La disfagia para líquidos es como se conoce a la incapacidad para tragar líquidos. Más que una patología se trata de un síntoma que suele proceder de otras enfermedades, siendo la más común el ictus, ya que el 80% de las personas que lo han sufrido tiene dificultades para tragar.

Otras enfermedades que pueden originar la disfagia para líquidos son párkinson, alzhéimer o cáncer, pero el principal problema es que el 75% de las personas que padecen este trastorno no está diagnosticado. Esto se debe a que, al estar asociada a otras enfermedades más graves, la disfagia acaba recibiendo menos atención.

El principal riesgo del infradiagnóstico de la disfagia es que ésta puede derivar en otras patologías mucho más graves, como neumonía por aspiración, además de que muchas de las personas que la padecen acaban teniendo depresión al ver mermada su calidad de vida. Existe además el riesgo de sufrir deshidratación debido a que, por miedo a atragantarse, los afectados por disfagia prefieren no beber apenas agua.

El principal tratamiento que existe para la disfagia es de tipo educativo, pues se enseña al paciente cómo debe deglutir correctamente y qué alimentos inducen disfagia. En los casos más graves es necesario recurrir a la cirugía orofaríngea o esofágica.

 

Fuente: Grupo de Estudio Europeo para el Diagnóstico y la Terapia de la Disfagia y el Globo Esofágico en 2002.