El pensamiento del cirujano, farmacólogo, matemático y filósofo griego Galeno ha reinado de manera indiscutible en la medicina hasta bien entrado el siglo XVII.

De hecho, durante siglos lo normal era escuchar a los maestros de anatomía comenzar sus lecciones con la fórmula: “Como decía Galeno…”. E incluso la propia palabra “galeno” continúa usándose a día de hoy para designar a las personas autorizadas para ejercer la medicina, es decir, como sinónimo de médico.

Galeno adquirió notoriedad muy pronto debido a su gran conocimiento en anatomía y a su trabajo en numerosos campos de la medicina, la cirugía, la farmacología y la nutrición, así como en el estudio de numerosas patologías.

Su legado más importante, del que todavía nos valemos en la actualidad, es la “galénica” o “arte de preparar remedios”. Por eso hoy quiero acercarle al menos un retazo de la historia de este sorprendente pionero en materia de salud, considerado el padre de la medicina holística.

Todo un precursor

Claudio Galeno, que nació en torno al año 130 y falleció sobre el 200 d. C. (existe cierta controversia sobre las fechas exactas), tenía solo 27 años cuando fue nombrado cirujano de gladiadores en Pérgamo (Asia Menor). En una época en la que las disecciones humanas estaban prohibidas y las prácticas quirúrgicas eran peligrosas, puede imaginarse la enorme oportunidad que aquello supuso para él.

De hecho, fue aquella experiencia la que le sirvió de base para curar, apenas unos años más tarde, a tres emperadores romanos (Marco Aurelio, su hijo Cómodo y Lucio Vero).

Pero Galeno no solo fue famoso por ser el doctor de la clase acomodada y de los combatientes, sino también por crear una extensa obra de la que han llegado a nuestros días un centenar de trabajos.

Admirador de su compatriota el también médico Dioscórides (aprox. 30-90 d. C.) -cirujano militar y autor de De Materia Medica, precursora de la moderna farmacopea-, Galeno estableció una teoría que explicaba la enfermedad como la consecuencia de un desequilibrio en ciertos aspectos “naturales” -como por ejemplo las cualidades, las facultades, los humores y las disposiciones propias del individuo- y otros “no naturales” -los constituidos por el entorno, la comida, los ritmos de trabajo, las afecciones del alma…-.

Así, convencido de que la biología predispone al desarrollo de ciertos tipos de enfermedades, enunció lo que hoy día conocemos como “medicina holística”.

Y aunque no elaboró un concepto tan preciso y articulado como el que emplea la medicina china con los meridianos (la red de canales que conecta todas las estructuras y tejidos del cuerpo), sí habló de la “energía vital circulante” en el organismo. De hecho, fue Galeno el que le dio el sobrenombre de “aliento vital” (o “pneuma”) al término hoy conocido como “Qi” en la medicina oriental.

Galeno y la galénica

Como muchos otros hicieron antes que él, el cirujano griego sintetizó todos los conocimientos de su época, completándolos con sus propios descubrimientos.

Así, siguiendo los pasos de Aristóteles se basó en la teoría de los cuatro humores combinados con los cuatro elementos para diagnosticar los desequilibrios y encontrar el remedio adecuado para cada caso.

Además, aplicó este sistema a la farmacología, a fin de elaborar remedios a base de sustancias vegetales, animales y minerales.

Precisamente por eso es por lo que se dice que la farmacología moderna debe a Galeno la clasificación de las diferentes formas de elaboración o presentación de los remedios vegetales (y por ello se las conoce con el nombre de “formas galénicas”), entre ellas los siropes, las tinturas, los macerados…

En su obra De los preparados y los poderes de los remedios simples enumeró más de 440 plantas y otras 250 sustancias. Pero también realizó muchas demostraciones anatómicas -y específicamente neurológicas- que sirvieron de base para el posterior desarrollo de la medicina.

Entre otros descubrimientos, probó que diversos músculos son controlados por la médula espinal y que el cerebro es el encargado de controlar la voz; identificó siete pares de nervios craneales; descubrió diversas diferencias estructurales entre venas y arterias, las diferencias entre el riñón y la vejiga y la existencia de las válvulas del corazón… ¡y demostró que por las arterias circula sangre, en lugar de aire (como pensaban otros célebres médicos de la época como Erasístrato y Herófilo)!

Claro que hoy muchas de estas cosas se dan simplemente por sentado, pero de vez en cuando conviene recordar cuál era nuestro punto de partida y a quién hay que agradecer el vasto conocimiento del que hoy disponemos.

Además, sus descubrimientos no se quedaron ahí; esto es solo una muestra de lo mucho que aportó Galeno al conocimiento sobre el cuerpo humano y la salud.

Sin duda este médico fue un exponente de la aspiración científica de la Grecia Antigua, basada en adoptar metodologías que ofreciesen una explicación a lo observable en la Naturaleza.

Esta idea encontraría después su culminación en la Europa del Renacimiento, en los inicios de la ciencia moderna. No obstante, de lo que no cabe ninguna duda es de que Galeno fue todo un precursor.

Nosotros, a nuestra manera, hemos sabido agradecérselo; no muchos lo saben, pero ¡incluso un cráter lunar lleva su nombre!

Imágenes:

  1. Lithograph by P. R. Vignéron. Wellcome. Wikimedia Commons. 
  2. Cortesía del propietario.