Hace un tiempo leí un interesante texto del herborista Christophe Bernard (en la imagen), autor de algunos artículos de nuestras publicaciones, dedicado a las expectativas frustradas que en ocasiones generan las plantas medicinales.

En él explica los errores más frecuentes que se cometen al tratar alguna dolencia o afección con plantas medicinales.

Inicialmente su escrito estaba reservado a los suscriptores de su boletín gratuito Atelier des Plantes (en francés), pero me ha permitido reproducir el escrito para todos los lectores de Tener Salud.

Se trata de un texto instructivo y lleno de sentido común que le resultará muy útil si está comenzando a cuidar de su salud y la de los suyos con soluciones vegetales. ¡Ya lo verá!

Los 4 errores más comunes que cometen los amateurs de las plantas medicinales (y cómo solventarlos)
Error nº 1: Esperar una “planta milagro”Todos sufrimos algún problema de salud. El mío es la migraña. Esta me ha perseguido durante la adolescencia y me “taladró” el cráneo cuando rondaba los 20 años. El único remedio que funcionaba -al menos un poco- era tomarme 1 g de aspirina con cada crisis.Puedo decirle que llegó un momento en el que sentía que las consumía por kilos.No tardé en interesarme por las plantas medicinales y a leer infinidad de libros sobre sus propiedades. Y fue ahí cuando encontré la altamisa o ajenjo del campo (Tanacetum parthenium).Me brotaron las lágrimas de los ojos al leer en infinidad de libros sus sorprendentes propiedades. Y sin duda es la planta de las migrañas; ¡muy pocas se le resisten!Sin embargo, tengo que reconocer que nada más empezar a tomarla, sufrí una fuerte decepción. La tomé durante 3 semanas, 3 veces al día. Y nada. Todo seguía igual.Estuve a punto de dejar el tratamiento, pero un amigo experto en naturopatía me dijo que yo había cometido un error muy común: esperar “una planta milagrosa”, capaz de acabar con un problema de salud en tiempo récord.

Esto es algo muy habitual. Y es que además los medicamentos, que actúan en algunos casos de inmediato -precisamente ello se relaciona con sus notables efectos secundarios-, han puesto el listón muy alto en este aspecto.

Las plantas, por el contrario, necesitan tiempo, ya que no actúan sobre los mismos mecanismos ni de la misma forma.

¿Cómo ejercen su efecto las plantas, entonces?

Pues con una forma de actuar “de calado” y orientada a las causas subyacentes que están detrás del problema y lo originan (aunque eso no quita que muchas veces también sean capaces de aplacar con rapidez los síntomas).

Esto implica que, cuando hemos pasado años maltratando el cuerpo, necesariamente tardaremos algo más de tiempo en cambiar las cosas.

Si comete el error, como yo mismo estuve a punto de hacer, de tirar la toalla en solo 3 semanas, ¡por supuesto que su experiencia será totalmente decepcionante!

Error nº 2: Ver solo la punta del iceberg

El síntoma no es más que la parte visible del problema. Por eso, para resolverlo y no simplemente silenciarlo, hay que ver bajo la superficie.

Sí, es una ardua labor. Hay que hacer un balance de la vitalidad, el estrés, la calidad del sueño y de la alimentación, de la actividad física que se realiza, del nivel de defensas inmunitarias… Un trabajo de titanes, en algunos casos.

Pero déjeme decirle algo: si no lo hace usted, primer y máximo interesado en su propia salud, ¿quién lo va a hacer?

Para obtener una buena base antes de iniciar cualquier posible tratamiento, pase la lupa a todo y anótelo en un diario.

Cuando yo lo hice, me sirvió para identificar dos posibles causas de las migrañas:

  • La primera, la alimentación, y específicamente una dieta demasiado grasa que inflamaba ligeramente mi vesícula biliar y me provocaba un dolor de cabeza que arrancaba al nivel de la escápula y luego volvía hasta el cráneo. Yo sufría, por tanto, debilidad hepática.
  • La segunda era el estrés, y con la siguiente observación: cuando sufría un período de estrés intenso en el trabajo, una vez que este disminuía, la migraña aparecía. Estas observaciones me han permitido ir mucho más allá de la altamisa (como le dije, la principal planta de mi protocolo, pero en ningún caso la única).

Me llevó varios meses superar el 90% de mis crisis e incluso años después seguía descubriendo piezas de ese “puzle” (por ejemplo, cómo afecta a este problema la falta de magnesio).

Por supuesto, nada de eso se improvisa, sino que es necesario un conocimiento a fondo. Por eso no está de más tener de mano a algún gurú que nos acompañe y nos asesore por el camino.

Error nº 3: Todo es una cuestión de dosis

Algo que muchos ignoran es que, con frecuencia, se recomiendan dosis de principios activos y productos que en realidad son demasiado bajas.

Para conocer cuáles son las cantidades correctas hay que apoyarse en las investigaciones y comprobaciones de tantos y tantos médicos que durante años han tratado con esas soluciones a sus pacientes.

Para comprender mejor la importancia de esto, permítame poner un ejemplo. Comparemos las dosis prescritas de 3 productos a base de bardana.

Se trata de una planta depurativa (es decir, que limpia el organismo) muy conocida y utilizada para estimular la evacuación de las toxinas al nivel hepático y renal. También se utiliza para los problemas de la piel, y es que de hecho la esfera cutánea y la hepática están íntimamente vinculadas.

Producto 1: cápsulas de una importante marca que no revelaré, que contienen 350 mg de polvo de raíz cada una (se toma una sola cápsula al día).

Producto 2: una tintura de la que se ingieren 30 gotas por toma, lo que representa en torno a (según mis cálculos) 250 mg de raíces diarias en bruto.

Producto 3: raíces sueltas según dosis. Por lo general se recomiendan 3 tazas al día de una infusión de 40 g por litro (es decir, el equivalente a 20 ó 30 g de raíz al día, aproximadamente).

¿Ve la diferencia? 350 mg en el primero, 250 mg en el segundo y… ¡hasta 30 g en el tercero!

Por supuesto, cada formulación consigue una cantidad diferente de principios activos concentrados. Sin embargo, según mi propia experiencia es la tercera forma, en tisana, la que más resultados suele reportar.

Error nº 4: Un problema grave no es un problema crónico

Con frecuencia hago hincapié en la importancia de distinguir un problema crónico de un problema grave o agudo.

En caso de trastorno crónico suelen bastar 2 ó 3 tomas al día, aunque hay que seguir el tratamiento a largo plazo. En cambio, para un problema más intenso en ocasiones hay que actuar con mayor contundencia. Por ejemplo, ante una infección estacional conviene tomar el tratamiento a base de plantas que convenga cada 2 horas hasta notar mejoría (es decir, unas 5 ó 6 tomas al día). Si no, difícilmente se logrará aplacar el problema.

Espero que este repaso a los 4 errores más comunes cometidos en el campo de la fitoterapia le permita comprender mejor el universo y el funcionamiento de nuestras amigas las plantas. Por desgracia, demasiadas veces estos son responsables de que no lleguemos a curarnos gracias a ellas.

Le deseo todo lo mejor,

Christophe Bernard

 

Ya lo ve, la clave muchas veces está en ser perseverante y tener paciencia. La Naturaleza es sabia y precisamente por ello necesita algo de tiempo para dejar notar todos sus efectos.
Pero no lo olvide: todo llega a su debido tiempo.

¡A su salud!

P.D.: Si alguien de su entorno está iniciándose en el mundo de las plantas medicinales y cree que este texto puede resultarle interesante, le invito a que se lo reenvíe