En España las probabilidades de sobrevivir a un paro cardíaco si no se está en un ámbito hospitalario es de entre el 5 y el 10%, mientras que en países como Estados Unidos ese porcentaje asciende hasta el 50%. La principal causa de esta gran diferencia es que allí hay desfibriladores automáticos en cualquier lugar, mientras que en España sólo hay 2 por cada 10.000 habitantes.

Una vez se ha sufrido una parada cardíaca, las probabilidades de sobrevivir disminuyen un 10% por cada minuto que se tarda en iniciar la RCP (resucitación cardiopulmonar). Por ello, contar con desfibriladores en los lugares públicos supone un gran aliado para salvar vidas.

Fue en 2009 cuando en España se sentaron las bases para la regulación de los DESA (desfibrilador externo semiautomático) fuera del ámbito hospitalario, para que contaran con las condiciones adecuadas de seguridad y calidad.

Por desgracia, en dicha regulación no se obligó a que los desfibriladores se instalaran en cualquier zona frecuentada por muchas personas (centros comerciales, aeropuertos, estaciones…), sino que se dejó su distribución en manos de las comunidades autónomas… y de momento sólo seis han optado por ofrecer a sus ciudadanos “espacios cardiosaludables” (que cuentan con un desfibrilador y con personas adecuadamente formadas para actuar en caso de paro cardíaco): Andalucía, Asturias, Canarias, Cataluña, Madrid y País Vasco; un número que sorprende teniendo en cuenta que en España se producen más de 30.000 paradas cardíacas anuales.