Para responder a esta pregunta un equipo de investigadores(1) ha analizado cómo responden los dos tipos de grasa que hay en el organismo al denominado “ayuno intermitente” (es decir, cuando no se come durante un mínimo de 12 horas).

Dentro del cuerpo hay grasa visceral (o “grasa blanca”), que se acumula en torno a la cintura y es responsable de patologías cardiometabólicas; y también la llamada “grasa marrón” o “grasa buena”, que se localiza preferencialmente en la zona interescapular de la espalda y se va reduciendo con el paso de los años.

Para el ensayo se aplicó un ayuno intermitente en el que se alternó cada 24 horas la dieta estándar con una ausencia total de alimentos. Los investigadores observaron que de este modo aumenta el número de proteínas mitocondriales, lo que permite reducir la “grasa blanca” al transformarla en energía. Sin embargo, esto no ocurre con la “grasa marrón”, ya que esta última es capaz de adaptarse a la ausencia de alimentos.

Se confirma así la eficacia del ayuno intermitente a la hora de perder grasa visceral, que es la que más interesa no solo para reducir los kilos de más sino también el riesgo de sufrir patologías asociadas al sobrepeso.

Consejo de Salud en 1 Minuto: Si nunca ha probado el ayuno, pero se está planteando hacerlo, este texto puede ayudarle a decidirse. Con él descubrirá todos los beneficios de esta práctica ancestral, así como la mejor forma de ayuno que conviene en cada caso concreto.

Fuentes:

  1. Dylan J. Harney, Michelle Cielesh, Renee Chu et al.: “Proteomics analysis of adipose depots after intermittent fasting reveals visceral fat preservation mechanisms”. Cell Reports. 2021.