Se lo digo directamente: compensar la totalidad de los excesos con la comida haciendo ejercicio es sencillamente IMPOSIBLE.

Nuestro cuerpo es una máquina ultraeficaz que, al moverse y realizar ejercicio físico, no consume más que una cantidad de energía irrisoria. A su lado, los coches híbridos, por ejemplo, parecen un juguete.

Por ejemplo, ¿ha practicado usted remo alguna vez? En él, encogido en una estrechísima embarcación, hay que empujar con las piernas y tirar con los brazos como un loco para conseguir mover dos enormes remos, como un condenado a galeras de antaño.

Es un deporte muy noble, y la sensación de deslizarse en el agua resulta muy estimulante, pero es absolutamente agotador. No es raro ver a los remeros vomitar por la borda hasta el fondo de sus entrañas después de una carrera que dura apenas unos minutos.

Sus miembros tiemblan y la respiración se les entrecorta mientras sus manos no es raro que sangren y su cuerpo chorrea de sudor.

Y, sin embargo, ¿sabe cuántas calorías se queman en nada menos que una hora entera practicando remo, algo que sin duda muy pocos serían capaces aguantar? Dependiendo del peso (cuando más pesada es una persona más calorías consume), únicamente entre 550 y 650 kcal. O lo que es lo mismo, el equivalente a una hamburguesa con queso.

Pero créame que hay cosas todavía peores…

Los cálculos reales de las calorías

En 2015 se dio a conocer un estudio inglés del que la prensa habló mucho durante días. Entre sus conclusiones se podía encontrar lo siguiente: (1) (2)

  • Que una sola pinta de cerveza contiene 180 calorías y, por lo tanto, hace falta media hora de aeróbic intenso para quemarla.
  • Que subiendo una cuesta empinada por la montaña con una pesada mochila cargada a los hombros se queman 300 calorías por hora, es decir, el equivalente a sólo dos copas de pastis (un anís típico de Marsella).
  • Que incluso una actividad tan extenuante como extraer carbón de las profundidades de una mina le hará quemar únicamente 350 calorías por hora, poco más que las que contienen dos latas de Coca-Cola (de 139 calorías cada una).

No es lo mismo quemar calorías que quemar grasa acumulada

Cuando se quiere perder peso o simplemente cuidarse, hay que focalizar la atención en quemar la grasa acumulada que se deposita en el tejido adiposo. El problema es que la primera fuente de energía de la que “tira” nuestro organismo cuando realizamos una actividad deportiva son los hidratos de carbono y después (pasados unos 30-40 minutos, depende del nivel de entrenamiento), se empieza a quemar grasa como fuente de energía. Así, no es lo mismo perder “peso” que perder grasa. Este último objetivo es extremadamente difícil.

Hay que tener en cuenta que para perder un kilo de grasa corporal se deben quemar nada menos que ¡8.000 calorías!

Es decir, que para conseguirlo necesitaría hacer algunas de estas actividades:

  • 23 horas de trabajo en la mina.
  • 17 horas saltando a la comba.
  • 10 horas de carrera a pie subiendo escaleras.

Y esto, por supuesto, sin comer absolutamente nada, ya que en caso contrario recuperaría las calorías quemadas.

Adelgazar: comer menos es más eficaz que hacer deporte

Ahora usted ya comprende el principio: por un lado, la comida aporta calorías con una facilidad abrumadora; por el otro, el ejercicio físico las consume sólo parcialmente.

¿Qué supone un plato preparado y poco nutritivo, como por ejemplo 400 g de unas alitas de pollo con salsa de mostaza?

Pues una bomba de 620 calorías.

¿Y un paquetito de 100 g de cacahuetes fritos y salados?

Otra bomba de nada menos que 630 calorías.

¿Y una pequeña chocolatina, apenas suficiente para tapar un pequeño agujero en el estómago a media mañana?

Una nueva bomba, en este caso de 150 calorías.

El lado bueno de las cosas

Soy consciente de que todo esto puede parecer desesperante, pero hay que ver el lado positivo.

Los seres humanos fuimos concebidos para explotar al máximo las fuentes de alimento de la naturaleza, logrando sobrevivir durante el mayor tiempo posible con lo mínimo indispensable y en un medio hostil.

Me refiero a comiendo apenas unas bayas, una raíz, un insecto, una babosa o un molusco aquí o allá mientras luchábamos contra la lluvia a la intemperie y soplaba la ventisca. Y siendo capaces de correr durante horas persiguiendo a otros animales a través de barrancos y bosques, hasta que nuestras presas caían rendidas por el agotamiento y se dejaban atrapar.

También había que cargar sobre la espalda a los niños, las tiendas y los útiles indispensables para la vida nómada (armas, herramientas…), los cuales, en una época en la que todavía no existían ni Decathlon ni las telas ultraligeras, se elaboraban a partir de pesados cueros y pieles y toscas piezas de madera y piedra tallada.

La consecuencia evidente es que tanto el confort moderno como las profesiones de oficina y, por supuesto, la superabundancia de comida, han hecho engordar de forma general a la población. Y el sobrepeso y la obesidad aportan a su vez toda una comitiva de complicaciones, entre ellas la diabetes y la artrosis.

La principal solución (y prácticamente la que única que existe) es, por lo tanto, comer menos. Lógicamente, hacer ejercicio también es muy recomendable (por no decir obligatorio), pero yo le pediría que no se hiciese falsas ilusiones al respecto.

En lo relativo a los kilos de más, el papel que juegan la comida y la bebida (y sobre todo reducir las bebidas azucaradas y alcohólicas) tiene un peso de entre un 80 y un 90%, en comparación con el 10 ó 20% que supone, como mucho, el del deporte.

Trabajar sobre el sentido de la vida

Evidentemente, privarse de comer no es algo sencillo. De hecho, es casi imposible, ya que la comida es lo que nos mantiene vivos tanto física como anímicamente.

Y es que a menudo comemos porque el mundo es duro y comer es una forma simple e inmediata de procurarse un pequeño placer. Aunque no lo hagamos de forma consciente, estas son las ideas que hay detrás de muchas de las situaciones ligadas a la comida:

  • “Me siento mal, pero seguro que con este paquete de patatas fritas veo las cosas de otro modo, ¡al menos mientras me lo como!”.
  • “Si estoy triste, una buena chocolatina lo soluciona en un pispás”.
  • “Cuando estoy estresado necesito llevarme un caramelo a la boca”.
  • “¡Qué aburrimiento…! Voy a ver si pico algo”.

Y así, un larguísimo etcétera.

En estas condiciones, fijarse como meta ingerir menos calorías no lleva a ninguna parte. La tentación siempre será más fuerte.

Reorganizar la vida

Para atacar el mal de raíz debe reordenar su vida en base a un plan concreto y efectivo que le ayude a sentirse mejor, más feliz y más distendido, y al mismo tiempo menos preocupado y angustiado.

Es ahí cuando el problema de la comida deja de ser un problema. Desde el momento en que no se necesitan los alimentos como “muleta” emocional para afrontar el día a día resulta más fácil comer sólo aquello que nuestro cuerpo realmente necesita para funcionar.

Y, además, en ese punto comer se convierte de nuevo en un verdadero placer, ya que deja de asociarse a la culpabilidad.

Lo que hoy le propongo es llevar a cabo una reflexión profunda acerca de por qué y para qué vive. O lo que es lo mismo: aprender a retomar el camino sabiamente a pesar de las malas elecciones profesionales, educativas, matrimoniales, familiares… que se hayan podido hacer o por las complicaciones concretas que uno atraviese en un momento dado.

Esto puede implicar mudarse a un entorno más tranquilo, soleado y con menor nivel de contaminación. O cambiar de profesión.

Sé que un cambio de trabajo puede suponer ganar algo menos de dinero, al menos en un primer momento. Pero si usted encuentra un puesto que le haga más feliz lo más probable es que alcance un mayor éxito y que a ello le siga un aumento en su remuneración.

También dispondrá de más ilusión, ganas y tiempo para ocuparse mejor de sus hijos y su familia y para pasar buenos ratos con amigos y vecinos.

Y así, poco a poco, a medida que la vida va encontrando su propio sentido, empezamos a comer menos, más sano y, “milagrosamente”, nos vamos acercando a nuestro peso normal casi sin darnos cuenta.

Fuentes:

  1. QUESTION DU JOUR. Combien y a-t-il de calories dans un verre d’alcool ? Lise Loumé. Sciences et Avenir. 04.11.2014.

          1 mojito = 7 bières pression = combien de burgers ? Le guide pour tout savoir des équivalents caloriques de vos              boissons préférées. Atlantico.fr. Nov. 2014.

  1. Introducing calorie labelling for alcoholic drinks. Royal Society for Public Health (Vision, Voice and Practice).