Olvídese de los medicamentos a la hora de curar un resfriado y opte mejor por un caldito de pollo. Eso sí, deberá ser un caldo casero hecho con mucho amor. Y es que un estudio ha confirmado la creencia de nuestras abuelas por la que no había nada mejor para curar un resfriado que mucho cariño y una buena sopita caliente. Es lo que se conoce con el término de “comfort food”.

Con comfort food se hace referencia precisamente a esos “platos que curan” y que utilizó por primera vez el cocinero británico Jamie Oliver para criticar las comidas repletas de grasas y azúcares que se servían en los colegios, optando a cambio por las recetas de toda la vida.

Pero ¿cuál es el secreto de estas recetas? Pues responde a algo tan sencillo como que, al enfermar, recordamos cuando éramos pequeños y nuestras madres nos cuidaban y nos preparaban esos platos caseros. De este modo, automáticamente relacionamos ese caldo casero con el método que empleaban nuestras madres (junto a su cariño) para que nos sintiéramos mejor.

Y ese simple recuerdo hace que nos encontremos mejor tanto emocional como físicamente. En otras palabras, estaríamos ante un ejemplo de efecto placebo que relaciona la cura del resfriado con el “tratamiento” a base de platos caseros.

Fuente: Bruce Barrett, Roger Brown, Dave Rakel, David Rabago, Lucille Marchand, Jo Scheder, Marlon Mundt, Gay Thomas and Shari Barlow: “Placebo Effects and the Common Cold: A Randomized Controlled Trial”. Annals of Family Medicine.

https://www.jamieoliver.com/comfortfood/