Rico en antioxidantes, vitaminas y minerales, el chocolate negro es famoso por ser un alimento que permite combinar el deleite con el cuidado de la salud.

Pero ¿es tan beneficioso como se dice? ¿Y para todo el mundo por igual? Hoy trataré de dar respuesta a estas preguntas.

¿Más inteligentes por comer cacao?

El Dr. Franz Messerli, de la Universidad de Columbia, decidió hace años investigar el vínculo existente entre el consumo de chocolate y la inteligencia, constatando así que los países donde se consume más chocolate son también los que tienen el mayor número de premios Nobel. (1)

Sin embargo, lejos de establecer una relación de causa-efecto (ya que ambos hechos son más bien el reflejo del nivel socioeconómico de un país), con su investigación ilustró con perfecta claridad otro hecho: que el chocolate no solo está considerado un placer para el paladar, sino que además posee enormes beneficios para la salud.

En este sentido, los granos de cacao (Theobroma cacao) incluyen numerosas moléculas muy interesantes, como por ejemplo flavonoides (con propiedades antioxidantes que reducen los riesgos cardiovasculares y mejoran la función cognitiva), vitaminas de los grupos A, B y E, minerales, etc.

Ahora bien, para sacar un mayor partido de sus beneficios y a la vez limitar el consumo de azúcares, lo mejor es optar por un chocolate negro con alto contenido en cacao, en lugar de chocolate con leche o chocolate blanco.

Además, hay que tener en cuenta que entre los centenares de moléculas beneficiosas que componen este manjar, algunas pueden llegar a tener efectos indeseables sobre el organismo. Veamos en qué ocasiones:

Acción estimulante… ¡hasta llegar al insomnio!

Cualquier persona con problemas para conciliar el sueño sabe que tomar un café por la tarde es garantía de no quedarse dormido hasta bien entrada la noche. Sin embargo, lo que no es tan conocido es que, si después de cenar se toma una mousse de chocolate negro, le sucederá lo mismo.

Y es que el cacao contiene cafeína (86 mg por cada 100 g), así como una molécula de estructura parecida, la teobromina (632 mg por cada 100 g).

Estas metilxantinas son alcaloides que utiliza la planta del cacao para defenderse de los insectos, pero también producen un efecto fisiológico en el ser humano, ya que estimulan el sistema nervioso.

En otras palabras: el chocolate también puede alterar el sueño.

En concreto, tomarse dos barritas de 20 g de chocolate negro aporta 34 mg de cafeína y 126 mg de teobromina; es decir, tiene un efecto más estimulante que el de un café.

Así que ya lo sabe: si tiene problemas para dormir, ¡nada de tomar chocolate por la tarde!

Acidez de estómago

Las mismas moléculas del chocolate que pueden llegar a provocar insomnio pueden también afectar seriamente a las personas que sufren reflujo gastroesofágico (acidez de estómago).

En esta patología, el esfínter presente en la unión entre el esófago y el estómago queda debilitado y deja de garantizar su función de válvula hermética, lo que permite que el contenido ácido del estómago suba hasta la parte superior del tubo digestivo, produciendo irritaciones y dolores.

Pues bien, las metilxantinas que contiene el chocolate acentúan este problema, al provocar una relajación del esfínter esofágico, por lo que ante este problema conviene evitarlo para que los síntomas no se acentúen.

¿Y el acné?

Es un clásico; la razón por excelencia por la que muchas personas se privan del chocolate. Y es que en la década de 1950 en todos los tratados de dermatología que consultaban los médicos se aconsejaba suprimir los alimentos grasos, el chocolate y productos azucarados para acabar con los problemas de acné.

En 1969, en cambio, un estudio puso fin a estas recomendaciones al comparar el efecto que el consumo de barritas de chocolate tenía sobre el acné, en relación con otras barritas elaboradas a base de una mezcla de azúcares, grasas y aroma de chocolate, pero totalmente desprovistas de cacao. (2)

Aquel estudio concluyó que el chocolate no influía en el acné. Ahora bien, sus resultados eran ciertamente discutibles en tanto que no testaron los efectos del cacao puro.

En este sentido, un estudio más reciente dirigido por Caroline Caperton, del Departamento de Dermatología de la Universidad de Miami, aportó un punto de vista más preciso sobre esta cuestión. (3)

En esta investigación 14 hombres con acné de entre 18 y 35 años recibieron cápsulas con un 100% de polvo de cacao puro (unos 170 g), gelatina hidrolizada a modo de placebo o una mezcla de ambos en cantidades variables. Se cuantificó el número de manifestaciones de acné (espinillas, pápulas, pústulas y nódulos) que permanecían visibles 4 días más tarde, así como 7 días después de haber recibido el tratamiento, y los resultados fueron claros.

El acné se había agravado en los participantes que habían tomado cacao, aumentando su intensidad en función de la dosis recibida. En conclusión, las personas cuya piel tiene una tendencia al acné deben evitar el chocolate blanco o con leche, cuyo azúcar favorece la inflamación de la piel, pero también el chocolate negro.

Un antinutriente responsable de los cálculos renales

El chocolate negro también puede favorecer la formación de cálculos renales (las conocidas como “piedras” que se forman en los riñones o la vejiga y que se desplazan por las vías urinarias).

Cuando alcanzan cierto tamaño, la evacuación de estos cálculos mediante la orina se dificulta, originándose unos terribles dolores (el denominado “cólico nefrítico”).

La mayor parte de los cálculos renales son oxalocálcicos, es decir, que están formados por calcio y ácido oxálico. Esta última es una sustancia que surge de manera natural en el organismo en pequeñas cantidades, si bien una parte importante procede de la alimentación y, más concretamente, del consumo de productos de origen vegetal ricos en ácido oxálico.

Pues bien, el chocolate negro es el alimento que contiene la mayor cantidad de este ácido.

Un estudio evaluó las tasas de oxalato (el nivel de sales o ésteres del ácido oxálico) presentes en 34 muestras de chocolate negro procedentes de 13 países diferentes. De media, las muestras contenían 254 mg de oxalato por cada 100 g de chocolate, y el consumo por parte de un grupo de voluntarios de 68 g de chocolate negro (y, por tanto, de unos 172 mg de oxalato) provocó el aumento de en torno a un 2% de oxalato en la orina tan solo 6 horas después. (4)

A su vez, otros estudios habían demostrado con anterioridad que un aumento de la cantidad de oxalato en la orina (hiperoxaluria), aunque limitado, aumenta el riesgo de formación de cálculos renales. (5)

Así pues, también las personas con tendencia a desarrollar cálculos renales deben limitar bastante el consumo de chocolate negro, o incluso evitarlo por completo.

Peligro en caso de enfermedad de Wilson

El chocolate negro es rico en elementos minerales: potasio, fósforo, magnesio, calcio, hierro, zinc… Asimismo, es una buena fuente de cobre, con un contenido de 1,25 mg por cada 100 g de chocolate negro (siendo la ingesta media recomendada en adultos de 1 mg al día).

Este oligoelemento es indispensable para el buen funcionamiento del organismo, al desempeñar un papel importante en la fabricación tanto de proteínas como de glóbulos rojos y en la absorción del hierro. Ahora bien, a pesar de sus beneficios también puede resultar nocivo en las personas aquejadas de una rara patología hereditaria: la enfermedad de Wilson.

Esta patología consiste, precisamente, en la acumulación de cobre en el organismo, que se vuelve tóxico e implica problemas hepáticos, neurológicos y afecciones oculares. La causa es una mala eliminación de este oligoelemento a través de la bilis, con lo que no se evacua el exceso procedente de la alimentación.

El tratamiento de la enfermedad se basa en un agente neutralizador del cobre que favorece su expulsión por la orina y limita su absorción en el intestino. Pero también hay que optar por una dieta que reduzca esos aportes de cobre, y el chocolate negro es uno de los alimentos que sin duda hay que eliminar.

Demasiado aluminio

En un estudio publicado en 2011 se investigó la cantidad de aluminio presente en los alimentos que consumimos habitualmente. Y es que de acuerdo con varios informes la acumulación de este elemento químico en el organismo aumenta sobre todo el riesgo de padecer un cáncer hormonodependiente (de mama o de ovario, por ejemplo). (6)

Aquel equipo de científicos analizó cerca de 1.500 muestras de alimentos y comprobó que, del conjunto de alimentos testados, el polvo de cacao era el que contenía las tasas más altas de aluminio, con una media de 165 mg por kilo.

Pero, ¿de dónde sale ese aluminio?

Es cierto que el sector agroalimentario utiliza numerosos aditivos que lo contienen (colorantes, antiaglomerantes, agentes reafirmantes…), pero eso no es lo que ocurre con el polvo de cacao.

En su caso el aluminio procede del mismo suelo donde crece la planta, ya que esta tiene tendencia a absorber este oligoelemento.

Asimismo, una pequeña parte también puede proceder de contaminaciones durante el proceso de fabricación del chocolate, al utilizarse materiales y utensilios de aluminio.

En un famoso estudio sobre alergias y tolerancias alimentarias, el EAT 2 (Enquiring About Tolerance, en español “preguntando sobre la tolerancia”), se comprobó que el consumo de chocolate negro contribuye en un 5% a la cantidad de aluminio que absorben a través de la alimentación los niños de 3 a 17 años.

El consumo de alimentos ricos en aluminio, sumado a otras fuentes de exposición (agua del grifo, algunos medicamentos como los antiácidos, vacunas, productos cosméticos…), puede aumentar la tasa de aluminio en el organismo.

Consejos para quienes sí pueden tomar chocolate negro

En el caso de que no le afecten los problemas de salud que el chocolate negro puede provocar o agravar, en cualquier caso debe tener en cuenta los siguientes dos factores a la hora de elegir el chocolate que va a consumir:

Tradicionalmente, el chocolate negro era una mezcla de manteca de cacao, azúcar y pasta de cacao. Sin embargo, lo que hoy en día llamamos chocolate negro suele alejarse de esa receta original.

Y es que la ley autoriza que los fabricantes utilicen grasa láctea en lugar de grasa de cacao, lo que les ayuda a disminuir los costes de producción. Pero estas dos materias grasas no tienen en absoluto nada que ver: mientras que la manteca de cacao tiene un aroma sutil y aromatizado con cacao, las grasas lácteas tienen un sabor insípido e industrial. Por lo tanto, escoja calidad y compre solo chocolate negro que no contenga nada más que manteca de cacao.

Asimismo, la mayoría de los fabricantes de chocolate utilizan una sustancia llamada lecitina para facilitar la mezcla de los ingredientes. El 99% de esta lecitina procede de la soja y, a su vez, el 90% de esta lecitina de soja procede de soja OGM (organismos modificados genéticamente). Por tanto, mucho mejor si opta por un chocolate 100% ecológico.

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

 

Fuentes:

  1. Messerli, M.D., Franz H. “Chocolate Consumption, Cognitive Function, and Nobel Laureates”. N ENGL J MED nejm.org. OC., 2012. 
  2. Fulton JE, Plewig G, Kligman AM. “Effect of Chocolate on Acne Vulgaris”.  1969;210(11):2071–2074. doi:10.1001/jama.1969.03160370055011. 
  3. Caperton C. “Double-blind, Placebo-controlled Study Assessing the Effect of Chocolate Consumption in Subjects with a History of Acne Vulgaris”. University of Miami, Miller School of Medicine, Department of Dermatology and Cutaneous Surgery, Miami. 2014 May; 7(5): 19–23. 
  4. Theresa Schroder, Leo Vanhanen, Geoffrey P. Savage. “Oxalate content in commercially produced cocoa and dark chocolate”. Journal of Food Composition and Analysis. Volume 24, Issue 7, 2011. Pages 916-922. ISSN 0889-1575. 
  5. Ita Pfeferman Heilberg, Nestor Schor. “Renal Stone Disease: Causes, Evaluation and Medical Treatment”. Division of Nephrology. Universidade Federal de São Paulo (UNIFESP), São Paulo, SP, Brazil (Arq Bras Endocrinol Metab 2006;50/4:823-831. 
  6. “Informe del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) en relación al posible riesgo del aluminio dietético”. AESAN-2009-11 revista del comité científico Nº 10.