¡He cambiado un montón de pequeñas cosas al cocinar!” Esto es lo que nos confesó una de nuestras compañeras en Tener S@lud unos días después de haber leído el nuevo Dossier que ha elaborado el Dr. Curtay. Yo estaba intrigado. “¿Qué es lo que has cambiado, por ejemplo?”, le pregunté.

Ufff, ¡un montón de cosas!”, exclamó, antes de empezar a explicarme los pequeños cambios que había introducido en su forma de preparar los alimentos. Por ejemplo:

  • Pese a lo cómodo que le resultaba comprar verdura en bolsa de plástico lista para consumir (como la lechuga para las ensaladas), había dejado de hacerlo porque había visto que esas verduras llegaban prácticamente sin vitaminas, por lo que ahora las compraba en el puesto de verduras.
  • Había empezado a meter el pescado recién comprado en el congelador, sistemáticamente y nada más llegar a casa, en lugar de cocinarlo directamente (pues, aunque es una pena no disfrutar del pescado fresco, es la única forma de asegurarse de acabar con las larvas del parásito Anisakis, presente en el 90% de la merluza, el 80% de las anchoas, el 60% del jurel… así que mejor no arriesgarse).
  • Se había comprado una vaporera de metal para cocinar al vapor (en lugar de hacerlo sistemáticamente en la olla exprés), para no perder las vitaminas de los alimentos, ni dejar que los minerales se queden en el agua de cocción, y además permitir que así se evaporen los pesticidas presentes en los alimentos.
  • Había dejado de gastarse el dinero en comprar Actimel y Activia pensando que era una buena inversión para la flora intestinal como decía la publicidad. En su lugar estaba empezando a experimentar con la fermentación y la germinación.
  • Había empezado a poner en remojo al menos 12 horas el arroz antes de cocerlo. El arroz (más aún el asiático y el integral) está lleno de arsénico, un conocido cancerígeno que además incrementa el riesgo cardiovascular y ataca el sistema inmunitario. La buena noticia es que simplemente con dejarlo en remojo permite eliminar todos los contaminantes, entre ellos el arsénico (por supuesto después hay que tirar el agua que ha usado).

La lista de pequeños cambios que había introducido nuestra compañera en su vida suma y sigue, y lo mismo le ocurrirá a usted en cuanto lea el Dossier que ha preparado el Dr. Jean-Paul Curtay este mes. Porque arroja la luz necesaria a las implicaciones que tienen en la salud todas y cada una de las formas de preparar los alimentos que finalmente llegan a nuestro plato.

El Dr. Curtay asegura que “elegir bien los alimentos a diario es una cosa, y prepararlos bien, otra”.

Vea un par de ejemplos:

  • Dos minutos de cocción acaban con cerca del 80% de la vitamina B9 que hay en las verduras.
  • El simple hecho de triturar una patata cocida para hacerla puré implica una pérdida del 39% de la vitamina C que contiene.

¡Le aseguro que leerá este Dossier con un bolígrafo en la mano para poder ir subrayando todo lo que va a aprender y los pequeños cambios que va a introducir en su cocina!

Porque en la mayoría de los casos solo hay que saber hasta qué punto comer de una u otra forma los alimentos tiene implicaciones drásticas en nuestra salud, tomar conciencia de ello y adoptar ciertos cambios en sus hábitos. Tome nota de estos datos, que sin duda llevan a la reflexión:

  • El consumo frecuente de acrilamida (presente por ejemplo en las patatas fritas de bolsa) está asociado a un mayor riesgo de padecer varios tipos de cáncer (como el de próstata, endometrio, ovarios, cáncer o riñón).
  • Un estudio realizado en la comida que se servía a los pacientes de un gran hospital inglés concluyó que, en cada 100 g de guisantes en el momento de sacarlos del congelador había 20,5 mg de vitamina C. Pero esa cantidad de vitamina pasaba a ser de 8,1 mg una vez cocinados, de 3,7 mg cuando estaban en el carrito para servir las comidas y finalmente de 1,1 mg cuando los guisantes eran consumidos. ¡Y hoy día miles de personas comen en hospitales, colegios y comedores de empresa sin tomar medidas adicionales para compensar esa pérdida de vitaminas (como asegurarse de tomar las vitaminas necesarias por otras vías)!
  • Es imprescindible tener en cuenta las consecuencias de las diferentes formas de cocinar las carnes (en el caso de la vitamina B1, se pierde un 15% si se cocinan al horno, un 28% en el microondas y un 39% cocidas).

¿La conclusión? ¡Que urge informarse como es debido! Y el nuevo Dossier de este mes le abrirá los ojos para alimentarse de forma que tenga un impacto directo en su salud.

Si quiere recibir este ejemplar impreso en su domicilio tiene hasta la medianoche del martes día 27 de febrero para solicitarlo.

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