Las ventajas de ser optimistas

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Descubra todos los beneficios de ser optimistas, además de la edad a la que se cree que somos más infelices y por qué.

Un estudio de la Universidad de Illinois (Estados Unidos) ha señalado que cuanto más optimista es una persona, mejor duerme. Pero estará conmigo en que ser optimista no siempre es fácil. Y en que las personas no pueden cambiar de carácter con un chasquido de dedos. (1)

Si fuera suficiente con decidir volverse optimista, lo conseguiríamos todos. Y sin duda lo haríamos para aprovecharnos de todos los beneficios que el optimismo reporta a la salud. De hecho, la investigación que le comento ha comprobado que el optimismo puede mejorar el bienestar emocional, al limitar la frecuencia con la que se experimentan situaciones estresantes.

Esto es útil para realizar más investigaciones e identificar así los objetivos de tratamiento y promover una vida más larga con buena salud. ¡Y ojo porque no es la única prueba científica de los beneficios para la salud de ser optimista!

Otro análisis, publicado en este caso en Journals of Gerontology, señala que cada vez hay más evidencia de la relación entre el optimismo y el envejecimiento saludable (aunque advierte que no está claro cómo influye el optimismo en la salud).

Tras analizar durante 14 años a personas mayores, los responsables de este estudio determinaron que el optimismo parece promover el bienestar emocional porque limita la frecuencia con la que se experimentan situaciones estresantes. Y también observaron que ese estrés puede limitarse simplemente cambiando el modo en que se interpretan esas situaciones estresantes.

La forma de la felicidad

Lo cierto es que esta relación entre optimismo, felicidad y salud lleva tiempo copando el interés de la investigación científica. Como prueba de ello, le invito a leer el texto que escribí hace unos meses sobre “el vínculo secreto entre la salud y la felicidad”.

¿Ahora bien, sabría decirme qué forma tiene esa felicidad?

Sí, sí, ha leído bien.

Resulta que el economista David Blanchflower, profesor de la Universidad de Dartmouth, en Estados Unidos, ha definido la felicidad humana en una curva, como si fuera una U. (2)

Para llegar a esta conclusión, el economista examinó datos sobre la felicidad o la falta de ella de medio millón de personas de 132 países. Estudió sus miedos e inquietudes y también otros factores de los que dependía la infelicidad.

En concreto, Blanchflower preguntó a los encuestados por sus 15 sentimientos menos felices, como la desesperación, la ansiedad, la soledad, la tristeza, la depresión y el nerviosismo, cuáles eran sus fobias y pánicos o qué les provocaba abatimiento y les hacía dormir mal.

También se interesó sobre las causas que les hacían perder la confianza en sí mismos, no poder superar las dificultades, estar bajo tensión y sentirse fracasado, excluido o tenso, además de pensar en uno mismo como una persona sin valor.

Tras analizar todas sus respuestas, el profesor concluyó que cada país tiene una “curva de la felicidad” en forma de U. Es decir, que seríamos más felices al comienzo de nuestras vidas y en la parte final de las mismas, e infelices en el medio.

¿A qué edad se es más infeliz?

Durante su investigación Blanchflower también se preguntó cuál era la edad más infeliz de toda nuestra vida. De entrada, uno podría pensar que esa edad se encontraría en la adolescencia o la vejez, ya que ambas son etapas difíciles…

Pues bien, el economista llegó a la conclusión de que la edad más triste son los 47,2 años en los países desarrollados y los 42,8 en los países en desarrollo.

Las razones de la infelicidad a estas edades concretas pasan por los problemas económicos o de salud. También la crisis de la mediana edad, el posible estancamiento en la carrera profesional que muchas personas padecen o que a esa edad solemos tener una visión más realista de la vida.

Llegados a la mitad de nuestra existencia muchas personas hacemos una valoración de lo que hemos conseguido y de las metas que se quedaron en el camino.

Y es entonces cuando puede producirse una época de tristeza acompañada por la infelicidad, hasta que consigamos reajustar nuestras prioridades y recuperar el optimismo.

¡Un optimismo que tiene premio!, pues nos ayuda a vivir más y mejor.

Fuentes

(1) Rosalba Hernandez, Thanh-Huyen T. Vu, Kiarri N. Kershaw, Julia K. Boehm, Laura D. Kubzansky, Mercedes Carnethon, et al. «The Association of Optimism with Sleep Duration and Quality: Findings from the Coronary Artery Risk and Development in Young Adults (CARDIA)». Behavioral Medicine.
(2) David G. Blanchflower, 2020. «Unhappiness and Age,» Journal of Economic Behavior & Organization.

Imagen: Jasmine Carter


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