Al ser la capa más externa del cuerpo, la piel está muy expuesta a los contaminantes atmosféricos, al humo del tabaco o a los tóxicos presentes en numerosos productos de higiene y limpieza. Pero también le afecta, y mucho, la climatología. Las altas temperaturas y la humedad hacen que pierda elasticidad, mientras que las bajas la vuelven más seca e irritable.

Esto ya es malo de por sí, pero cuando encima se produce una alternancia rápida y constante de temperaturas bajas y altas, como se está viviendo últimamente, tiene lugar un grave desequilibrio de la microbiota cutánea que hace que la piel se inflame y vuelva más porosa, perdiendo su capacidad protectora.

De ahí que deba cuidarla siguiendo estas recomendaciones:

  1. Para su limpieza apueste por jabones naturales y libres de sustancias químicas. Por ejemplo, jabón de Alepo o elaborados con manteca de karité, aloe vera…
  2. Nútrala a diario con cremas hidratantes, sin olvidarse de las manos y del rostro, las zonas de la piel más expuestas. Si lo desea, incluso puede prepararla usted mismo siguiendo los pasos de esta receta.
  3. Expóngase más al sol. Para aumentar las reservas de vitamina D, una de las preferidas de la piel, se recomienda tomar el sol unas 2 horas al día (en verano bastarían 10 minutos y evitando las horas centrales del día). Y una ayuda extra, por supuesto, es aportar más vitamina D a su organismo con la toma de complementos.
  4. Evite los factores que contribuyen al envejecimiento cutáneo como el estrés, la contaminación ambiental, un descanso poco reparador o ciertos alimentos proinflamatorios (sobre todo la carne y los productos lácteos, que es recomendable tomar solo esporádicamente).
  5. Por último, intente evitar los cambios bruscos de temperatura sobre los que puede actuar. Por ejemplo, no ponga la calefacción al máximo nada más llegar a casa en los días muy fríos. Y, al contrario, si las temperaturas son muy altas en el exterior, intente que el interior de su casa no esté excesivamente frío.

Nota de Salud en 1 Minuto: Estas medidas se hacen especialmente necesarias en la actualidad debido al mayor uso de geles hidroalcohólicos y al constante lavado de manos, dos medidas muy útiles en estos tiempos de pandemia (y en realidad no solo ahora), pero que también alteran el equilibrio de la microbiota cutánea.