¿El infiel nace o se hace? ¿Puede solo la voluntad asegurar la fidelidad en una pareja que apuesta por la monogamia, o fuerzas internas empujan hacia una vida más licenciosa?

A estas preguntas han intentado dar respuesta científicos de la Universidad de Austin (Estados Unidos) (1), que han indagado en los genes de ciertos animales buscando patrones genéticos que explicaran sus distintos comportamientos en cuanto a su relación con el sexo opuesto.

Analizaron pares de especies de vertebrados que, siendo muy parecidas entre sí, una de ellas es monógama y otra no. Entre los monógamos estaban los topillos de la pradera (caso paradigmático de animal fiel y entregado a la pareja y la familia), el ratón californiano, el ave bisbita alpino, una rana venenosa y un pez africano. Todos ellos son básicamente monógamos y comparten la responsabilidad en la crianza de la descendencia.

En el lado de los promiscuos estaba el topillo de la montaña, el ratón ciervo, el acentor común, otro tipo de rana venenosa y otro de pez africano, parecidos a sus “primos” monógamos pero de vida mucho más disoluta. De hecho los machos solo se preocupan de aparearse a diestro y siniestro y se desentienden de las crías.

¿A qué conclusiones llegaron? Pues que pese a tratarse de especies muy distintas (roedores, ranas, pájaros…) en los cerebros de los machos monógamos se producía una expresión distinta de una misma serie de genes (24 de ellos) respecto a los machos infieles. Es decir, que parece que ciertas variaciones en esos genes pueden hacer que un individuo tenga una mayor tendencia a la fidelidad o a la poligamia, puesto que hay un código subyacente común que marca la monogamia de los vertebrados.

Nota de Salud en 1 minuto: Hay que tener en cuenta que este estudio se ha llevado a cabo analizando los cerebros de animales macho de las especies estudiadas y no puede extrapolarse sin más a humanos. Pero una vez más se demuestra que nada escapa a la genética. Esta, junto a la epigenética, que son los mecanismos que regulan la expresión de los genes, estableciendo por tanto la relación entre las influencias genéticas y ambientales, dominan en gran medida la vida y el comportamiento de todos los seres vivos.

 

Fuentes:

  1. Conserved transcriptomic profiles underpin monogamy across vertebrates Rebecca L. Young, Michael H. Ferkin, Nina F. Ockendon-Powell, Veronica N. Orr, Steven M. Phelps, Ákos Pogány, Corinne L. Richards-Zawacki, KyleSummers, Tamás Székely, Brian C. Trainor, Araxi O. Urrutia, GergelyZachar, Lauren A. O’Connell, Hans A. Hofmann Proceedings of the National Academy of Sciences Jan 2019, 201813775; DOI:10.1073/pnas.1813775116.