Desde los albores de la Humanidad los pueblos europeos siempre han celebrado los solsticios, incluido el de primavera, como fechas sagradas en las que es necesario realizar rituales de purificación (lo que hoy se conoce popularmente como una “cura détox”).

Y, aunque estas tradiciones se fueron abandonando en gran medida con el paso del tiempo (¡enorme error!), cada vez son más quienes comprenden la importancia de recuperarlas.

En un mundo como el que vivimos, plagado de microplásticos y con un nivel de contaminación ambiental abrumador, estas curas depurativas se vuelven cruciales (y en primavera particularmente, como está a punto de ver).

Y eso por no hablar de que este año las sobrecargas emocionales que ha provocado la pandemia han envenenado nuestro cuerpo y nuestra mente, siendo más necesario que nunca descargar y aliviar el organismo en su conjunto.

Por eso hoy va a conocer las claves para hacer una depuración primaveral que le ayude a reforzar su organismo de cara a la nueva estación.

La gran limpieza de la primavera

Invariablemente, año tras año el invierno nos pone a prueba. El frío y los días más cortos nos hacen pasar menos tiempo al aire libre, exponiéndonos menos al sol. Pero también nos obligan a seguir unos hábitos más sedentarios, a comer más…

Además, durante los meses más crudos del año los virus y bacterias circulan por doquier y atacan de forma constante a nuestro sistema inmunitario (este año el coronavirus SARS-CoV-2 en particular).

Como resultado de todo esto, nuestro cuerpo se satura.

Y por eso la llegada de la primavera es el momento propicio para hacer un “reseteo” en el conjunto del organismo.

El objetivo es depurar todo lo malo, eliminar las sobrecargas y las congestiones y ayudar al cuerpo a empezar de cero cargado de energía y de buena salud.

Un vistazo a los emuntorios, la “vía de escape” del organismo

Los emuntorios son órganos encargados de la eliminación de las sustancias de residuo que acumulamos en el organismo. En otras palabras: son el “desagüe” del cuerpo.

Este grupo lo componen el hígado, los intestinos, los riñones, los pulmones y la piel, y cada uno de ellos juega un papel clave en el correcto funcionamiento de todo el organismo.

Por eso, cuando uno o varios de ellos se congestionan, los signos son muy visibles.

Esas pistas que nos indican dónde y cómo actuar. Y es necesario conocerlas muy bien.

Pero antes de nada analicemos por otro aspecto importante:

¿Cómo son las toxinas que bloquean los órganos?

Los desechos que pueden colapsar el organismo son de dos tipos: coloides y cristaloides.

Los primeros se deben a un exceso de glúcidos (pastas, arroz, pan…), especialmente cuando se consumen harinas y cereales blancos, muchos lípidos, azúcares refinados y un exceso de productos lácteos. Estos alimentos son lo que se conoce popularmente en naturopatía como “venenos blancos”.

Las sobrecargas coloidales se manifiestan en trastornos que “fluyen” (es decir, en los que los desechos se eliminan) y que no duelen (o lo hacen rara vez y muy poco):

  • Mucosidad.
  • Esputo.
  • Bronquitis.
  • Eccemas.
  • Acné.
  • Estreñimiento o diarrea.
  • Y, en el caso de las mujeres, secreciones vaginales blancas y abundantes.

Por su parte, la presencia de cristaloides está relacionada con el estrés, el insomnio, la falta de descanso… Pero también con consumir demasiados azúcares y proteínas que hiperacidifican el cuerpo.

Esa acidez lleva al organismo a tener que extraer minerales no solo de los alimentos, sino también de las reservas que posee. Es decir, de todo el sistema osteoarticular (que también comprende dientes, uñas, cabello y piel, entre otros).

Pues bien, esa desmineralización provoca a su vez la formación de cristales.

Cuando eso sucede -y se da una sobrecarga cristaloide-, aparecen trastornos dolorosos y en los que los desechos se estancan. En realidad, se corresponden con inflamaciones; es decir, por lo general todas aquellas dolencias acabadas en -itis: artritis, colitis, gingivitis…

La pareja “hígado-intestinos”

El hígado, los intestinos y los pulmones son los encargados de eliminar los desechos mucosos, mientras que los riñones eliminan los residuos cristaloides. La piel, por su parte, es capaz de desechar ambos.

Sin embargo, se considera que los órganos emuntorios más importantes en los procesos de depuración son el hígado y los intestinos.

El primero filtra nada menos que nuestro volumen total de sangre ¡hasta 500 veces al día! Es decir, un total de 2.500 litros diarios.

Pero como ha visto está especializado en particular en la eliminación de coloides, los cuales expulsa a través de la bilis.

La bilis, una vez almacenada en la vesícula biliar, se vacía en el intestino delgado. Por tanto, es este último el que realmente se encarga del paso final en la eliminación de estos elementos.

En general todo el intestino juega un papel fundamental en la evacuación, dado que en él convergen todos los residuos de los demás órganos (hígado, páncreas, vesícula…).

Todo lo que necesita ser excretado pasa finalmente a través del colon en forma de heces.

Ahora bien, además de lo ya visto por el colon también se eliminan células muertas del revestimiento intestinal, metales pesados…

En definitiva, todo esto permite hacerse idea de hasta qué punto, cuando se vive en un entorno muy tóxico o la alimentación no es la más adecuada, los intestinos pueden convertirse en un auténtico vertedero.

Eso es crucial porque en los intestinos también se encuentra la microbiota: esa flora bacteriana repleta de microbios “amigos” del organismo que, por sí sola, garantiza hasta ¡el 75%! de la función inmunitaria.

De hecho, también asegura el 90% de la asimilación de nutrientes y sustancias beneficiosas y, en su conjunto, representa cerca de 200 m2 de superficie de absorción.

Una sobrecarga de residuos en los intestinos puede debilitar esa microbiota y volverla vulnerable ante la proliferación de bacterias malas, lo que debilita enormemente el cuerpo frente a la acción de los agentes patógenos.

¿Ve ahora dónde quiero llegar? En un contexto de pandemia como el que vivimos, no podemos permitirnos que una congestión hepática o intestinal desbarate por completo nuestro sistema inmunitario.

Y por eso la cura desintoxicante es más necesaria que nunca esta primavera.

Cuando el hígado y el intestino envían señales de alarma

En concreto, deberían hacerle sospechar que su hígado está pidiendo auxilio los siguientes síntomas:

  • Náuseas.
  • Pesadez y trastornos digestivos.
  • Alternancia de diarrea y estreñimiento.
  • Mareos.
  • Dolores de cabeza.
  • Urticarias.

Y en el caso de que sean los intestinos los que necesiten ser drenados, suelen aparecer:

  • Gases y flatulencias.
  • Eructos.
  • Dolores abdominales.
  • Una notable desaceleración en el tránsito intestinal.
  • También náuseas.
Si experimenta varios de estos síntomas de forma recurrente, no hay duda: una cura de drenaje le ayudará a eliminar las toxinas que se han acumulado en sus emuntorios y a encontrarse mucho mejor.

Todo comienza en el plato

Para aliviar el hígado y los intestinos es imperativo eliminar los anteriormente denominados “venenos blancos”, que favorecen la producción de coloides. Como ha visto, se trata del azúcar blanco, las harinas blancas y el exceso de lácteos. Pero en general también conviene evitar los ultraprocesados y un consumo de carne, de grasas animales y de alcohol demasiado alto.

Si tiene problemas de tránsito priorice los alimentos ricos en fibra como las legumbres (lentejas, garbanzos, habas…) y verduras como el repollo, los espárragos, las judías verdes, las espinacas, etc.

Y también le convendrá consumir frutos deshidratados, como por ejemplo dátiles, ciruelas pasas, orejones…

Estos pequeños cambios le ayudarán a reequilibrar la flora intestinal y a abrir sus órganos emuntorios para permitir al cuerpo eliminar las cargas excesivas que puedan haberse almacenado en ellos.

Pero además a esto deberá sumarle una cura a base de plantas drenantes.

Hierbas para descargar el sistema hepatobiliar y los intestinos

Entre las plantas que más ayudan al hígado y a la vesícula biliar en concreto, destacan:

  • El rábano negro.
  • El cardo mariano.
  • El romero.
  • La alcachofa.
  • El boldo.
  • La achicoria silvestre.
  • La fumaria.
  • El diente de león.

Por su parte, entre las hierbas que más apoyan la desintoxicación de los intestinos, ayudando también al reequilibrio de la flora intestinal, pueden remarcarse las siguientes:

  • El malvavisco.
  • El tomillo.
  • El anís.
  • El hinojo.
  • El comino.
  • Las semillas de lino.

Haciendo uso de ellas bien en infusión bien en forma de extracto y en una cura de unas semanas, logrará un drenaje potente que dé un impulso a sus defensas y a sus niveles de energía.

Elija la o las que más le convenzan por su sabor y porque mejor le sientan. ¡Nadie mejor que usted conoce su cuerpo!

¡A su salud!