Una menor variabilidad de la frecuencia cardíaca podría ser síntoma de agravamiento del síndrome de fatiga crónica. Esto es lo que ha señalado un equipo de investigadores españoles que propone el uso de dispositivos portátiles para vigilar fácilmente esa fluctuación(1).

De este modo, la “distancia” que hay entre dos latidos (también conocido como “variabilidad de la frecuencia cardíaca”) sirve como biomarcador para determinar la gravedad del síndrome. Este está caracterizado por una fatiga persistente, pero también puede conllevar trastornos neurológicos y emocionales (cefaleas, dolor muscular, pérdida de concentración y de memoria, trastornos de sueño…).

Lo mejor es que este biorritmo es muy fácil de medir. El paciente solo debe llevar a la altura del tórax una cinta con sensor que le indica, mediante una aplicación móvil, cuál es la variabilidad de la frecuencia cardíaca en todo momento. En el caso de que el dispositivo muestre una variabilidad muy pequeña (en otras palabras, cuando los intervalos entre latidos son muy parecidos), significará que existe un mayor riesgo de sufrir alteraciones cardiovasculares, además de un agravamiento del síndrome de fatiga crónica, por lo que podrán añadirse las medidas necesarias para mejorar el tratamiento.

Nota de Salud en 1 Minuto: Aunque pueda sorprender, que el corazón no lata a una frecuencia constante (es decir, que tenga una variabilidad grande) es síntoma de buena salud. Y es que esto significa que hay un aumento del tono simpático, lo que hace que el corazón sea capaz de adaptarse a los diferentes estímulos que recibimos a diario (estrés, ejercicio físico, descansar…).

Fuentes:

  1. Capdevila L, Castro-Marrero J, Alegre J et al.: “Analysis of Gender Differences in HRV of Patients with Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome Using Mobile-Health Technology”. Sensors (Basel). 2021.