“Parece ser que alrededor del mundo no queda árbol o arbusto o delicada flor silvestre que no haya sido recolectado, destilado y embotellado. ¿Botánicos alcoholizados? Si consideramos el papel que han tenido a la hora de crear las mejores bebidas del mundo, es un milagro que haya algún botánico sobrio”.

Quien así habla con tanto humor es Amy Stewart, escritora estadounidense conocida por sus libros y sus divertidas charlas sobre horticultura. Y también por su afición por las plantas venenosas (tiene un jardín lleno de ellas).

La otra noche mis íntimos amigos y yo celebramos nuestra típica cena de estas fechas navideñas, con entrega de regalos incluida. Y cómo se nota que me conocen bien, porque me regalaron el libro de Amy Stewart del que está sacada la cita, Botánica para bebedores. Las plantas que han dado origen a las mejores bebidas del mundo. Es un libro tan hilarante y erudito a partes iguales que desde que desde que abrí el envoltorio no pude dejar de leerlo.

Se trata de un largo brindis entre las plantas y la bebida en el que la autora explora la historia botánica y la fascinante química que hay detrás de más de 150 plantas, flores, árboles y frutas que han dado lugar a las bebidas y cócteles más famosos del mundo.

Toda gran bebida empieza con una planta

Qué sería del Martini clásico sin la ginebra (hecha a base de bayas de enebro, cardamomo, coriandro, hinojo, hojas de laurel, lavanda y piel de cítricos, entre otros),  del Manhattan sin su whisky de centeno y su toque final de cereza marrasquina o del Daiquiri sin su ron de caña de azúcar y un chorrito de zumo de lima recién exprimido.

Todas las bebidas alcohólicas, desde el vino más exquisito, el cóctel más creativo o la cerveza más refrescante tienen su origen en una o dos variedades de hierbas distintas que le aportan su personalidad, su aroma y su sabor y las hacen únicas.

La inspiración para este libro, según cuenta la propia Stewart, surgió en una convención de autores de libros de jardinería en Portland (Oregón, Estados Unidos). La autora estaba en el vestíbulo del hotel con un experto en agaves y cactus de Tucson (Arizona, Estados Unidos), al que acababan de regalar una botella de Aviation, una ginebra local con la que no sabía qué hacer, dado que no era bebedor de ginebra.

Amy sí sabía qué hacer. “Conozco la receta de un cóctel que conseguirá que te enamores de la ginebra”, le retó. “Necesitaremos jalapeños frescos, un poco de cilantro, unos tomates cherry…”.

“¡Basta! Me has convencido. Nadie nacido en Tucson puede resistirse a un cóctel que lleve jalapeños”.

A partir de ese momento la autora y el experto en cactus pasaron la tarde buscando los ingredientes por la ciudad, mientras Stewart aleccionaba a su acompañante sobre las muchas virtudes de la ginebra en unos términos irresistibles para quienes de verdad aman las plantas.

Mira los ingredientes. ¡Enebro, una conífera nada menos! Coriandro, el fruto de la planta del librante. Todas las ginebras llevan además pieles de cítricos, y esta lleva también capullos de lavanda…”.

Cuando llegaron a la tienda de licores, se quedaron extasiados. Donde otros solo ven bebidas alcohólicas, ellos veían pura horticultura, un invernadero maravilloso, un jardín botánico exótico y frondoso.

¿Bourbon? Zea mays, una planta de largo tallo.

¿Absenta? Artemisia absinthium, una hierba mediterránea.

¿Vodka polaco? Solanum tuberosum, procedente de la patata.

Esa noche, mientras firmaban libros en la caseta de su editorial, el experto en cactus y Amy Stewart iban cortando chiles y picando cilantro, preparando los ingredientes del Gin Tonic Mamani, cuya historia se encuentra en la página 275 del libro.

¿Sabía que el gin tonic nació para mejorar el sabor de una medicina? Se añadió un chorrito de ginebra para enmascarar el sabor de la quinina, el ingrediente medicinal que se extrae de la corteza de la chinchona y da sabor a la tónica, que se usaba como medicina contra la malaria.

De hecho, el Gin Tonic Mamani se bautizó así en honor de Manuel Inca Mamani, el hombre que lo perdió todo, incluso su vida, al intentar llevar semillas de quinina desde la selva de Bolivia a Gran Bretaña.

Firmando libros, picando rodajitas de jalapeños y hablando de las variedades del género Cinchona spp fue precisamente cuando Stewart concibió la idea de escribir Botánica para bebedores, el libro que tanto me ha entretenido e ilustrado estos días.

Más que un libro es una enciclopedia de botánica (hierbas y especias, flores, árboles, frutas, frutos secos y semillas) y de procesos alquímicos (fermentación, destilación), además de una divertidísima clase de historia, un completo recetario de fantásticos cócteles y grandes consejos para cultivar las plantas necesarias en tu propio jardín.

Por cierto, según la autora, aquella noche en Portland el Gin Tonic Mamani fue un auténtico éxito entre los autores de libros de jardinería.

Para que no se quede con ganas de probarlo aquí va la receta.

Receta del Gin Tonic Mamani

Ingredientes:

  • 45 ml de ginebra (Aviation o Hendrick´s).
  • 1 jalapeño (o si se prefiere, un pimiento menos picante) sin las semillas y el centro, cortado a rodajitas.
  • 2 ó 3 ramitas de cilantro fresco o albahaca.
  • 1 pepino (dos trozos: uno grande y uno más delgado a modo de bastoncito para agitar).
  • Tónica de calidad (una marca que no lleve jarabe de maíz con un elevado porcentaje de fructosa), como Fever-Tree o Q Tonic.
  • 3 tomates cherry rojos o naranjas.

Preparación:

En una coctelera, mezcle la ginebra con dos rodajitas de jalapeño, una ramita de cilantro y el trozo grande de pepino.

Llene un vaso highball con hielo y ponga encima 1 ó 2 rodajitas de jalapeño, una ramita de cilantro y el palito fino de pepino.

Cuele la ginebra y viértala encima del hielo. Llene el vaso con agua tónica y decórelo con los tomates cherry pinchados en un palillo.

¿Se anima a probarlo?

Si este libro cae en manos de un botánico, dice su autora que espera que le anime a organizar una fiesta con cócteles, y si cae en manos de un barman, que le convenza para que monte un pequeño huerto o una jardinera en la ventana.

Por mi parte, también se lo recomiendo simplemente para disfrutar de una buena, ilustrada y divertida lectura, y para profundizar aún más en el fascinante mundo de las plantas.

Aunque siempre le aliento a beneficiarse del increíble poder curativo de las plantas, hoy le animo a adentrarse en la rica, compleja y deliciosa vida de las plantas que se encuentran en el interior de todas esas botellas que hay detrás de la barra del bar.

Fuentes:

  1. Botánica para bebedores (The Drunken Botanist). Amy Stewart. Editorial Salamandra. 

Imagen:

  1. Terrence McNally [CC BY 2.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons