El otro día me llamó la atención un largo artículo en la prensa estadounidense acerca de un hombre de 95 años que nada 1,6 km todos los días y también practica musculación, esquí, aikido… (1)

Ser viejo no es excusa para ser perezoso”, explica Klaus Obermeyer, que es de origen alemán pero vive en las montañas en Estados Unidos.

Nada todo el invierno en una piscina pública descubierta y con agua templada con energía solar. Esquía todo el invierno cada día, si el tiempo lo permite.

¡A sus 95 años, el señor Obermeyer está loco por el esquí!

Sin embargo, al aikido es a lo que atribuye su agilidad excepcional: “El aikido es un arte marcial pacífico”, explica. “La idea es no causar daño, sino controlar al adversario”. No se emplean barras ni hay golpes, sino que uno se sirve de la energía del contrincante para hacerle caer.

Para mantenerse en forma todo el año, también practica una sesión diaria de veinte minutos de elíptica. Se trata de una máquina que puede verse en los gimnasios: tiene dos grandes pedales en los que apoyar los pies, conectados a unos manillares que llegan hasta la altura de los hombros. Los pedales hacen un movimiento elíptico mientras que los manillares se mueven de delante hacia atrás.

Además, el Sr. Obermeyer hace flexiones y abdominales, y se cuelga de los brazos de una barra fija para estirarse.

Su dieta

Para desayunar, el Sr. Obermeyer toma dos o tres huevos, una rebanada de pan integral y patatas. No come al mediodía, pero toma alguna fruta si tiene hambre a lo largo del día. En el jardín cultiva ciruelas, manzanas, peras y frambuesas.

Por la tarde, come una ensalada con alimentos de su huerto con, según la estación, diente de león, rábanos o cebollino sobre pan alemán (Pumpernickel) y queso.

Intento comer vegano (ningún producto de origen animal) pero hago trampas”, bromea. “Mi objetivo principal es ingerir menos calorías de las que quemo”.

“¡Más joven cada año!”

“Más joven cada año” (Younger Next Year) es el título de un gran best-seller publicado en Estados Unidos que muy probablemente ha influido en el Sr. Obermeyer. (2)

Este libro explica que, incluso a edad avanzada, una vida sana permite mantenerse en plena forma. Todo el mundo debe ser capaz de llevar a cabo las actividades esenciales de un adulto en buen estado de salud.

Si, a los 55 ó 60 años, ha dejado de practicar esquí, montar en bicicleta o patinar sobre hielo, un programa para recuperar la forma bien pensado le permitiría volver a empezar desde el próximo año (salvo discapacidad física, por supuesto).

Yo he podido comprobar con mis propios ojos el impacto que ha tenido este libro en la sociedad norteamericana.

Me acuerdo en concreto de un paseo que di al amanecer por una playa de Florida. Me había despertado de madrugada al estar bajo los efectos del jetlag (síndrome de los husos horarios, caracterizado por un desajuste entre el reloj biológico y el cronológico como consecuencia de haber viajado rápidamente –en avión- entre dos puntos geográficos). Esperaba encontrarme solo, pero ¡craso error!: ya había decenas de jubilados de entre 75 y 85 años (o más) que hacían ejercicio en la playa con el torso desnudo.

Bronceados, musculados, con la sonrisa en los labios, todos ellos sostenían su medecine ball (balón medicinal). Se trata de un balón muy pesado que se sostiene en las manos para hacer rotaciones del torso. Es el ejercicio clave para fortalecer la cintura abdominal y hacer desaparecer los michelines.

¡Y le puedo asegurar que funciona!

Cómo motivarse

¿De dónde sacan la motivación el Sr. Obermeyer y los demás que realizan deporte como él a una edad avanzada? ¿Cómo hacen para mantener una dieta tan restrictiva y dedicar cada día tanta energía (y tiempo) a su forma física?

Un elemento de motivación decisivo es tener una meta precisa; es la misma motivación de las competiciones o carreras de aficionados. Uno sabe que, en dos meses, tendrá que correr una semimaratón, participar en una carrera de natación, tomar parte en una competición de esquí o en una carrera ciclista.

En Estados Unidos, los acontecimientos deportivos para personas de edad avanzada (carreras reservadas a los mayores de 75 años) son muy frecuentes. Eso permite al aficionado al deporte tener un objetivo y marcarse una progresión. Se forman grupos de amigos para entrenarse y participar en las competiciones, a veces como equipo.

Además de aportar una salud física robusta y mejorar el ánimo, el deporte posibilita el conocer y relacionarse con otras personas, divertirse, viajar, plantearse retos y profundizar sus relaciones con los amigos.

Este tipo de círculo virtuoso es el que hay que poner en marcha; es el que permite a personas como el Sr. Obermeyer ir todos los días a la piscina al aire libre, incluso en el mes de diciembre y en días de lluvia.