Está a punto de leer una información inquietante sobre algo que muchísimas personas hacen a diario y es absolutamente nocivo para su salud, aunque por supuesto la mayoría lo desconoce.

Hablo de cepillarse los dientes con pastas de dientes con flúor.

Ahora bien, el auténtico problema de fondo reside en que las autoridades sanitarias llevan décadas recomendándonos que lo hagamos, pese a que sus supuestos beneficios no se hayan demostrado jamás.

La cantinela de que el flúor es el mejor amigo de los dientes es algo que prácticamente todos hemos escuchado desde pequeños. Y es que supuestamente refuerza el esmalte, combate las caries y mantiene los dientes blancos.

Sin embargo, lo que han demostrado la mayoría de estudios sobre el tema es que no ofrece ningún beneficio y que incluso provoca graves efectos nocivos, tal y como está a punto de ver. Por eso se podría decir que, una vez más, las recomendaciones sanitarias oficiales resultan perjudiciales para la salud.

Pero, antes de nada, permítame comenzar por lo básico:

¿Qué es el flúor?

El flúor (F), primer elemento de la familia de los halógenos y uno de los elementos químicos más reactivos, fue descubierto por el farmacéutico Henri Moissan en 1886.

Se presenta en forma de gas amarillo pálido y es corrosivo, de olor picante e irritante, además de altamente reactivo e inestable.

En toxicología el fluoruro sódico es considerado tan nocivo como el arsénico, el aluminio, el plomo o el mercurio.

En la naturaleza se pueden encontrar trazas de flúor en el agua, los suelos y las plantas, pero hoy en día de forma artificial está presente incluso en las sartenes recubiertas con teflón (el cual no es sino politetrafluoroetileno; o, en otras palabras, flúor mezclado con plástico).

Aunque no se trata de un mineral necesario para la vida, también está presente en el cuerpo humano, si bien por lo general en muy bajas cantidades.

¿Por qué se añade flúor a la pasta de dientes?

En la década de 1950 se introdujo el flúor en la composición de los dentífricos y en la red de distribución de agua porque se consideraba un remedio milagroso (y de bajo coste) contra las caries.

Del mismo modo, la suplementación con flúor en forma de complemento alimenticio se convirtió en una práctica totalmente corriente desde la década de 1970.

Sin embargo, como ya ha visto, los supuestos beneficios del flúor nunca fueron probados; más bien todo lo contrario…

Un amplio estudio realizado en 2011 concluyó que el flúor no tiene ningún efecto sobre los dientes de leche (es decir, hasta los 11 años, aproximadamente) y que, aunque podría disminuir la desmineralización en los dientes definitivos, ese supuesto beneficio no se traduciría en una menor incidencia de las caries. (1)

La explicación a este fenómeno es la misma que la de la ineficacia de los medicamentos contra la osteoporosis, que aumentan la densidad ósea pero no disminuyen el riesgo de fracturas. En el caso del flúor, al tener una estructura próxima al calcio, ocupa su lugar en el diente, lo que lo hace más difícil de desalojar, pero también altera el metabolismo normal del propio calcio.

Sin embargo, las conclusiones de otro grupo de investigadores, esta vez del grupo Cochrane, resultaron aún menos halagüeñas. Examinaron diversos estudios sobre la eficacia del flúor para la salud bucodental en función de la edad, constatando que entre los niños de 10 a 12 años que tomaban una suplementación de flúor existía una reducción de la porosidad y pérdida de superficie en los dientes definitivos del 24%. (2)

Los peligrosos (y desconocidos) efectos del flúor

En exceso, el flúor causa manchas blancas en los dientes, salivación excesiva, dolor de estómago y alteración del gusto.

En caso de intoxicación provoca vómitos, temblores e incluso crisis convulsivas, y en el de sobreexposición crónica pueden aparecer alteraciones del esmalte dental, lo que se denomina “fluorosis dental”, pero también osteoporosis, lesiones del sistema nervioso central, malformaciones congénitas, trastornos cardíacos

Esto sucede porque el flúor puede llegar a ocupar el lugar destinado al calcio en el organismo, cuando al ligarse ambos forman un complejo insoluble -el fluoruro de calcio- que desencadena un descenso del calcio en la sangre.

A consecuencia de ello los huesos que se enriquecen con flúor pierden su estructura mineral, lo que favorece las microfracturas y la escoliosis (desviación lateral de la columna vertebral), la cifosis (aumento exagerado de la curvatura fisiológica de la columna dorsal), la hiperlaxitud de los ligamentos (elasticidad excesiva de estos tejidos) y la degeneración acelerada del organismo.

Pero es que el exceso de flúor en el organismo también puede provocar trastornos psíquicos de gravedad.

Hitler conocía esta peculiaridad y por ello añadía flúor al agua de los campos de concentración para volver a los prisioneros dóciles, sumisos y estériles. Y por el mismo motivo se encuentra en los venenos para ratas y cucarachas, así como en algunos gases neurotóxicos como el somán o el sarín (usado en 1995 en el atentado del metro de Tokio).

Ya lo ve: a fin de prevenir un exceso en el organismo sin lugar a dudas es mejor evitar el flúor en cualquiera de sus formas, empezando por los dentífricos que usamos a diario para cepillarnos los dientes.

Y por eso hoy quiero que conozca una estupenda alternativa a la pasta de dientes convencional que podrá preparar en su propia casa:

Receta para un dentífrico casero

Ponga en un cuenco una cucharada sopera de arcilla blanca en polvo.

Añada ½ cucharadita de bicarbonato sódico y 2 cucharaditas de agua y mezcle bien hasta obtener una pasta.

Añada luego 2 ó 3 gotas de aceite esencial (AE) de árbol de té o de limón y meta la pasta resultante en un tarro de vidrio cubierto con celofán.

Podrá conservar la preparación entre 5 y 6 días a temperatura ambiente.

Otros trucos infalibles de la abuela para proteger la buena salud de los dientes

  • La sal gruesa. El yodo que contiene la sal gruesa permite conservar los dientes sanos y blancos. Puede cepillarse los dientes con sal gruesa 3 ó 4 veces a la semana.
  • La piel de naranja. Frotarse con la parte blanca de la piel de naranja, que es rica en potasio y magnesio, permite mantener los dientes blancos. No hay que enjuagar hasta 30 minutos después del frotado para dejar que actúe.

Sinceramente espero que se anime a poner en práctica estos consejos cuanto antes, ya que le permitirán mejorar naturalmente tanto su salud como la de toda su familia.

Todos estos trucos, así como la receta del dentífrico casero, fueron recopilados por los expertos Magali Walkowicz, Gaëlle Piton y Julien Venesson, reporteras y redactor jefe, respectivamente, de la excepcional revista Salud AlterNatura que mes a mes publicamos (por si desea conocer más sobre ella, aquí puede hacerlo).