Estimado Lector,

He decidido hacer algo que va a cambiar mi vida.

En cuanto sepa de qué se trata, seguro que me da la razón, ¡e incluso puede que se anime a dar el paso conmigo!

Pero lo mejor será que empiece explicándole todo desde el principio:

Hace unas semanas paseando me encontré a un conocido al que hacía meses que no veía.

Me dejó con la boca abierta.

Le recordaba mucho mayor de lo que ahora aparentaba, y también más tristón. Incluso diría que antes caminaba tan cabizbajo que se podría pensar que tenía algo de chepa. De hecho, al no cruzármelo durante tanto tiempo había llegado a preguntar por su estado de salud a otros vecinos, temiendo que se hubiese puesto enfermo.

Nada que ver con el hombre que tenía frente a mí en ese momento, vaya. ¡Nunca lo había visto tan recto! Su aspecto era jovial e incluso iba vestido con ropa deportiva.

Al verme, me sonrió de oreja a oreja. Yo estaba tan sorprendido que no pude evitar preguntarle qué le había pasado. “He adoptado un perrito, Luis Miguel”. Y en ese momento apareció entre sus piernas un pequeño cachorro, moviendo la cola. “Te juro que el cariño que me da este pequeñín me ha cambiado la vida. Incluso he dejado de venir a este parque para ir con él al otro, el más grande, y jugar juntos. ¡No me reconozco ni yo mismo!

¡No me extraña!”, pensé yo. No exagero si digo que al despedirme de él seguía con la boca abierta. ¡Estaba realmente fascinado!

Regresé a casa pensando en la cantidad de veces que en nuestra propia casa nos habíamos planteado tener un perro y, sin embargo, por unas cosas o por otras, nunca habíamos terminado de dar el paso.

¿Y si esto era una señal? No tenía la mínima duda de que la espectacular transformación de mi vecino se debía al cambio de vida que había desencadenado ese nuevo “compañero”.

Fue en ese momento cuando me acordé de un libro que había comprado hacía un tiempo pero que todavía no había podido leer. Nada más llegar a casa, volví sobre él para leerlo.

Se trata del Manual de veterinaria natural de Montserrat Peinado y Maripi Gadet, y entre otras cosas aborda los aspectos que voy a detallarle a continuación: (1)

Un estímulo “mágico” y una fuente de cariño incombustible

El médico inglés William Tuke fue pionero en el uso de animales en sus terapias de autocontrol para pacientes psiquiátricos ya en 1792, experiencias que se repitieron en varias ocasiones a lo largo del siglo siguiente.

No obstante, no fue hasta 1960 cuando se demostraron los efectos beneficiosos de contar con un animal en la consulta. Lo logró el psiquiatra estadounidense Boris Levinson, que atendía a sus pacientes junto a su perro Jingles. Éste actuaba como catalizador, favoreciendo la desinhibición y la comunicación incluso de los pacientes más retraídos. “El animal resulta algo mágico que estimula”, explicaba el propio Levinson.

Hoy día la inclusión de animales en terapias infantiles (niños con problemas de comportamiento, por ejemplo) está muy extendida, pero también en otro tipo de especialidades, como por ejemplo la geriátrica.

Y si un animal resulta beneficioso en la consulta del médico, ¿cómo no lo iba a ser tenerlo en su propia casa? Sus efectos positivos son numerosísimos, como está a punto de ver.

Beneficios para la salud a todos los niveles

Está comprobado que tener un perro (ojo: la compañía de cualquier animal es beneficiosa, pero yo hoy voy a centrarme en la canina) y ocuparse de él aumenta la esperanza de vida, ya que por lo general se lleva una vida más saludable y con niveles más bajos de estrés. Pero en concreto:

  • Mejora la salud cardíaca. Por un lado, su mera compañía y el hecho de acariciarlo ya ayuda a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Pero es que además por lo general las personas que sacan a pasear a su perro cubren con ello la mitad del ejercicio imprescindible en su rutina diaria. (2)
  • Fortalece el sistema inmunitario. Diferentes investigaciones han demostrado que convivir con animales desde una edad muy temprana (incluso desde bebé) ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y protege ante la aparición de alergias y enfermedades respiratorias. (3) (4)
  • Se duerme mejor. Un estudio realizado en China demostró que las personas que tienen perro consiguen dormir mejor por la noche y enferman con menos frecuencia.

 

  • Ayuda a mantenerse en forma. Un informe británico cifra en más de 5 horas y media la cantidad de tiempo dedicado a pasear al perro, de media, a la semana. Pero también hay quienes apuestan más fuerte e incluso se atreven a salir a correr con su mascota (tendencia en aumento que ahora recibe el nombre de “canicross”).

    Lo cierto es que un perro es el compañero perfecto para la actividad física: siempre está motivado para salir y tiene mucha resistencia, ¡y no se obsesiona ni con los kilómetros recorridos ni con las calorías quemadas!

 

  • Reduce los niveles de estrés, angustia y ansiedad. Son varios los estudios que han probado que convivir con un animal de compañía reduce los niveles de ansiedad, angustia y estrés. Y es que acariciándolo se libera oxitocina, la también llamada “hormona de la felicidad” -una sustancia química que produce nuestro organismo y que genera bienestar-, al tiempo que se reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. (5)

 

  • Mejora el estado de las personas con depresión. Asumir el cuidado de un perro requiere una rutina y obliga a permanecer activo, salir de casa y relacionarse con otros perros y dueños, por lo que es una fuente de estímulos muy útil para una persona deprimida.
  • Aleja el sentimiento de soledad y mejora la vida social, el ánimo y la autoestima. Un animal de compañía hace desaparecer la sensación de soledad porque estimula el contacto físico y la comunicación. Pero no sólo con el propio animal, sino también con otras personas con las que se conversa e interactúa al coincidir paseando al perro o en el parque, por ejemplo. Todo esto hace sentirse más seguro de sí mismo y también más protegido, mejorando el estado de ánimo en general (se produce más serotonina y menos dopamina y cortisol). El amor y el cariño incondicionales que profesa un perro a su dueño también le hará sentirse más positivo y estimulará su empatía. (6)

Y muchos más beneficios para la salud; tantos como efectos positivos se le ocurran que puedan derivarse de una vida más relajada, feliz y plena.

El mejor amigo contra el deterioro cognitivo

Está ampliamente demostrado que interactuar con animales aporta numerosos beneficios a las personas de más edad. Y eso se debe tanto a la paz y la tranquilidad que reporta acariciarlos como al cambio de rutina y a la actividad diaria que requiere hacerse cargo de él, responsabilizándose de sus cuidados. Eso refuerza las capacidades de la persona y le ayuda a sentirse útil y con mayor autoestima.

Desgraciadamente existen muchas personas de edad avanzada para las que la televisión es uno de los pocos entretenimientos y estímulos con los que cuentan la mayor parte del día. Un animal de compañía le proporciona, por el contrario, un estímulo multisensorial (a través de la vista, el tacto y el oído) que es capaz de frenar e incluso revertir el deterioro cognitivo y el aislamiento en el que vive la persona.

De hecho, se han reportado casos de pacientes que han mejorado notablemente e incluso han logrado disminuir paulatinamente la toma de medicamentos gracias a tener a su cuidado un animal de compañía. (7)

Hoy día ya existen multitud de terapias geriátricas que se apoyan, al menos en parte, en la compañía de animales. Y al mismo tiempo su presencia es cada vez más común en residencias y centros de día.

A través de estos programas lo habitual es que se trate de corregir de forma natural y positiva problemas conductuales o psicosociales en pacientes con enfermedades neurodegenerativas que en otros casos se tratarían directamente con pastillas.

Un “lazarillo” contra la demencia

Pero asimismo, más allá de su uso en terapias conductuales, un perro puede ayudar a pacientes de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer en su propia casa.

Además de preservar su anclaje psicológico con la realidad, un perro adiestrado, por ejemplo, es capaz de ayudar a un enfermo a encontrar el camino de vuelta a casa después de pasear por la ciudad o a recordar que debe tomar sus medicinas.

Asimismo, puesto que estos pacientes pierden con frecuencia la noción del tiempo, un perro entrenado para ello también puede recordarles cuándo deben comer e irse a la cama. Y también pueden aprender a activar una alarma si su dueño se cae o se atraganta.

Es decir, que en fases incluso algo avanzadas de la enfermedad este animal de compañía puede ser un sostén frente al deterioro de las habilidades sociales de su dueño, siendo un apoyo añadido que le permite seguir disfrutando de independencia durante más tiempo.

Y no hablamos sólo en caso de alzhéimer: los perros también pueden ayudar a las personas con diabetes, por ejemplo, al ser capaces de detectar alteraciones químicas en el organismo de su dueño y avisarle a tiempo cuando sus niveles de azúcar se desajustan. (8)(9)

Un nuevo miembro en la familia

Como ha visto, un animal de compañía en general, pero especialmente un perro, es un gran aliado para la salud, especialmente en el caso de las personas de más edad (que muchas veces se enfrentan a la soledad o al desánimo). Por eso le animo a plantearse la posibilidad de adoptar uno, poniendo en su vida una fuente inagotable de cariño.

Yo mismo, como le dije al principio, he decidido dar un paso adelante y adoptar un perro en una protectora cercana a mi casa. Llevaba tiempo dándole vueltas, pero sin duda la experiencia de mi vecino ha terminado de convencerme. ¡Sólo puede salir bien!

Prometo contarle alguna que otra anécdota sobre este nuevo miembro de la familia, que seguro que nos reporta enormes alegrías a todos.

¿Y usted?

¿Se ha planteado alguna vez adoptar un perro por este u otros motivos? ¿Tiene ya uno? ¿Cómo ha mejorado su vida, en ese caso? Si desea contarnos su experiencia, le animo a hacerlo dejando un comentario a través de este enlace. ¡Tanto el resto de lectores de Tener S@lud como yo estaremos encantados de conocer su historia!

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

Fuentes:

  1. Montserrat Peinado es veterinaria experta en cuidados animales basados en la medicina natural, y Maripi Gadet es experta en vida eco y salud natural. Su libro ‘Manual de veterinaria natural’ (Arcopress, 2018, Colección Vida Alternativa) está a la venta por 17,95 euros.
  2. “Dog ownership and the risk of cardiovascular disease and death – a nationwide cohort study”. Mwenya Mubanga, Liisa Byberg, Christoph Nowak, Agneta Egenvall, Patrik K. Magnusson, Erik Ingelsson & Tove Fall. Scientific Reportsvolume 7, Article number: 15821 (2017) doi:10.1038/s41598-017-16118-6.
  3. Eija Bergroth, Sami Remes, Juha Pekkanen, Timo Kauppila, Gisela Büchele, Leea Keski-Nisula. “Respiratory tract illnesses during the first year of life: effect of dog and cat contacts”. Pediatrics. 2012 Aug; 130(2): 211–220. Published online 2012 Jul 9. doi: 10.1542/peds.2011-2825.
  4. “Research Shows How Household Dogs Protect Against Asthma, Infection. Study Led by UCSF, U Michigan Scientists Points to Changes in Gut Microbes”. Jeffrey Norris. December, 2013.
  5. Sandra B. Barker, Aaron R. Wolen. “The benefits of human-companion animal interaction: a review”. J Vet Med Educ. 2008 Winter; 35(4): 487–495. doi: 10.3138/jvme.35.4.487.