Hoy voy a hablarle de un descubrimiento sorprendente.

Tan sorprendente que podría barrer de un plumazo mucho de lo que hasta ahora se sabe sobre el deterioro cognitivo y cómo prevenirlo y tratarlo.

Y es que se trata de un gesto tan sencillo, que usted mismo puede poner en práctica fácilmente cada día en su casa, que le parecerá increíble lo que puede hacer por su salud cognitiva.

Pero vayamos por partes.

Glucosa, insulina, ácidos grasos y cetonas

La investigación científica ha demostrado que la glucosa es el “combustible” principal de las células, su fuente de energía.

Ahora bien, para pasar al interior de las células la glucosa necesita una hormona: la insulina.

Pues bien, resulta que en las personas afectadas por alzhéimer algunas células tienen problemas para utilizar la insulina en su favor.

Debido a esto se producen una serie de reacciones en cascada: las células dejan de nutrirse y empiezan a extinguirse, las conexiones intercelulares se van desintegrando, aparece la desorientación y la pérdida de memoria…

¡Menos mal que el cuerpo es sabio y sabe dónde encontrar alternativas cuando la glucosa no está disponible!

Una de ellas son las reservas de grasa, a las que el organismo recurre en momentos de hambruna o, en el mundo occidental de hoy en día, en el que la privación de comida es algo raro, al ayunar.

Lo que hace el cuerpo es transformar esos lípidos acumulados en ácidos grasos que a su vez se convertirán en cetonas, un compuesto orgánico que sirve como “combustible” alternativo para las células.

Ahora bien, ¿y si yo le dijese que puede conseguir exactamente el mismo efecto sin ayunar?

Ojo, no lo desaconsejo en absoluto: el ayuno es una excelente herramienta que también ayuda a depurar el organismo, a ganar energía e incluso a reencontrarse en el propio cuerpo y en las sensaciones.

Sin embargo, lo cierto es que su práctica no conviene a todo el mundo.

De ahí la importancia del “plan B” del que hoy le hablo.

Una vía alternativa que puede mejorar el deterioro cognitivo ¡¡en solo 21 días!!, según los expertos.

Un aceite capaz de reactivar su cerebro

La investigación científica más reciente ha hallado que, al consumir unos ácidos grasos muy concretos, el cuerpo desencadena la producción de cetonas.

Se trata de los triglicéridos de cadena media, que también se conocen por las siglas TGCM.

Pues bien, ¿sabe dónde se encuentran estos ácidos grasos?

Están presentes en la leche de cabra (alrededor del 18%) y en la leche y la mantequilla de vaca (alrededor del 9%). Sin embargo, un alimento particularmente rico en ellos es… ¡el aceite de coco!

En concreto, este óleo contiene casi el 60% de su total en TGCM.

¿Cuál es la mejor forma de tomarlo? ¿Qué tiene ver su café en todo esto?

Simplemente, que es una buena forma de conseguir que el aceite llegue directamente al centro de sus neuronas. Y, además, que ¡está delicioso!

Haga la prueba: agregue 2 cucharadas de aceite de coco a 200 ml de café caliente, mezcle bien (mejor si no le añade azúcar) y… ¡a disfrutar!

Y si quiere probar un sabor más exótico, le propongo batir el aceite de coco junto a una yema de huevo y un poco de canela. Agregue después el café caliente sin dejar de remover.

El resultado es muy cremoso y de un sabor sorprendente.

Consideraciones sobre el aceite de coco

La información que acaba de conocer es crucial, especialmente si usted o alguno de los suyos está empezando a sufrir los terribles embates de la pérdida de memoria.

Sin embargo, le pediría que no acuda a comprar el primer aceite de coco que encuentre, sin pararse a estudiar antes su calidad.

Y es que hay ciertos parámetros que debe vigilar de cerca. Estas con las claves que debe buscar en el etiquetado del producto:

  • “100% virgen”. Esto garantiza que el proceso de fabricación mecánico ha estado libre del uso de químicos.
  • “Primer prensado en frío”. Con ello se asegura la ausencia de calor en la elaboración, el cual puede degradar sus propiedades.
  • “Orgánico”. El fruto debe ser completamente libre de pesticidas y fertilizantes tóxicos (es decir, debe provenir de la agricultura ecológica).

Y un pequeño consejo extra: asegúrese de que el embalaje no sea de plástico sino de vidrio (para evitar el paso de contaminantes al aceite).

Además, puede ser que con el tiempo vea que su aceite de coco cambia algo de apariencia; en concreto que se vuelve líquido (de forma normal es sólido, como ya ha visto) y transparente (a temperatura ambiente es blanco), sobre todo cuando el calor aprieta.

Si eso sucede, no se preocupe: sus propiedades siguen siendo exactamente las mismas.

¡A su salud!

P.D.: ¡Me olvidaba! Si el sabor del coco no le gusta, debe saber que también se vende aceite de coco desodorizado (es decir, sin olor ni sabor). Siga en cualquier caso las claves que ha visto más arriba sobre la etiqueta y ¡listo!

P. D. 2: Ni que decir tiene que esta es una receta que puede ayudar a todo el mundo, especialmente a quienes ya se encuentran inmersos en un proceso de deterioro cognitivo leve o grave. Por ello no solo le animo, sino que le pido encarecidamente, que comparta esta información por todos los medios posibles. ¡Gracias por su ayuda!