Estimado Lector,

Cuando una persona fuma marihuana, se considera “drogada” tan pronto como el nivel de tetrahidrocannabinol o THC (la sustancia psicoactiva del cannabis) supera los 4 nanogramos por mililitro de sangre (4 ng/ml).

Esta cifra se corresponde también con la cantidad de alcohol que pasa a la sangre de alguien que pesa 90 kilos y se haya bebido un par de cervezas (una cantidad suficiente para subírsele a la cabeza a algunas personas).

De ahí precisamente que incluso las autoridades sanitarias estimen que, más allá de un 0,5 ng/ml de cualquier producto químico en sangre, es lógico empezar a preocuparse por sus efectos nocivos sobre la salud.

Es, de hecho, a partir de ese nivel cuando se empiezan a estudiar los posibles efectos cancerígenos, riesgo de malformación fetal, etc. de cualquier tóxico.

Pues bien, ¿y si ahora yo le preguntase por la cantidad de tóxicos que usted tiene en su sangre debido a las cremas solares que haya podido utilizar recientemente?

Dicho esto, permítame entrar de lleno en el tema que nos ocupa: la presencia de ciertos aditivos alimentarios en los complementos nutricionales.

Resulta que hace apenas unas semanas un estudio sobre los ingredientes más comunes que se añaden a los protectores solares descubrió que los químicos presentes en ellos pasan a la sangre en tasas que van desde los 3,3 ng/ml a los ¡258,1ng/ml!, dependiendo de si se aplican en forma de loción o de aerosol.

Estamos hablando de cantidades ENORMES, más de 500 veces superiores al límite de 0,5 ng/ml estipulado, por ejemplo, para seis de los productos químicos más comunes: el azobenceno, la oxibenzona, el octocrileno, el homosalato, el octisalato y el octinoxato, usados en todo tipo de procesos industriales.

Ese elevado índice de penetración se debe, al menos en parte, a que estas cremas se aplican directamente sobre la piel, una superficie “porosa” (es decir, llena de microagujeros).

Sin embargo, esto no lo hace menos lesivo: numerosas investigaciones han advertido ya del posible vínculo entre los denominados “químicos disruptores endocrinos” y los problemas del sistema reproductivo. Y todavía hay muchas dudas acerca de otros muchos efectos secundarios…

¿Qué tipo de protector solar utiliza usted?

Hay dos tipos de protectores solares. Por un lado están las cremas a base de compuestos minerales y, por el otro, las elaboradas con ingredientes químicos.

En 2019 las autoridades de salud de Estados Unidos propusieron que las cremas minerales, a base de óxido de zinc y dióxido de titanio, fuesen consideradas “seguras”.

Sin embargo, la moción fue rechazada debido a que contienen parabenos y salicilato de trolamina, dos ingredientes que muchos fabricantes de protectores solares ya han dejado de utilizar.

El problema, como siempre, es que los productos más dudosos para la salud también parecen ser los más efectivos (y, sobre todo, con rápidos resultados).

Por eso el consumidor se ve en medio de una encerrona: si utiliza una crema sin ningún ingrediente sospechoso esta podría resultar ineficaz contra las quemaduras solares, mientras que si apuesta por un protector solar “súper efectivo” con toda probabilidad termine con una buena cantidad de tóxicos en la sangre…

Afortunadamente, hay una alternativa real y eficaz.

Qué hacer cuando realmente se necesita esa protección extra

Es crucial exponerse gradualmente al sol, dando tiempo a la piel a que se broncee sin quemarse y limitando el uso de protectores solares tanto como sea posible.

Para ello también se puede usar ropa larga y ligera, así como sombreros con ala ancha, y permanecer en espacios interiores o a la sombra cuando el sol pega con más fuerza (es decir, en las horas centrales del día).

Pero, eso sí, es importante hacer exposiciones cortas, de no más de 10 minutos de frente y por la espalda, para ir habituándose.

Solo de ese modo podrá reconstituir sus reservas de vitamina D, que tienen un efecto anticancerígeno sobre la piel (y otros tipos de tumores), al igual que una acción fortificante para los huesos, antidepresiva y beneficiosa también para el sistema cardiovascular.

Sin embargo, siendo realistas estas precauciones son imposibles de mantener cuando se practican deportes acuáticos, se hacen rutas por la montaña o se realizan ciertas actividades al aire libre. En esos casos uno se encuentra, inevitablemente, expuesto al efecto de los rayos solares incluso durante horas.

Ahora bien, en esas situaciones hay que limitar igualmente el uso abusivo de las cremas de protección solar, por lo que lo mejor es aplicar una crema ecológica y de alta protección solo sobre las zonas más delicadas (eso incluye las manchas sospechosas y, sobre todo, las posibles áreas ya quemadas).

Para otras zonas del cuerpo lo ideal es utilizar manga larga o una crema “bio” con un índice de protección mucho más bajo, que permita que su piel se vaya bronceando gradualmente sin quemarse, desarrollando una protección natural contra el sol.

Asimismo, debe asegurarse de beber mucha agua (la piel bien hidratada sufre menos quemaduras) y de comer alimentos ricos en carotenoides (verduras y frutas coloridas)

Los riesgos de protegerse a destiempo

Después de las primeras exposiciones al sol es conveniente optar -solo en el caso de necesitarlo realmente- por un protector ecológico y con un índice de protección menor. De ese modo podrá broncearse gradualmente sin riesgo de sufrir quemaduras para activar la protección natural de la piel.

La paradoja es que el riesgo real se da, básicamente, en la primera exposición del año, que es el momento en que más ganas tenemos de tomar el sol, de pasear al aire libre… olvidando que la piel es muy sensible entonces (de ahí que se produzcan tantas quemaduras).

Después “aprendemos” la lección y pasamos a protegernos más, precisamente cuando la piel ya se ha habituado a recibir rayos UV sin sufrir daños.

En cualquier caso, siempre hay que tener cuidado, ya que en las excepciones que ha visto antes (actividades marinas, al aire libre…) también pueden darse accidentes: al realizar actividades en el agua o al sudar y secarse se puede perder la capa de protección con mucha facilidad.

Por no hablar de que el reflejo del sol en el agua puede derivar en quemaduras graves cuando la exposición es prolongada…

Sea como sea, la clave sigue siendo tener sentido común y no excederse.

Mire si no esta imagen reciente (se la dejo aquí al lado) del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, con tal capa de crema en la cara que parece que se haya disfrazado de payaso triste…

Y eso que, por otro lado, va muy bien protegido con una camiseta de manga larga.

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras