Hay multitud de remedios ancestrales que desde siempre se han utilizado para tratar ciertas dolencias o enfermedades. Como ejemplo, estos cuatro:

  • El galanto o campanilla de invierno (Galanthus nivalis L.) es un antiguo remedio que se sigue usando en Bulgaria contra los problemas nerviosos. En el siglo XXI se ha descubierto que sus propiedades beneficiosas se deben a que es rico en galantamina, un alcaloide utilizado hoy en día en medicamentos para tratar el alzhéimer. (1)
  • La bilis de la vaca se menciona en el Bald’s Leechbook (un libro inglés con mil años de antigüedad sobre remedios antiguos) para el tratamiento de infecciones oculares cuando se mezcla con cebolla, ajo y vino.Los científicos han recreado esta decocción y han descubierto que mata los estafilococos dorados resistentes a la meticilina más rápido que cualquier antibiótico moderno. (2)
  • La corteza de sauce se ha utilizado en China desde el año 500 a. C. para las fiebres. El sauce blanco contiene salicina, el principio activo que se encuentra en la aspirina. De hecho, mucho antes de que el químico alemán Felix Hoffmann consiguiese sintetizar en 1899 el ácido acetilsalicílico, el ser humano ya conocía las propiedades de la corteza de sauce para reducir la fiebre, aliviar la inflamación y calmar el dolor. El extracto de esta planta tiene los efectos analgésicos de la aspirina (e incluso más prolongados) pero sin ninguno de sus efectos adversos, así que es una alternativa fabulosa ante el dolor de leve a moderado. (3)
  • Las sanguijuelas, usadas durante siglos en Europa, han sido utilizadas en hospitales incluso en nuestros días para drenar la sangre (por ejemplo ante el riesgo de que un implante no arraigue por congestión vascular). (4)

Existen muchos otros remedios tradicionales para fortalecer o desintoxicar el organismo, reducir la inflamación, el dolor, el reflujo ácido, el insomnio, la ansiedad, el apetito…

Lo que es inevitable preguntarse es: “si se ha demostrado su eficacia, ¿por qué las autoridades en materia de salud y ciertos medios de comunicación se muestran tan combatientes frente a los remedios naturales?”.

La injustificada hostilidad contra los remedios naturales

Hay personas a las que, a veces, ante una ligera infección les basta con que un médico les recete antibióticos para experimentar cierta sensación de tranquilidad. Incluso puede que lleguen a preguntarse cómo hacían sus antepasados para mantenerse sanos sin la medicina moderna.

Pero lo cierto es que no siempre se es totalmente consciente de los posibles efectos secundarios de la toma de medicamentos: riesgo de infecciones más graves, enfermedades e incluso la muerte.

Sin embargo, sí que se oyen muchas advertencias sobre los remedios naturales y los complementos nutricionales. De hecho, algunos insisten en que hay que tener mucho cuidado con ellos y, sobre todo, en que no se debe iniciar ningún tratamiento sin consultar antes con un médico.

Mientras, numerosas culturas y sociedades siguen demostrando aún en la actualidad la eficacia de los remedios ancestrales y las terapias naturales que utilizan para cuidar su salud. Además, sin irnos demasiado lejos, en un país europeo tan avanzado como Francia la acupuntura, entre otras prácticas naturales, es recetada por los propios médicos del sistema público de salud. ¿Están, acaso, equivocados?

Los inmigrantes sin acceso al sistema médico tienen mejor salud que los nacionales

Hace unos meses no pude evitar sorprenderme al leer un artículo en la prensa que decía que en Estados Unidos los inmigrantes recién llegados, que van al médico con menos frecuencia que los nacidos en el país, suelen tener mejor salud que estos últimos. (5)

Así, según un estudio de la Universidad de Drexel (Filadelfia, Estados Unidos), por lo general tienen menos asma, hipertensión y enfermedades cardiovasculares que la población local, incluso si esta se gasta una fortuna en medicamentos.

Me pareció curioso que se diera como noticia. Pero es que se da por hecho que cuanto más se va al médico, mejor salud se tiene, lo que, sin duda, se relaciona con la creencia de que los medicamentos son buenos para la salud y de que cuantos más se tomen mejor.

En mi opinión, la explicación a este “misterio” es bastante sencilla. En primer lugar, muchos de los migrantes que llegan a Estados Unidos después de un largo, arduo y peligroso viaje desde América Latina cuentan con un buen estado de salud de partida sin el que de hecho probablemente no hubieran sido capaces de llegar.

Y eso aunque en la mayoría de los casos no hayan podido “disfrutar” de un sistema médico en sus países de origen por falta de recursos (recuerde que la sanidad no es pública en todo el mundo). En cualquier caso, ya se trate o no de una decisión propia, lo cierto es que muchos se han cuidado utilizando exclusivamente remedios ancestrales como los que expliqué al principio.

Además, por lo general estas personas provienen de lugares mucho menos contaminados que las grandes urbes norteamericanas, lo que ya de por sí incide en un menor riesgo de enfermedades. Y, por supuesto, también habrá ayudado mucho a su salud el hecho de que los productos con los que se han alimentado provinieran de entornos más naturales.

Por el contrario, los estadounidenses están expuestos a una serie de enfermedades motivadas principalmente por un estilo de vida en el que por lo general se siguen hábitos muy perjudiciales para la salud, como por ejemplo alimentarse a base de comida rápida y ultraprocesada.

De hecho, una investigación que comparó durante 15 años el estado de salud de los indios Pima que vivían en Sonora (México) con el de sus “primos” de Arizona (Estados Unidos), demostró que estos últimos eran más proclives a padecer ciertas enfermedades. Unos resultados que estaban claramente relacionados con el estilo de vida de unos y otros, siendo esta una población de indios especialmente endogámica (por lo tanto, con pocas diferencias genéticas entre sus individuos).

Las diferencias más significativas se dieron sobre todo en cuanto a una mayor prevalencia de obesidad y diabetes en los indios que habitaban en Arizona, mucho menos activos y más dados a seguir una dieta basada en productos industriales que los Pima del sur.

Y este es solo uno de los muchos ejemplos de los efectos de la influencia de lo que algunos científicos han denominado “cocacolonización” (que toma su nombre de la famosa marca de refrescos estadounidense). El término hace referencia a la mala alimentación en general y en torno a él buena parte de la comunidad científica ha propuesto una relación causa-efecto entre el avance económico, industrial y social de una población y el aumento de enfermedades metabólicas en dicha comunidad.(6)(7)

Por ello, me atrevería a decir sin riesgo a equivocarme que la ventaja de los recién llegados sobre los nacionales no durará por siempre. Y es que dos o tres décadas de mala alimentación, refrescos azucarados y abuso de medicamentos pueden causar estragos hasta en el metabolismo más robusto.

A menos, por supuesto, que la salud natural gane la batalla y se expanda como lo que debe ser: la alternativa del futuro.

Fuentes:

  1. PasseportSanté. “Un médicament dérivé du perce-neige ralentit la progression de l’Azheimer”. 2001.
  2. Christina Lee. “AncientBiotics – a medieval remedy for modern day superbugs?”. University of Nottingham. 2015.
  3. Shara M, Stohs SJ. “Efficacy and Safety of White Willow bark (Salix alba) Extracts”. Phytother Res 2015 Aug;29(8):1112-6. doi: 10.1002/ptr.5377. Epub 2015 May 22.
  4. Borja Olaizola. “El regreso de las sanguijuelas”. Ideal. Enero 2017.
  5. X. Ben Renner. “Undocumented Immigrants Least Likely To Visit Doctor, Yet Healthier Than Many Others”. Study Finds. 2018.
  6. Pendergrast, Mark (1993). «Viewpoints; A Brief History of Coca-Colonization».
  7. Julian Esparza-Romero, Mauro E. Valencia et al. “Environmentally Driven Increases in Type 2 Diabetes and Obesity in Pima Indians and Non-Pimas in Mexico Over a 15-Year Period: The Maycoba Project”. Diabetes Care 2015 Aug; dc150089.