Cuando nos cuestionamos cómo es nuestra personalidad, una de las primeras preguntas que nos surgen es: “¿Soy una persona extrovertida o introvertida?”.

En realidad todos combinamos un poco de ambas formas de ser, aunque lo cierto es que cada uno se sitúa en un punto muy concreto de la línea que separa la una de la otra.
El problema está en cómo entendemos cada una de estas características.

Por lo general describimos a la persona introvertida como tímida, retraída, callada… Y en cambio a la persona extrovertida la tildamos de social, abierta, simpática y agradable.

Hay quien seguramente imagina que el introvertido prefiere pasar la tarde del domingo solo, mientras que el extrovertido prácticamente no para en casa y se divierte sin parar.

Estoy exagerando un poco, claro.

Pero lo que quiero que vea es que la forma que tenemos de asociar ideas nos lleva rápidamente a pensar que ser extrovertido es la forma “correcta” de ser. Y que en cambio ser algo reservado es más una limitación que otra cosa.

Esto es algo evidente en una sociedad como la nuestra, en la que se valoran especialmente las actividades grupales, los deportes de equipo, etc.

Ser introvertido llega incluso a asimilarse en algunos casos a ser un “perdedor”, a no tener amigos.

Sin embargo, lo cierto es que las cosas son mucho más complicadas y, afortunadamente, también muchísimo más positivas.

Los introvertidos obtienen energía de su interior

Los términos “introversión”-“extraversión” fueron acuñados por el psicoanalista suizo Carl Jung en su trabajo de 1921 Tipos psicológicos.

Hablando con miles de pacientes, observándolos y analizándolos, Jung se dio cuenta de que hay personas que obtienen su energía principalmente de estímulos externos (el ruido en la calle, la gente que pasa, una historia que se les cuenta…).

En cambio, otras parecen tener, dentro de sí mismas, una fuente misteriosa de energía que les proporciona ricas sensaciones, imágenes, pensamientos y sueños de todo tipo, siempre provenientes de su interior.

Hay varios ejemplos que demuestran esto: por un lado, cuando se le pide a alguien que dibuje algo concreto ciertas personas buscan inmediatamente un modelo o referente que copiar en su entorno, mientras que otras se enfocan, cierran los ojos, se dan un momento y entonces se ponen a dibujar.

Es decir, que buscan la fuente de creatividad dentro de sí mismas.

Y lo mismo sucede con la música: algunos intérpretes necesitan escuchar a otros, ir a espectáculos y usar lo que han visto y oído para producir cosas nuevas.

Otros, en cambio, parecen tener un verdadero manantial en su corazón del que brotan notas, acordes y melodías.

Se cuenta que Mozart decía tener una “voz” en su cabeza que le dictaba sus composiciones. ¡Todo lo que tenía que hacer era tomar una pluma y escribir las notas que escuchaba!

El inconsciente colectivo

Carl Jung estaba absolutamente intrigado por esta diferencia.

Y, como puede imaginar, no eran las personas que extraen su energía del mundo exterior -a quienes denominó “extrovertidas”- las que más llamaban su atención.

¡Todo lo contrario!

Estaba fascinado por aquellos seres “introvertidos” que parecían tener un auténtico universo en su interior.

¿Cómo era posible que un ser humano encontrase, dentro de sí mismo y no en el mundo que lo rodeaba, intuiciones, imágenes, ideas, formas, músicas…? ¿De dónde venían? ¿Cuándo aparecían?

Al analizar todo esto fue cuando Jung se interesó por el “inconsciente colectivo”; es decir, el conjunto de imágenes (arquetipos) que existen en nosotros sin que tengamos que aprenderlas y que compartimos con los miembros de nuestra sociedad y, en general, de nuestro tiempo.

Esto sería lo que alimenta a la persona introvertida y le da sus fabulosas intuiciones.

Dejar atrás la vergüenza

A pesar de su gran fuerza interior, las personas introvertidas a menudo no entienden qué les sucede y tienen miedo de hablar de ello.

De hecho, suelen considerarse a sí mismas “extrañas” e incluso se avergüenzan de ser así; de tener todas esas fantasías y ensoñaciones que sienten que no las llevan a ningún lado…

Lo peor es que pueden incluso desaprovechar todo su potencial por culpa de esto. ¡Y eso es un error fatal!

Todo lo que sucede en nuestro “mundo interior” puede considerarse real, incluso si nadie más puede verlo o tocarlo.

Es de enorme importancia para nosotros porque es lo que finalmente determina nuestras acciones.

Y eso por no hablar de que cualquier cosa que hoy es tangible en el mundo que nos rodea, un día existió únicamente en la cabeza de una sola persona.

Un puente, por ejemplo, debe tomar forma primero en la mente de un ingeniero. Y esa imagen mental es tan útil y relevante como las piedras y el cemento que se utilizarán luego para construirlo.

Los introvertidos no son más tímidos que otros

Otro error común es asociar la introversión a la timidez. Sin embargo, que la energía de una persona provenga de su interior no implica en absoluto que la persona tenga dificultades para relacionarse con los demás.

Por el contrario, es muy posible que una persona extrovertida sea en realidad tímida, por lo que necesita una “fachada”.

Las personas introvertidas, en cambio, tienden a crear vínculos más profundos y amistades más fuertes y duraderas con los demás.

El introvertido suele saber escuchar porque la más mínima palabra provoca en él resonancias con su mundo interior. Además, es menos probable que cometa errores en la interpretación.

Y por supuesto una persona rica y compleja también tiene más que ofrecer a quien hace el esfuerzo de conocerla…

Entonces, ¿por qué se tiende a valorar más a los extrovertidos?

Como hemos visto, no se puede negar que los extrovertidos suelen ser más valorados socialmente y que, por tanto, son ellos quienes cosechan más éxitos.

Cuando una empresa busca a un director por lo general quiere a alguien carismático y con “don de gentes”.

El hecho de “conocer” a muchas personas, por ejemplo, se considera en sí mismo importante, si bien nadie se pregunta si estas relaciones son profundas, auténticas o superficiales.

Puede que se trate de una moda. Pero en cualquier caso es importante que nadie cometa el error de confundir introversión con un defecto o un problema, dado que como hemos visto resulta un activo de gran importancia para la Humanidad.

Absolutamente todas las personalidades, cada una de ellas irrepetible, tiene ventajas y desventajas. Todas aportan. Y en realidad no hay ni una sola razón para que alguien desee ser diferente de cómo es.

¡A su salud!

P.D.: Otra forma muy interesante de conocerse un poco más es descubrir qué tipo de perfil hipocrático tiene cada uno. Esto puede enseñar mucho acerca de cómo se es, pero también de las enfermedades y problemas de salud que uno tiende a sufrir. ¿Aún no conoce el suyo? Descúbralo ahora mismo con este TEST gratuito de perfil hipocrático.