Estimado Lector,

En los últimos meses hemos vivido un fenómeno sin precedentes: nunca nada había ocupado tanto espacio mediático como el coronavirus.

Y ese “machaque” informativo ha hecho mucho daño, sin duda.

Durante mucho tiempo el coronavirus y la Covid-19, la enfermedad que este provoca, se han convertido en el centro de todo. Dejamos de lado nuestras prioridades, enfocados única y exclusivamente en la pandemia…

Esto llevó a que mucha gente optase por apagar la televisión o la radio permanentemente, haciendo de la desinformación una forma de evitar el sufrimiento.

Lo curioso es que, con menos de 30.000 muertes registradas oficialmente en nuestro país (y teniendo en cuenta que más del 85% de los casos son personas mayores de 70 años), las cifras que arroja la pandemia nada tienen que ver con las de otras enfermedades que suponen un auténtico azote en nuestros días.

El cáncer, por ejemplo, se cobra cada año la vida de en torno a 110.000 españoles. Y todavía peor es el caso de las enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en nuestro país, con más de 120.000 fallecimientos anuales. (1) (2)

Además, pese a la alarma inicial, la Covid-19 apenas ha matado a personas jóvenes. En este sentido un estudio publicado en The Lancet a finales de junio apuntó a que la enfermedad casi siempre es leve en los niños. De los 600 niños incluidos en la lista que habían contraído el coronavirus, solo 4 murieron, todos mayores de 10 años y 2 de los cuales sufrían problemas médicos previos. (3)

Sin embargo, con el proceso de desescalada completado, todavía hay muchas personas que siguen presas del pánico.

Por eso creo que, para combatir esa “histeria colectiva” propiciada por la sobreinformación, quizá ayude recordar algunos datos importantes que, sin embargo, apenas han visto la luz en los últimos meses.

Las cifras de influenza disminuyeron fuertemente este año

La gripe mata a entre 290.000 y 650.000 personas cada año en todo el mundo, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La Covid-19, que supone un riesgo real para la misma población que la gripe (es decir, personas de avanzada edad y con enfermedades previas), no se sale de ese mismo rango -al menos de momento, aunque nada hace indicar lo contrario-.

Y lo más curioso es que la gripe, que se contaba con que fuese especialmente virulenta este año (“una de las más severas de las últimas décadas”, de acuerdo con la revista Nature), pareció ser “frenada” de golpe por el coronavirus, al igual que la varicela y el sarampión. (4)

No hay cifras de todos los países, pero sí se sabe que el número de muertes por influenza en Hong Kong se ha reducido en un 62,3%, según un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ). (5)

Y no solo eso: hay otros datos reveladores que podrían ayudar a parar la ola de ansiedad que continúan propagando los medios de comunicación de masas. Allá van:

1. El gigantesco brote de coronavirus en Brasil no es tan terrible como parece

El foco de la pandemia sin duda se ha desplazado. Y, si uno ve la televisión, es lógico que crea que Brasil es un país al borde del colapso por la Covid-19.

No obstante, analizando los datos reales se observa que en realidad el país tiene una tasa de muerte por millón de habitantes hasta 2 y 3 veces menor que muchos países europeos. (6)

Es decir, que los periodistas simplemente olvidan señalar que Brasil posee 212 millones de habitantes, lo que necesariamente arroja unas cifras generales más altas.

Y lo cierto es que, con un número de muertes por día estable o disminuyendo ligeramente durante más de un mes, no hay razón para pensar que la epidemia tendrá un giro más catastrófico allí que en otros lugares.

Todo esto me lleva directamente a la segunda “verdad” de la que quiero hablarle:

2. Las tasas de fallecimientos y contagios siempre son relativas a la población total del país

Desde el comienzo de la epidemia los medios de comunicación han anunciado el número de muertes en cada país y clasifican a los que registran más muertes como países “particularmente afectados”.

Sin embargo, esto podría tildarse incluso de absurdo, dado que es necesario relacionar el número de muertes con el de la población total del territorio.

Comparar, por ejemplo, el número de muertos en Italia, China, Inglaterra y Estados Unidos simplemente carece de sentido. Y, sin embargo, se hace.

Los países que van a la cabeza en número de contagios y de fallecimientos (Estados Unidos, México y Brasil, por ejemplo) son países mucho más densamente poblados que cualquiera en nuestro continente.

No obstante, por millón de habitantes sus tasas de muerte son más bajas que las de los países de Europa occidental.

Estados Unidos, en concreto, tiene 330 millones de habitantes (es decir, más que la población española multiplicada por 6). Pues bien, su tasa de fallecimientos por millón de habitantes sería de cerca de 400, frente a las casi 1.000 de España (según un análisis publicado en el Financial Times, el nuestro sería el país con mayor nivel de muertes por millón de habitantes). (7)

3. El “pico epidémico” mundial no se ha alcanzado, pero el de fallecimientos parece haberse superado hace ya bastante

El coronavirus sigue propagándose por todo el mundo a gran velocidad. Sin embargo, también es importante destacar que la mortalidad a causa de él está disminuyendo.

Es decir, que el número de nuevas infecciones diarias a nivel mundial sigue en aumento, pero el número de muertes al día disminuye regularmente (aunque con picos). (8)

Eso quiere decir que, en definitiva, el coronavirus se comporta como cualquier otro virus: a medida que se propaga se vuelve menos virulento (menos peligroso). E, indiscutiblemente, eso es una buena noticia.

4. La “crisis sueca” quizá no lo haya sido tanto

Sonadas han sido las declaraciones del responsable en Suecia de la gestión de la pandemia, que decidió no confinar a la población.

“Suecia paga su estrategia”, se podía leer en algún titular de la prensa española.

¿Es esto cierto? No está tan claro.

Hay que destacar que el número de fallecidos en el país nórdico es muy similar al de nuestra vecina Francia si se compara su población, y eso cuando nuestros vecinos galos han estado, al igual que nosotros, confinados durante semanas.

Además, hay que tener en cuenta que, aunque no la haya logrado todavía, Suecia podría alcanzar la inmunidad grupal (“de rebaño”) antes que el resto de países, lo que protegería a su población de cara a una nueva ola de Covid-19, que muchos expertos prevén para el próximo otoño.

5. Hay que desterrar la idea de que las residencias han sufrido una “hecatombe”

Es innegable que la pandemia ha segado la vida de numerosísimas personas de avanzada edad y enfermas en residencias de todo el mundo.

Ahora bien, la realidad es que, en todo momento y en el caso de cualquier enfermedad, estos centros son el lugar donde se registran más muertes.

La causa no es otra que el que en ellas se concentren precisamente ese tipo de perfiles: personas mayores, enfermas o con algún tipo de incapacidad. Es decir, más vulnerables.

Que el coronavirus haya dejado en ellas más muertes no es algo particular de este virus, sino que se debe a la menor resistencia de estas personas. Y la dinámica se repite en cualquier dolencia.

Cuidado con los conceptos erróneos que circulan

Las ideas son como los virus: viajan de un cerebro a otro, contagiando aquí y allá, y pueden invadir una gran parte de la conciencia.

Pueden incluso colonizar a poblaciones enteras.

Y, cuando encima se trata de ideas erróneas (a veces directamente manipuladas o absurdas), pueden empujar a toda una sociedad a una “aventura colectiva” sin sentido.

Este riesgo es particularmente alto en la actualidad, cuando los medios de comunicación de masas y las redes sociales funcionan como vías de propagación inmediata de esas ideas.

Y lo peor de todo es que el miedo ante una amenaza cercana (o entendida como tal) es mucho más primitivo y, por tanto, más dañino y mucho más difícil de erradicar (también sus consecuencias físicas).

Esto es lo que ha revelado un estudio publicado hace apenas unos días. Y es que, como es lógico, psicólogos y psiquiatras de todo el mundo tratan ya de analizar a contrarreloj las posibles consecuencias que dejará este desastre tan mal gestionado (informativamente hablando). (9)

La única forma de detener al “virus” del miedo es que otras ideas más sanas y fuertes las bloqueen. Así es como podemos escapar de la locura colectiva.

Por el momento, yo sigo como aquellas personas que mencioné al principio: encendiendo lo justo la radio y la televisión y apenas abriendo periódicos, para no dejar vía libre a la histeria.

¡A su salud!

Luis Miguel Oliveiras

P.D.: Por supuesto lo expuesto es solo mi opinión personal acerca de este tema. Si lo desea, le invito a dejar la suya a través de un comentario. ¡Yo y el resto de lectores estaremos encantados de leerle!

Fuentes:

  1. “Las cifras del cáncer en España 2020”. Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Depósito Legal: M-3266-2020
  2. Sara Mancebo Salazar “Mapa de la mortalidad cardiovascular en España”. Fundación Española del Corazón (FEC) / Agencia EFE. Madrid. Enero 2020.
  3. Florian Götzinger, MD. Begoña Santiago-García, PhD. Prof Antoni Noguera-Julián, PhD. Miguel Lanaspa, PhD. Laura Lancella, PhD. Francesca I Calò Carducci, PhD et al. “COVID-19 in children and adolescents in Europe: a multinational, multicentre cohort study”. The Lancet | Child & Adolescent Health. June 25, 2020.
  4. Céline Deluzarche. “Comment le coronavirus a stoppé net l’épidémie de grippe”. Futura Santé. Mayo 2020.
  5. Chan Ka Hung, Lee Pak-wing, Chan Crystal Ying, Lam Kin Bong Hubert, Ho Pak-leung. “Monitoring respiratory infections in covid-19 epidemics”. BMJ 2020; 369:m1628.
  6. gisanddata.maps.arcgis.com/apps/opsdashboard/index.html#/bda7594740fd40299423467b48e9ecf6
  7. John Burn-Murdoch and Chris Giles. “UK suffers second-highest death rate from coronavirus”. Financial Times. May 28 2020.
  8. cutt.ly/PoDQWSh
  9. Leonard Faul, Daniel Stjepanović, Joshua M. Stivers, Gregory W. Stewart, John L. Graner, Rajendra A. Morey, Kevin S. LaBar. “Proximal threats promote enhanced acquisition and persistence of reactive fear-learning circuits”. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2020; 202004258.