Hoy quiero hablarle de un miembro un tanto desconocido de la familia del jengibre (Zingiberaceae) pero que, al igual que este último, está absolutamente repleto de beneficios para la salud.

Hablo de la galanga o galangal, que algunos han denominado “jengibre azul” (etimológicamente galanga significa “jengibre mediano”).

Se trata de una especia que también se consume en forma de rizoma fresco, seco o en polvo, y que posee un olor similar -aunque su sabor es más picante, con toques de limón-.

De origen asiático, la planta herbácea de la que se extrae la galanga puede medir hasta 1,50 m y posee largas hojas verdes y flores blancas o violáceas que se desarrollan en forma de espiga.

Tal y como está a punto de descubrir, esta especia comparte numerosas propiedades con su primo hermano, el jengibre, aunque yo diría que en versatilidad podría llegar incluso a superarlo.

Y, además, aunque no sea tan común como él, no le costará encontrarla en fruterías y tiendas especializadas.

Profundicemos un poco en su historia.

Desde los templos de Egipto…

…, en los que se añadía esta especia a la composición del incienso curativo kyphi, hasta la antigua China, donde la colocaban alrededor del cuello como talismán, la galanga ha atravesado numerosísimas eras e imperios.

Así, también se encuentra en muchas recetas medievales por sus efectos contra la migraña, la tos y los trastornos cardíacos y pulmonares. E incluso la abadesa benedictina del S. XII Hildegarda de Bingen, experta en botánica y fitoterapia, dijo de ella que también “apagaba el calor de la fiebre”.

Es a esta Santa a quien debemos el conocimiento de que, en casos de angina o dolor cardíaco, esta especia es capaz de aumentar el suministro de sangre. Pero quizá ella extrajo, a su vez, ese saber de los viejos volúmenes de medicina ayurvédica, en los que ya se recomendaba la galanga contra las enfermedades cardíacas.

Sea como sea, no es casualidad que hoy los países de habla alemana la consuman para prevenir los accidentes cerebrovasculares (ictus) y eventos similares.

Sin embargo, ya desde antaño esta hierba no se usa solo como remedio curativo, sino también por su enorme valor culinario.

De hecho, era una de las cotizadísimas especias que promovieron las grandes gestas de la navegación en busca de una ruta de comercio segura con las “islas de las especias” (hoy llamadas “Molucas”). (1)

Un remedio destronado

La galanga fue durante siglos un remedio tradicional contra las náuseas de las mujeres embarazadas en Asia. Asimismo, también se sabía que en infusión estimula la digestión y el apetito, alivia dolores de estómago, los espasmos y los dolores de garganta… Tanto es así que fue ampliamente recetada hasta el siglo XVI, cuando se vio arrinconada por el jengibre.

Se utilizaba sobre todo para tratar la inflamación (se ha demostrado que su gingerol es capaz incluso de reducir los estragos causados por la artritis reumatoide), el dolor, los resfriados y las enfermedades digestivas. (2)

Y hoy en día no solo está probado que sus principales componentes (flavonoides, terpenos como el galangol o la galangina…) le confieren propiedades analgésicas, antiespasmódicas, aperitivas, antináuseas, antirreumáticas, antiinflamatorias, antitusivas, antisépticas y afrodisíacas, entre otras, sino que también se estudia -y muy ampliamente- su acción antitumoral. (3)

En concreto se ha probado que, además de inducir la muerte de las células cancerosas, la galanga puede ofrecer una suerte de “quimioprevención natural” -a modo de “quimiosensibilizador”- y que, añadida en extracto a un tratamiento oncológico, potencia sus efectos. (4)

Frente a otras grandes pandemias del siglo

Un estudio de hace casi una década demostró que esta planta es capaz de reducir las secreciones de moco, pero también inhibe la expresión de citoquinas, algo clave en muchas enfermedades de tipo inflamatorio como por ejemplo el asma (una dolencia cuya prevalencia no para de crecer). (5)

De hecho, como ha visto, el propio Ayurveda la utilizó durante siglos frente a los problemas respiratorios y vinculados a la inflamación del organismo.

En este sentido, la galanga parece especialmente prometedora frente a las virulentas enfermedades respiratorias que suelen surgir cíclicamente en Asia y Oriente Medio (incluida la Covid-19, frente a la cual también se está estudiando). (6) (7)

Y no son las únicas epidemias o potenciales pandemias frente a las que interesa: un estudio realizado sobre roedores demostró que la administración de esta especia reduce la hiperglucemia (y por tanto podría mejorar la evolución de los cientos de millones de pacientes diabéticos que hay en todo el mundo). (8)

Si se anima a probar…

… bastará con que use la galanga del mismo modo que utiliza el jengibre en sus platos salados, postres, etc. ¡Le encantará!

Únicamente recuerde, como le dije más arriba, que es algo más picante y con cierto toque cítrico que recuerda al limón.

Quizá por ello se da particularmente bien en infusión.

Mi recomendación personal es que, para consumirla en tisana, utilice la raíz seca. Deje en infusión 1 cucharadita por cada 25 cl de agua durante 5 ó 10 minutos (en polvo, la equivalencia es 1⁄2 cucharadita) y después filtre antes de beber la taza 30 minutos antes de las comidas.

Es un tónico fantástico pero, si su aparato digestivo es sensible, mejor no abuse de él (en exceso puede causar irritación).

¡A su salud!