El ciclista Alberto Contador, uno de los más grandes de la historia, sufrió un ictus en 2004.

Llevaba recorridos 50 km de una etapa de la Vuelta a Asturias cuando notó que perdía la visión y cayó de su bicicleta, comenzando a convulsionar.

Acababa de sufrir un ictus, del que fue intervenido quirúrgicamente para extraerle de la cabeza el coágulo de sangre que se lo había producido.


Alberto Contador no sólo salvó la vida, sino que tras un duro año de rehabilitación volvió a subirse a la bicicleta.

El resto ya lo conoce: llegó a ganar las tres mayores competiciones ciclistas (el Tour, el Giro y la Vuelta).

Los accidentes cerebrovasculares que, como en el caso de Contador, ocurren a edades jóvenes (él tenía entonces 21 años), suelen obedecer a causas congénitas. No ocurre así con los que se producen a edades más avanzadas, que en gran medida pueden ser evitados por el propio paciente.

Y de eso es de lo que hoy quiero hablarle.

Cómo evitar un ictus

El ictus (o accidente cerebrovascular) es uno de los grandes temores de las personas a medida que van cumpliendo años. Es normal que sea así, ya que puede tener unos efectos devastadores en la calidad de vida del paciente (si sobrevive) dejándole múltiples y graves secuelas:

  • Hemiplejía (paralización del lado del cuerpo inverso a aquel del cerebro en el que se ha sufrido el ictus).
  • Pérdida del habla.
  • Pérdida de la visión.
  • Trastornos sensitivos.
  • Demencia.
  • Y muchos otros.

No todos podemos lograr hazañas épicas deportivas como Alberto Contador, pero sí podemos poner en marcha estrategias para protegernos de la tragedia del ictus, evitando de raíz su riesgo y afrontando su recuperación con soluciones que hoy día muchos desconocen.

Lo primero que hay que comprender es por qué se produce un accidente cerebrovascular.

El fenómeno en sí es algo sencillo: se origina por la formación de un coágulo que bloquea la circulación sanguínea en el cerebro.

El coágulo puede haberse producido en la zona vascular del propio cerebro o proceder de otro lugar (por ejemplo del corazón), y llegar al cerebro arrastrado por la corriente sanguínea.

Cada hemisferio cerebral (derecho e izquierdo) recibe sangre a través de grandes arterias (las carótidas y las vertebrales) y de otras menores en las que estas se subdividen. Si una de ellas se obstruye, producirá un ictus isquémico, cuya severidad dependerá de la magnitud de la zona cerebral afectada.

En definitiva, un ictus es tan grave al verse afectado el órgano que controla funciones tan importantes del cuerpo como la movidad o el habla.

La clave está en lo que USTED puede hacer aquí y ahora para evitar sufrir un accidente cerebrovascular.

La prueba que debe pedir a su médico hoy mismo

Kilmer McCully, un anatomopatólogo de Harvard, descubrió en 1969 que la homocisteína era una agente proagregante cuyo aumento incrementaba notablemente el riesgo de flebitis, de embolia pulmonar, de accidente cerebrovascular y de ateroma. El Dr. Curtay, autor del Dossier sobre accidentes cerebrovasculares del que hoy quiero hablarle, tuvo la oportunidad de conocerle personalmente en el primer congreso internacional que se celebró sobre la homocisteína.

McCully había constatado que un gran porcentaje de personas a las que practicó la autopsia y que habían fallecido por un problema cardíaco no tenía ninguno de los factores de riesgo que suelen señalarse en estos casos, incluyendo el colesterol alto o la hipertensión.

Tras largos ensayos y estudios, descubrió que independientemente del nivel de lípidos circulantes en sangre, incluido el colesterol LDL, un aumento de la homocisteína incrementa de manera significativa el riesgo cardiovascular, algo que posteriormente demostró el estudio European Concerted Action Project Homocysteine and Vascular Disease.

Por desgracia, este auténtico pionero tardó décadas en que se reconociera la importancia de su descubrimiento y hoy día muy pocos médicos solicitan un análisis de la homocisteína, incluso en caso de flebitis, embolia o ictus.

Un metaanálisis confirmó que por cada 5 μmol/l de homocisteína de más, el riesgo de accidente cardiovascular se incrementa un 20%. Los niveles de homocisteína pueden aumentar por motivos genéticos o nutricionales, especialmente si hay un déficit de vitaminas B6, B9 y B12.

Por lo tanto, la conclusión es clara: si usted tiene más de 60 años (edad a partir de la cual se incrementa notablemente el riesgo de ictus, que de hecho sufren 120.000 personas al año en nuestro país), usted debe solicitar a su médico urgentemente un análisis de homocisteína, que puede marcar la diferencia en su riesgo de sufrir un ictus.

Y esta es sólo una de las medidas que encontrará en el nuevo Dossier que ha preparado el Dr. Curtay y que le ayudará a reducir drásticamente su riesgo de sufrir un ictus.

En el revisa uno a uno y punto por punto los aspectos críticos que tienen un impacto directo y demostrado científicamente. Por ejemplo:

  • La proporción sodio/potasio en el organismo… y cómo asegurarse el nivel correcto.
  • El papel del magnesio como prevención del ictus por la vía indirecta de la regulación de la hipertensión, su acción antiinflamatoria y antiisquémica y cuánto debe tomar exactamente cada día.
  • Por qué tomar 100 mg diarios de vitamina C es una gran estrategia.

Además de muchas otras medidas capaces de aportar un beneficio directo y cuantificado científicamente sobre el riesgo de sufrir un ictus.

Le aseguro que el Dossier de noviembre del Dr. Curtay contiene todo un arsenal de información específica y concreta sobre alimentos y complementos para prevenir y luchar contra los accidentes cerebrovasculares.

Sin olvidar las otras medidas de protección no alimentarias que también ha recogido el Dr. Curtay y que le van a ser muy útiles, incluyendo qué hacer tras un accidente isquémico transitorio (AIT). Ponga especial atención, pues son la antesala a un ACV y los médicos no siempre le dan la importancia que tiene.

Tenga muy presente que:

    • El cerebro es el más frágil de todos sus órganos.

    • La mayoría de las neuronas no se renuevan ni se regeneran.

    • Y además controla las funciones de otros órganos vitales, por lo que un fallo cerebral conlleva graves consecuencias.

 

Por ello es fundamental que lo cuide como se merece.

Si sigue todas las pautas que encontrará en este Dossier le aseguro que lo mantendrá sano y protegido. Por eso le animo a que solicite ahora su ejemplar y comience a prevenir su salud cerebral desde ya mismo. Pero deberá darse prisa, pues sólo tiene hasta el 28 de octubre para hacerlo.

Ese día enviaremos a la imprenta el nuevo número de Los Dossiers de Salud, Nutrición y Bienestar “Accidentes cerebrovasculares: prevención y recuperación tras haber sufrido un ictus”, por lo que le recomiendo que pida el suyo cuanto antes si quiere recibirlo impreso directamente en su domicilio.

Haga clic aquí para pedir el Dossier que le permitirá proteger su cerebro hoy mismo y alejar el riesgo de ictus.