Malas noticias para los fumadores que esperaban alejar los riesgos del tabaco por medio de la nueva generación de cigarrillos. Un estudio presentado en la prestigiosa revista JAMA señala que el dispositivo IQOS (acrónico de “I Quit Ordinary Smoking” o “Dejo el tabaco ordinario”), el primer sistema que calienta el tabaco sin llegar a quemarlo y que se publicitó como una manera más saludable de fumar, no es todo lo beneficioso que parecía.

La culpa la tiene el propio sistema del dispositivo, ya que funciona calentando el tabaco sin que llegue a haber combustión. Los fabricantes del IQOS señalaban que este sistema permitía que el cigarrillo fuera inocuo para la salud, ya que al no producirse la pirólisis el humo que se liberaba contenía menos sustancias tóxicas.

Pero a raíz de este estudio en el que se ha analizado el humo desprendido, se ha descubierto que en realidad contiene el 84% de la nicotina presente en el humo de los cigarrillos convencionales. Una cantidad excesiva para un cigarrillo que se anunciaba como “inocuo”.

Pero eso no es todo, ya que en ese humo del IQOS también se encontró acenafteno, un hidrocarburo cancerígeno, y en más del doble de la concentración que en los cigarrillos tradicionales. Y aunque las otras sustancias presentes con este dispositivo (formaldehído, acetaldehído y nitrosaminas, todas ellas cancerígenas) sí están en menor cantidad que con respecto a las que se inhalan a través del tabaco convencional, siguen siendo suficientes para resultar tóxicas para el fumador.

Fuente: Reto Auer, Nicolas Concha-Lozano, Isabelle Jacot-Sadowski: “Heat-Not-Burn Tobacco Cigarettes. Smoke by Any Other Name” JAMA. 2017