¿Debe dejar de beber leche?

El consumo de leche en España no ha dejado de caer en las últimas décadas. (1)

Esto se debe en parte al trabajo de periodistas científicos como Thierry Souccar (autor del libro Leche, mentiras y propaganda), gracias a quienes hoy es sabido prácticamente por todo el mundo que: (2)

  1. La leche no refuerza el esqueleto ni previene las fracturas (de hecho, el calcio de la leche se asimila mal).

Para reforzar la salud de los huesos conviene comer más verdura, rica en potasio y en calcio asimilable, y sobre todo legumbres, que son basificantes (o alcalinizantes; es decir, que combaten la acidez del organismo). Esto es bueno para el esqueleto, ya que ayuda a preservar los minerales de los huesos (y también de los músculos).

  1. La mayoría de la población presenta una mala tolerancia a la leche porque no digiere correctamente la lactosa (el azúcar propio de la leche).

Consumir leche o sus derivados en esos casos conlleva dolores de cabeza, porosidad intestinal, trastornos digestivos…

  1. La leche también favorece las alergias…
  1. … e incluso aumentaría -aunque levemente- el riesgo de cáncer de próstata, de ovarios y puede que el de mama.

Un efecto sin duda debido al elevado contenido en hormonas y en “factores de crecimiento” de la leche actual.

Quizá le parezcan unas acusaciones muy graves, pero recuerde que en caso de asma, eccema, cefaleas, trastornos digestivos, acné, cambios bruscos de humor… la primera medida nutricional aconsejable es suprimir los productos lácteos, además del gluten.

El mito de los “3 lácteos al día” se desinfla por completo

Para cada vez más expertos en nutrición y salud natural las recomendaciones oficiales, que aconsejan tomar 2 ó 3 productos lácteos diarios, constituyen pura propaganda en favor de la industria alimentaria. (3)

En esas recomendaciones de las autoridades sanitarias se hacen distinciones entre edad y situación fisiológica. Por ejemplo, en adultos se aconseja consumir productos semidesnatados o bajos en grasa, dado su menor aporte calórico, de ácidos grasos saturados y de colesterol.

Sin embargo, en caso de un niño en edad escolar, por ejemplo, se recomienda beber hasta ½ litro de leche al día (o su equivalente), ya que supuestamente de ese modo el menor conseguirá más del 80% del calcio y de la vitamina B2 que necesita. Y asimismo se insiste en que el consumo de leche y sus derivados es especialmente importante también en personas de edad avanzada. (4)

Todo ello a pesar de que ya en 2014 un gran estudio sueco publicado en la revista médica británica BMJ (British Medical Journal) concluyó que las mujeres que beben más de 3 vasos de leche al día tienden a sufrir más fracturas -ojo, ¡hasta un 60% más! – y a morir más prematuramente que aquellas que beben menos de 1 vaso al día.

Y en la misma línea también se ha hallado que Finlandia, el país con mayor consumo de leche del mundo, ostenta el récord de casos de diabetes tipo 1.

Incluso una institución como la Escuela de Salud Pública de Harvard, referencia mundial en la materia, recomienda directamente “limitar el consumo de productos lácteos a un máximo de 1 ó 2 al día”. (5)

Atendiendo a estos datos, la verdad es que no se entiende sobre qué bases se asienta la recomendación de que las personas de más edad -en especial las mujeres- deben consumir más lácteos.

Qué puede hacer si le encanta la leche

Superada la cuestión de los límites y las cantidades, hay otro escollo que superar: hay personas a las que les encantan la leche y sus derivados. Quesos frescos, quesos curados, yogures… ¿deben privarse de lo que para ellos es un auténtico placer?

“Antigua leche” contra “nueva leche”

La verdad es que todo depende del tipo de leche que se consuma.

Muchas personas no tienen demasiado acceso a otra cosa que no sea la que se encuentra en los inmensos palés y estanterías de los supermercados. Pero lo cierto es que esa leche tiene muy poco o nada que ver con la que sale de las ubres de la vaca y que casi con toda seguridad recibían directamente en casa sus abuelos o bisabuelos.

Y es que la leche de hoy en día es un producto desnaturalizado por numerosas razones:

  • Las especies de vacas han sido seleccionadas hasta el extremo, consiguiendo ejemplares deformados fisiológicamente y capaces de producir entre 40 y 50 litros de leche al día, frente a los 4 litros que producirían en un estado normal. Esta ultraproductividad va inevitablemente de la mano de un empobrecimiento nutricional de la leche.
  • Muchos ganaderos se ven obligados a importar el forraje más barato de otros países en los que las prácticas agrícolas no están controladas (pueden contener organismos modificados genéticamente -OMG-, pesticidas, plásticos…).
  • El hacinamiento y otras prácticas de la ganadería intensiva estresan a los animales, limitan sus movimientos y favorecen los contagios, lo que conduce por lo general a la sobremedicación, especialmente con antibióticos.
  • La práctica de ordeñar las vacas durante el embarazo, por ejemplo, algo que no se hacía antiguamente, deriva en una leche que contiene más hormonas femeninas y que puede perturbar el metabolismo de quien la ingiere (tanto hombres como mujeres).
  • El tratamiento UHT (ultrapasteurización), que consiste en calentar la leche a 150 ºC durante 3 segundos, destruye las enzimas y la mayoría de las vitaminas presentes en ella.
  • Asimismo, la homogeneización, un proceso que consiste en hacer estallar los glóbulos de la materia grasa de la leche, termina modificando su textura.
  • Y por su parte el filtrado, un sistema que permite separar la nata y la mantequilla, empobrece enormemente la leche. Esta se presenta bajo el nombre de “semidesnatada” o “desnatada” y, paradójicamente, por lo general se la considera mejor para la salud.

En definitiva, que existen las mismas razones para desconfiar de la leche UHT como de cualquier otro producto ultraprocesado.

¿Beber leche cruda? Ojo a las precauciones

Puede que usted sea uno de los pocos privilegiados que hoy día tiene cerca de casa un prado en el que pastan vacas de raza no tratadas con antibióticos, que son criadas a la vieja usanza y que comen únicamente hierba. Si es el caso, no lo dude: esta leche está repleta de nutrientes beneficiosos para la salud.

Pero, ojo: en caso de que usted tolere bien la lactosa y pueda beberla, eso no significa que no tenga que tener cuidado. La leche sin pasteurizar puede contener bacterias patógenas (Campylobacter, Escherichia coli, Salmonella, Listeria, Yersinia enterocolitica, Staphylococcus aureus…), por lo que requiere seguir unas pautas específicas antes de poder consumirla (eso es lo que explica, precisamente, que se haya extendido tanto la leche tratada industrialmente, cuestión de comodidad). (6)

En este proceso de “pasteurización doméstica” primero la leche debe calentarse a una temperatura mínima de 79 ºC durante 17 segundos (mídalo con un termómetro de cocina). Después debe conservarse en el frigorífico a entre 1 y 4 ºC. (7)

Quizá le parezca un procedimiento aparatoso, pero dese luego es una medida necesaria para garantizar la inocuidad de las bacterias que puede contener la leche cruda. Y, sin embargo, un estudio realizado en Italia ha demostrado que muy pocas personas tienen en cuenta estas precauciones (entre los participantes, más de un 40% reconoció que no la hervía y terminaba bebiéndola cruda). (8)

Para darle una buena alternativa a la leche de vaca y a todos los problemas que esta plantea, permítame que dedique la última parte de este texto a hablarle de una de mis favoritas: la leche de almendras.

Por qué pasarse a la leche de almendras

Frente a todos los inconvenientes de la leche de vaca que ha visto, la leche de almendras es una buena opción. Es deliciosa, mucho más ligera y posee numerosos beneficios para la salud:

  • Contiene numerosos nutrientes esenciales, entre ellos vitamina E, hierro y riboflavina, calcio y vitamina D.
  • Es muy baja en calorías (un vaso contiene unas 60, frente a las 146 de la leche entera, las 122 de la semidesnatada y las 86 de la desnatada).
  • No contiene lactosa.

Y además de eso hay otra ventaja importante: ¡puede prepararla en su propia casa!

Para hacer 1 litro de leche de almendra ecológica simplemente debe seguir los siguientes pasos:

  1. Coloque 250 g de almendras “bio” enteras, crudas y sin pelar, en una ensaladera, cúbralas con unos 5 cm de agua y déjelas a remojo toda la noche a temperatura ambiente.
  2. Por la mañana escurra las almendras (que estarán hinchadas debido a la retención de agua) y tire el agua del remojo. Pase los frutos por un robot de cocina o una batidora para convertirlos en polvo.
  3. Añada 250 ml de agua a temperatura ambiente y triture con el robot unos 2 minutos. La mezcla debe tener la consistencia de una pasta espesa. Colóquela en un recipiente y añada ½ litro de agua hirviendo, antes de dejarla reposar unos 10 minutos.
  4. A continuación vaya pasando, cucharada a cucharada, el producto que ha obtenido por un colador de malla fina que habrá colocado sobre un recipiente grande, al que irá cayendo la leche de almendra colada.

¡Listo! Podrá conservarla unos 3 ó 4 días en la nevera en el frigorífico en un recipiente cerrado.

Si lo desea, también puede añadirle algún endulzante natural o especia para darle un toque de sabor (en mi opinión, la nuez moscada y la canela van genial).

Y usted, ¿ya ha dejado de tomar leche de vaca? Si no es el caso, le animo a hacerlo, ya verá como nota increíbles efectos.  

Fuentes:

  1. “Informe del consumo de alimentación en España 2016”. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Madrid, 2017.
  2. Título original: ‘Lait, mensonges et propagande’, de Thierry Souccar. Publicado por Thierry Souccar Éditions en 2008. Sin traducción de momento al español.
  3. “Estilos de vida saludable. Nuevas recomendaciones de la pirámide nutricional”. Guías Alimentarias para la Población Española Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). Marzo, 2017.
  4. “Guía de la alimentación saludable para atención primaria y colectivos ciudadanos. Recomendaciones para una alimentación individual, familiar o colectiva saludable, responsable y sostenible”. Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC).
  5. “Calcium and Milk. The Nutrition Source”. Harvard T.H. Chan School of Public Health.
  6. EFSA Journal 2015;13(1):3940Suggested citation: EFSA BIOHAZ Panel (EFSA Panel on Biological Hazards), 2015. “Scientific Opinion on the public health risks related to the consumption of raw drinking milk”. EFSA Journal 2015;13(1):3940, 95 pp. doi:10.2903/j.efsa.2015.3940
  7. Rosario Martín de Santos, catedrática de Nutrición, Bromatología y Tecnología de los Alimentos de la Facultad de Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid. Buena Vida. El País. Abril, 2017.
  8. Federica Giacometti, Paolo Bonilauri, Sabrina Albonetti, Simonetta Amatiste et Al. “Quantitative Risk Assessment of Human Salmonellosis and Listeriosis Related to the Consumption of Raw Milk in Italy”. Journal of Food Protection. January 2015, Vol. 78, No. 1, pp. 13-21. doi.org/10.4315/0362-028X.JFP-14-171.

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