Las inyecciones de toxina botulínica, más conocida como bótox, ayudan a reducir el riesgo de fibrilación auricular (la arritmia cardíaca más frecuente a partir de los 60 años) tras una operación de corazón. Esto es lo que ha confirmado una investigación(1) que contó con 60 pacientes que se sometieron a una cirugía cardíaca, de los cuales un grupo recibió durante la misma inyecciones de bótox.

Tras la operación se implantaron pequeños monitores cardíacos en los pacientes para controlar sus latidos y se les realizó un seguimiento durante tres años. Pudo comprobarse así que aquellos pacientes que recibieron las inyecciones tuvieron una menor incidencia de fibrilación auricular (se redujo un 64%) y el riesgo de padecer nuevas crisis disminuyó entre 5 y 9 veces por cada año de seguimiento.

Esto confirma que la toxina botulínica ayuda a prevenir los problemas de fibrilación auricular, ya que interrumpe los circuitos electrofisiológicos responsables de la arritmia.

 

Fuentes:

  1. Evgeny Pokushalov, Boris Kozlov, Alexander Romanov, Artem Strelnikov, Sevda Bayramova et al: “Long-Term Suppression of Atrial Fibrillation by Botulinum Toxin Injection Into Epicardial Fat Pads in Patients Undergoing Cardiac Surgery”. Circulation: Arrhythmia and Electrophysiology. 2018.