Los ataques debidos a motivos de odio provocan lesiones físicas, pero también importantes secuelas psicológicas que pueden aparecer a medio o largo plazo, incluyendo la depresión o el síndrome de estrés postraumático(1). Y eso sin olvidar los posibles cambios conductuales que surgen a consecuencia de la agresión, que por ejemplo conllevan a un abuso del alcohol y otras drogas.

Por tanto, la violencia por odio afecta a la salud de las personas que han sufrido este tipo de ataques, más allá de las lesiones puramente físicas. Por ello es necesario una atención integral centrada también en las lesiones psicológicas, para así prevenir posibles complicaciones a medio y largo plazo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la violencia como consecuencia del odio fue la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años en 2015, y la octava entre las personas de 30 a 49 años.

Fuentes:

1. M. Ángeles Rodríguez-Arenas, M. Dolores Martín-Ríos, Christian Gil-Borrellia: “Public health interventions against hate violence”. Gaceta Sanitaria. 2018.