En la época del paracetamol, de los antiinflamtorios no esteroideos (AINEs) y los fármacos de última generación, puede parecerle chocante que la mejor solución contra el dolor sea la que utilizaba su abuela.

Pero no lo es en absoluto.

Las cataplasmas son remedios tradicionales muy eficaces para aliviar el dolor y tratar diferentes problemas de salud, que en realidad se remontan a varios siglos de antigüedad, mucho antes de que los utilizase su abuela.

La capacidad de estos emplastos 100% naturales para actuar directamente sobre el dolor (evitándole además los efectos secundarios nocivos de los medicamentos) es realmente sorprendente. Tanto que en Plantas & Bienestar hemos decidido desenterrar este antiguo remedio y dedicarle un extenso artículo que encontrará en el próximo número de mayo.

Me encantaría que pudiera leerlo y que aprendiera a preparar usted mismo sus propias cataplasmas para beneficiarse de su capacidad milenaria para aliviar el dolor. Y sin tomar una sola pastilla.

Prepararme mis propias cataplasmas… ¿sabré hacerlo?”, se estará preguntando.

¡Claro que sí! La idea de colocar una planta machacada o un poco de tierra arcillosa sobre la piel puede parecerle engorroso y complicado a priori. Pero resulta mucho más sencillo de lo que piensa, sobre todo si tiene en cuenta que la vida moderna le provee de todo lo que necesita.

Seguro que en su casa tiene gasas, film transparente de cocina, vendas en su botiquín, una cacerola, una cuchara de madera, un mortero… no necesita nada más para prepararse las cataplasmas del siglo XXI.

Por ejemplo, ¿que tiene una contusión en una pierna?

Usted decide: o ibuprofeno para la inflamación al canto (más paracetamol, si hay dolor) o una cataplasma de col, aplicada sobre la zona afectada y cubierta con una gasa elástica.

Le invito a que pruebe esta nueva alternativa natural y extraiga sus propias conclusiones.

Al poco de aplicarse la cataplasma, notará cómo su piel absorbe los principios activos naturales de la col y sus propiedades antisépticas, antiinflamatorias y descongestinantes actúan rápidamente ¡Verá cómo el dolor y la inflamación desaparecen casi por arte de magia!

No acaban ahí las propiedades y las aplicaciones de estos remedios fruto del conocimiento de antaño. Hay cataplasmas astringentes, calmantes, bactericidas, remineralizantes, desintoxicante, depurativas… Desde la clásica cataplasma de arcilla para la artrosis o las quemaduras, hasta la de mostaza para las vías respiratorias, pasando por la de lino para calmar la tos.

En este artículo también descubrirá las 12 mejores plantas para elaborar cataplasmas, cúales son y todos sus usos e indicaciones, ordenadas en un práctico cuadro. ¡No se lo puede perder!

Estoy convencido de que nada más leerlo empezará a preparar sus propias cataplasmas y se dará cuenta de que su abuela…¡tenía razón!

Puede pedirlo ahora en este enlace