Los mejores médicos del mundo lo saben: cultivar la gratitud es un paso enorme hacia la buena salud.

No en vano es una disciplina que se ejercita a conciencia en ciertas corrientes filosóficas y medicinales ancestrales, como por ejemplo el yoga o el Tao.

Y es que la gratitud nos permite conectar con el presente, mejorar la autoconsciencia, combatir los pensamientos rumiantes y las emociones negativas y vivir en paz con el entorno y con nosotros mismos.

En definitiva, nos ayuda a ser más felices y a estar más sanos desde un punto de vista psíquico, tal y como han demostrado numerosos estudios. (1)

Pero ¿solo eso?

Lo cierto es que no.

La gratitud también mejora nuestra salud física

Diversos ensayos en psicología positiva han demostrado el enorme impacto que tiene el desarrollo de la gratitud en la regulación fisiológica del organismo. (2)

En otras palabras: funciona como un optimizador de la salud global de todo el cuerpo.

En concreto las emociones positivas vinculadas a la gratitud actuarían sobre los sistemas endocrino, inmunológico (especialmente a través de un aumento del nivel de inmunoglobulina A) y cardiovascular.

En este último ámbito, de hecho, podrían incluso resultar beneficiosas para tratar la hipertensión y reducir el riesgo de muerte súbita en pacientes con afecciones cardíacas. (3)

Y del mismo modo ayudarían a aliviar algunos trastornos comunes como los dolores de cabeza, de estómago o los problemas relacionados con el sueño.

Eso por no hablar de las afecciones digestivas, vinculado como está el intestino -que se ha llegado a denominar “segundo cerebro”- con la mente y las emociones.

Cómo valorar más las pequeñas cosas

En el último año todos hemos vivido momentos malos, incluso terribles. Pero sin duda la pandemia también nos ha demostrado el auténtico valor de las pequeñas cosas cotidianas, nimias, que antes podrían parecer incluso banales.

Un paseo por el parque, un café con un amigo, una deliciosa comida en compañía de un ser querido… Son cosas que habíamos dado tan por sentado que en algunos casos habían dejado de valorarse.

Y sin embargo se ha demostrado que son las que más se extrañan y se necesitan en el momento de la verdad.

Ahora bien, no hace falta siquiera irse a esos ejemplos. Día a día todos experimentamos sensaciones breves pero muy intensas que son un auténtico regalo para los sentidos.

Simplemente vamos tan rápido o estamos tan cegados por preocupaciones y quehaceres que no les damos la importancia que realmente merecen. Y tampoco las valoramos ni las agradecemos.

Es por todo ello que hoy quiero proponerle un pequeño ejercicio que le ayudará a cultivar la gratitud a diario, permitiéndole vivir esas sensaciones de forma más plena y consciente.

Le aseguro que le ayudará a cambiar el foco y a valorar más esos pequeños regalos que la vida nos ofrece día a día.

Si no me cree, ¡haga la prueba comenzando esta misma noche, antes de irse a la cama!

Coja papel y bolígrafo y…

… anote estas palabras:

  • Vista.
  • Tacto.
  • Gusto.
  • Olfato.
  • Oído.

A continuación, trate de pensar en experiencias que le hayan producido placer hoy, asociándolas a cada uno de los sentidos, y escríbalas al lado.

Puede ser cualquier cosa: el fluir del agua sobre la piel en la ducha, el olor a café por la mañana, el canto de los pájaros, una canción que haya escuchado…

Y no se preocupe si no se le ocurren ejemplos con los que completar toda la lista. Lo importante es que pueda recordar al menos algún evento que le haya proporcionado un momento placentero, independientemente del sentido al que se vincule.

Estoy seguro de que después de hacer este ejercicio, automáticamente se fijará mucho más en esos pequeños detalles que tanto bienestar proporcionan, ubicándolos en una lista mental.

A su vez, eso le hará experimentarlos de forma más consciente, con los cinco sentidos plenamente enfocados en el momento, y de ese modo los apreciará mucho más.

Una “epidemia” de gratitud

Numerosos expertos han demostrado que las emociones positivas, al igual que las negativas, son muy contagiosas. Y por supuesto entre ellas también se incluye la gratitud.

Por un lado, se “contagia” dentro de nosotros mismos, ya que fomenta la propia mentalidad positiva. Por el otro, se extiende a los demás, dado que la alegría resulta muy pegadiza (se ha calculado que estar rodeado de personas alegres aumenta las probabilidades de ser feliz en casi un ¡60%!). (4)

Entonces, ¿qué le pido? Que además de empezar a poner en práctica hoy mismo este ejercicio, comparta este texto con todos sus seres queridos.

Quizá entre todos generemos una “epidemia” que merezca la pena; ¡una de auténtica gratitud y felicidad! ¿Lo imagina?

¡A su salud!