra vez, siempre que se necesite, casi a modo de pequeña enciclopedia sobre salud natural. Solo así se consigue que perduren en el tiempo el esfuerzo y la dedicación de los expertos que elaboran nuestras publicaciones.

En mi opinión, ahí reside el gran valor de nuestro trabajo, pues conserva una autenticidad y personalidad que hoy parecen totalmente perdidas. Y eso ni Google ni Facebook ni ningún algoritmo podrá hacerlo desaparecer.

Fuentes:

  1. “Facebook cierra páginas de pseudociencias y de ‘medicina alternativa’”. Eknuus / Globovisión. Agosto, 2018.
  2. “Facebook e Instagram acuerdan la eliminación de anuncios ‘antivacunas’”. Redacción Médica. Marzo 2019.
  3. “Correction: Facebook-Vaccine Misinformation story”. AP NEWS. March, 2019.
  4. “‘Vaxxed’: el polémico documental que Robert De Niro decidió vetar de su festival”. BBC Mundo. Marzo, 2016.
  5. “YouTube y Pinterest bloquean los contenidos que apoyan a las campañas antivacunas”. Portaltic – Europa Press. Febrero, 2019.
  6. “Appel à la raison au grand public”. 11vaccinsobligatoires.com. Pr. Luc Montagnier et Pr. Henri Joyeux.