Arranco con una pregunta muy directa, lo sé. Pero si tiene hijos o nietos se habrá percatado de que su generación parece un tanto “obsesionada” con la higiene personal.

Todo son colonias, cremas con exóticos aromas… ¡Es como si el olor natural del cuerpo hubiese sido erradicado de la faz de la Tierra!

Y asimismo desde hace unos años se ha impuesto la tendencia a eliminar meticulosamente todo el vello del cuerpo.

Muchos jóvenes reconocen ducharse 1 ó 2 veces al día, lavándose con champú cada vez que lo hacen y frotándose durante 20 minutos con gel… ¡Como si volviesen a casa después de una dura jornada de trabajo en la mina!

Para mí es algo incomprensible, sobre todo si se tiene en cuenta que también están de moda las barbas (nido como pocos de bacterias), la ropa con agujeros y rasgaduras (que obviamente dejan pasar el polvo y la suciedad en general), los tintes y las uñas sintéticas (muchas veces cargados de tóxicos)…

Y eso, por no hablar de que muchos de ellos fuman, beben alcohol en exceso y consumen kilos de “comida basura” que debería ir, directamente, a la papelera.

Es decir, que parecen auténticos maníacos de la higiene y, sin embargo, apenas reparan en la suciedad que hay dentro de su propio cuerpo…

El organismo también se ensucia

Los alimentos ultraprocesados de los que tanto se abusa en la actualidad contienen azúcares añadidos, ácidos grasos trans, colorantes, glutamato, nitratos, aspartamo y antioxidantes sintéticos, entre otros componentes nocivos.

Pero lo cierto es que los contaminantes no solo están en aquello que nos llevamos a la boca. Hoy en día incluso quienes creen comer sano sufren a causa de los omnipresentes tóxicos.

Si no lo cree, examine su ropa blanca después de un día de paseo por la ciudad. ¡Seguro le sorprende ver la cantidad de suciedad acumulada!

Pues bien, obviamente esa misma mugre pasa al interior de su organismo al respirar, al hablar, al comer…

En concreto, el aire de la mayoría de las ciudades transporta plomo, cadmio y monóxido de carbono en concentraciones tóxicas. Y estos no solo atacan a los pulmones y al sistema respiratorio en general, sino también al hígado y al resto del organismo.

Incluso el agua del grifo contiene fluoruro de sodio y otros tóxicos que pueden causar dolores de cabeza y náuseas. Y el estrés diario también es una fuente de intoxicación del cuerpo al formar radicales libres y acelerar el envejecimiento.

Pero voy a dejarlo aquí. No quiero continuar con este rosario apocalíptico de factores críticos para la salud. Creo que ya ha quedado patente la importancia fundamental de “limpiarse” también por dentro.

Ahora bien, ¿cómo hacerlo?

La mejor aliada “détox”

La porquería acumulada dentro del cuerpo impide que los órganos realicen correctamente sus funciones. Esto provoca problemas de salud como contaminación por metales pesados, problemas digestivos, sobrepeso, fatiga, falta de energía, envejecimiento prematuro, caída del cabello…

Más a largo plazo, también pueden terminar derivando en mutaciones genéticas que aumentan el riesgo de cáncer.

Pero por supuesto la solución no pasa por dejar de respirar o de salir a la calle.

Lo que debe hacerse es una limpieza interior cada cierto tiempo, para lo que es necesario beber mucha agua, realizar ayunos intermitentes y… ¡echar mano de las mejores plantas purgantes!

Hoy quiero hablarle de una en concreto que es endiabladamente eficaz a la hora de desintoxicar el cuerpo: el pasto de trigo (es decir, granos de trigo duros germinados).

Denominada por algunos como “superalimento”, esta planta tiene numerosos nutrientes esenciales para ayudar al cuerpo a deshacerse de esas obstrucciones:

  • 98 minerales (del total de 118 existentes).
  • Vitaminas A, B, C y E.
  • 18 aminoácidos, incluyendo 8 esenciales.
  • Enzimas digestivas.
  • Y hasta ¡un 70%! de clorofila.

Esta última es la sustancia activa más presente y notable del pasto de trigo. Pero ¿por qué?

Redescubriendo el poder de la clorofila

La clorofila neutraliza químicamente los contaminantes acumulados en el cuerpo. De hecho, actúa directamente desintoxicando el hígado e incluso se cree que mejora la oxigenación de la sangre.

Respecto al primero, el pasto de trigo en concreto es excelente para restaurar su vitalidad, siendo el hígado muy sensible a los irritantes, a los “supermicrobios” y a la acumulación de grasa (la explicación reside en que esta planta también contiene colina y magnesio, que previenen los depósitos de lípidos).

En cuanto a la sangre, esta hierba lo que hace es destruir gran cantidad de bacterias anaeróbicas incapaces de tolerar el oxígeno, con lo que permite al plasma regenerarse.

Pero además de todo lo ya visto, la clorofila en general también ayuda a neutralizar los olores, incluso los más resistentes. Si quiere hacer usted mismo la prueba, tome un poco de ajo (es excelente para la salud) y luego 10 g de clorofila. En 20 minutos, ¡el mal aliento se habrá ido!

Asimismo, mejora la digestión, limitando la formación de gases y combatiendo el estreñimiento crónico.

¡Y todo esto en múltiples formatos!

Así, el Dr. Chiu-Nan Lai, de la Universidad de Texas (Estados Unidos), realizó un experimento con zumo de pasto de trigo. En él se observó que esta bebida es capaz de detener las mutaciones genéticas en cultivos celulares (lo que ayudaría a prevenir la formación de tumores).

Por su parte, el Dr. Wattenburg, de la Universidad de Minnesota (también estadounidense), ha demostrado que las sustancias activas que contiene actúan sinérgicamente entre sí y que, de hecho, esa combinación natural es más eficaz que la misma suma elaborada sintéticamente.

8 aminoácidos esenciales

Los aminoácidos esenciales que contiene esta planta son:

  1. Valina, encargada de estimular el cerebro y calmar los nervios.
  2. Triptófano, que enriquece el cabello, la piel y la sangre.
  3. Metionina, que actúa limpiando y regenerando el hígado y los riñones.
  4. Leucina, que mantiene la fuerza muscular.
  5. Treonina, que actúa facilitando la digestión.
  6. Lisina, importante en la lucha contra el envejecimiento.
  7. Fenilalanina, gran ayuda para la glándula tiroides.
  8. Isoleucina, que mejora la quema de grasa por parte del cuerpo.

Cómo consumir el pasto de trigo

Lo mejor es comerlo crudo, nada más arrancado el brote, ya que no se conserva bien una vez cortado (algunas personas lo congelan).

Para tomarlo puede simplemente masticarlo o también extraer su jugo utilizando una licuadora, por ejemplo.

Ahora bien, entre que no obtendrá enormes cantidades de un puñado de brotes y que tiene un sabor realmente fuerte, debería pensar en él más como un elixir que como un zumo propiamente dicho. Es decir, que bastará con que tome poca cantidad cada vez.

No le costará encontrarlo fresco, congelado o ya en forma de zumo en tiendas especializadas. Y es probable que también lo halle en forma de polvo, que es como muchos lo consumen (mezclado en un poco de agua).

Sin embargo, si se anima debe saber que usted mismo podría cultivarlo fácilmente en su propia casa.

Es una planta de interior que no le costará ver crecer: basta con que plante semillas germinadas en un recipiente grande pero poco profundo y lo riegue a diario generosamente -pero sin ahogar las plantas, puesto que se enmohece con facilidad-.

Mantenga la planta en un lugar bien ventilado y, durante los primeros 4 días, proteja los brotes de la luz directa del sol. Una vez pasado ese tiempo, expóngalos a la luz solar.

En solo 7 ó 14 días, la parte superior de los brotes se irá abriendo (a modo de tenedor). Pues bien, ese es el momento de cosecharlo y… ¡listo para consumir!

¡A su salud!

P.D.: ¡ATENCIÓN! Es importante tener en cuenta que durante una cura de desintoxicación pueden sufrirse náuseas, mareos, exceso de transpiración… Es por ello que no se recomienda a mujeres embarazadas y lactantes ni a como a niños pequeños. En cualquier caso, es una herramienta de prevención fantástica que le animo que comparta con todos sus contactos que crea que vayan a agradecer conocerla. Para hacerlo puede reenviarles directamente este e-mail.