Hace unos días en un Tener S@lud llamado “[ARTROSIS – 1ª PARTE] Otitis, problemas dentales… Desveladas 7 causas ocultas” analizábamos las causas ocultas del desgaste del cartílago que da origen a la artrosis, una de las enfermedades más comunes y más incapacitantes en nuestros días.

Y es que ese desgaste puede deberse a todo tipo de infecciones e inflamaciones crónicas en el organismo.

Ahora bien, como la mala alimentación -y, directamente, la comida “basura”- están detrás de muchos de esos de inflamación, me gustaría que profundizásemos un poco más en su mecanismo de acción.

Cuando la mala alimentación dispara la inflamación

Con frecuencia la culpable de que se desarrolle una inflamación crónica en el cuerpo es la comida de mala calidad, ultraprocesada y a base de sirope de glucosa, azúcar, harinas, aceites vegetales, sal, aditivos alimentarios…

De entre todos los alimentos “malos” para la salud, los más nocivos son las frituras. Ahí encontramos glúcidos (azúcares) muy rápidamente asimilables por estar cocinados a una muy alta temperatura (por ejemplo, el almidón de las patatas fritas), productos de glicación avanzada, aceites quemados…

Pero los peores de todos son sin duda los aceites que provocan por sí solos inflamación. Y es que, en caso de artrosis, por ejemplo, contribuyen a agravar la enfermedad sin necesidad de otros “intermediarios”.

Por eso es tan importante saber reconocer estos aceites y optar por las variedades que más convienen.

Aceites que hacen subir el nivel de inflamación (y dañan el cartílago)

Se trata de los aceites que contienen muchos ácidos grasos omega 6 y que por tanto son proinflamatorios, ya que rompen el necesario equilibrio entre omega 3 y 6 que debe guardar una buena alimentación. Y es que si lo ideal sería un ratio de 1:4, actualmente la media se encuentra en un descompensado 1:16. Es decir, que tomamos hasta 4 veces más omega 6 de lo que el organismo necesita. (1)

El hecho de que nuestra alimentación actual sea tan rica en ácidos grasos omega 6 se explica porque estos están muy presentes en los aceites más corrientes y más baratos que se pueden encontrar, como por ejemplo el de girasol, el de maíz, el de soja, el de pepitas de uva y el de germen de trigo.

Y debe saber que, aunque usted no compre directamente estos aceites y no cocine con ellos, lo más probable es que también los consuma de forma general, en tanto en cuanto son añadidos muy habitualmente a numerosos productos alimentarios comunes, como por ejemplo galletas, panes, cereales de desayuno, platos preparados, salsas, conservas…

Incluso se utilizan con frecuencia en los piensos para la alimentación de las aves y otros animales de granja, pasando después a los huevos y a la carne que nosotros comemos.

Es decir, que no hay duda de que se ingiere omega 6 en exceso, el cual termina transformándose en prostaglandinas y otras proteínas inflamatorias. Estas son las conocidas como “mensajeros de la inflamación”, que alteran irremediablemente a las células encargadas de fabricar cartílago (los condrocitos).

Por su parte, los aceites ricos en omega 3 (es decir, el de colza, el de nuez, el de pepitas de calabaza, el de lino, el de pescado…) han demostrado en miles de estudios clínicos tener efecto antiinflamatorio. (2) (3)

Este efecto se debe a que los ácidos omega 3 son capaces de reducir la producción de citoquinas proinflamatorias, entre otros procesos. Y por otro lado algunos estudios han demostrado también que los aceites de pescados ricos en omega 3 alivian los dolores articulares. (4)

En definitiva, si usted decide sustituir los aceites ricos en omega 6 por estos últimos reducirá la inflamación en su cuerpo; ¡una razón de peso para utilizarlos!

Ahora bien, debe saber que los omega 3 son muy sensibles al calor y se degradan rápidamente al ser cocinados. Por ello debe usarlos crudos en la medida de lo posible y para cocinar dar preferencia a las grasas saturadas, sólidas a temperatura ambiente y más estables durante la cocción, por lo que producen menos compuestos tóxicos.

Hablamos de, por ejemplo, grasa de coco o de pato, manteca de cerdo, mantequilla y, todavía mejor, mantequilla clarificada (es decir, la grasa pura de la mantequilla corriente, sin su agua ni sus proteínas).

En su defecto podría utilizarse Ghee, una variante de la mantequilla clarificada muy habitual en la cocina hindú. Se diferencia de ella en que hay que dejarla cocer durante más tiempo para que la grasa se tueste un poco.

Fuentes:

  1. Simopoulos AP. “The importance of the ratio of omega-6/omega-3 essential fatty acids”. Biomed Pharmacother. 2002 Oct;56(8):365-79. 
  2. Calder PC. “Omega-3 fatty acids and inflammatory processes: from molecules to man”. Biochem Soc Trans. 2017 Oct 15;45(5):1105-1115. doi: 10.1042/BST20160474. Epub 2017 Sep 12. 
  3. Simopoulos AP. “Omega-3 fatty acids in inflammation and autoimmune diseases”. J Am Coll Nutr. 2002 Dec;21(6):495-505. 
  4. Rajaei E, Mowla K, Ghorbani A, Bahadoram S, Bahadoram M, Dargahi-Malamir M. “The Effect of Omega-3 Fatty Acids in Patients with Active Rheumatoid Arthritis Receiving DMARDs Therapy: Double-Blind Randomized Controlled Trial”. Glob J Health Sci. 2015;8(7):18–25. Published 2015 Nov 3. doi:10.5539/gjhs. v8n7p18.