Cuando un tatuador inyecta con su aguja tinta en la piel para hacer un dibujo, los colores quedan retenidos en el tejido cutáneo, dejando ese dibujo permanentemente, hasta el fin de los días.

Y no es una forma de hablar.

Cuando una persona muere, los tatuajes que le han acompañado en vida siguen en su piel. Ahora algunos de esos cadáveres tatuados han sido analizados y se han podido observar los efectos de la tinta en el organismo. ¿Simplemente se queda en la piel?

Lo que se ha descubierto es muy preocupante.

La gente suele creer que basta con elegir un tatuador profesional que cumpla las condiciones sanitarias adecuadas. Pero ni mucho menos es suficiente. El riesgo no acaba porque no se hayan producido infecciones ni reacciones inmediatas. Los problemas pueden aparecer años y hasta décadas después de haberse tatuado.

Hasta ahora no había estudios suficientes para saber los efectos en el organismo de los tatuajes a largo plazo, entre otras cosas porque los experimentos con animales que serían necesarios para abordarlos se consideran poco éticos, dado que los tatuajes no se hacen por necesidad médica, sino estética, y además es una decisión voluntaria. Por eso sólo se investigan los riesgos de los tatuajes analizando las tintas y su degradación in vitro, pero sin estudiarse las interacciones de las tintas in vivo en el organismo.

Y aunque se sospechaba que los conservantes y contaminantes asociados a los pigmentos eran una amenaza, ahora un estudio científico recién publicado realizado con muestras de cadáveres ha confirmado los peores temores: la tinta de los tatuajes viaja por el sistema linfático y afecta al sistema inmune. (1)

El viaje por el organismo de las tintas de los tatuajes

Después de la inserción traumática de las tintas durante el procedimiento de tatuaje, el cuerpo excreta a través de la epidermis dañada tantos componentes como puede de los que acaba de recibir. Otra forma que tiene el organismo de intentar limpiar la agresión es a través del transporte activo a los ganglios linfáticos por células fagocitarias, o pasivamente a lo largo de los vasos linfáticos.

Los investigadores analizaron la piel tatuada y los ganglios linfáticos regionales procedentes de cuatro cadáveres tatuados y de otros sin tatuar, para que sirvieran como control (es decir, para comparar las diferencias entre organismos tatuados y sin tatuar).

Para llevar a cabo sus análisis utilizaron técnicas de fluorescencia de rayos X de sincrotrón (XRF) a escala micro (μ) y nano (ν), así como espectrometría de masas de plasma y el análisis de sincrotrón μ-FTIR.

¿Qué descubrieron? Demostraron que tras tatuarse, y a lo largo de los años, se produce el transporte simultáneo de pigmentos orgánicos, metales pesados y dióxido de titanio de la piel a los ganglios linfáticos. Presentaron evidencias tanto de la migración como de la deposición a largo plazo de elementos tóxicos y pigmentos de tatuaje, así como de alteraciones estructurales de biomoléculas.

Las conclusiones son inquietantes.

Tatuarse aumenta la proporción de elementos tóxicos en el organismo. Tras la inyección de tintas de tatuaje, las sustancias que contiene la tinta (aluminio, cromo, hierro, níquel, cobre, manganeso, cobalto, dióxido de titanio, etc.) son transportadas pasivamente a través de la sangre y los fluidos linfáticos o fagocitadas por células inmunes y posteriormente depositadas en los ganglios linfáticos.

En definitiva: la tinta de los tatuajes afecta al sistema inmune.

¿Qué se mete la gente en el organismo a través de la piel cuando se tatúa?

Nada bueno, desde luego.

Se han encontrado tatuajes que contienen productos químicos peligrosos como, por ejemplo, hidrocarburos aromáticos policíclicos (43%), aminas aromáticas (14%), metales pesados (9%) y conservantes (6%). Además, en un 11% de los casos que se han analizado se ha detectado contaminación microbiológica”, alertaba a principios de año la Comisión Europea (CE) tras presentar un estudio que había elaborado para decidir si hacía falta tomar medidas legislativas en la Unión Europea para proteger la salud de los ciudadanos que decidían tatuarse. (2)

Cerca del 60% de los colorantes que utilizan las tintas son pigmentos azoicos, algunos de los cuales pueden liberar aminoácidos aromáticos cancerígenos. En pocas palabras: que los tatuajes, aparte de afectar al sistema linfático, pueden provocar cáncer.

Un estudio llevado a cabo por científicos estadounidenses publicado el pasado mes de junio alertaba del vínculo entre los tatuajes y dos tumores malignos: el carcinoma de células escamosas y el queratoacantoma. (3)

Alertaban de que, además, era probable que estuvieran infra reportados, y recordaba que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), la agencia especializada en esta enfermedad dentro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya ha clasificado algunos componentes de la tinta del tatuaje como posibles carcinógenos (como el mercurio, el negro de carbón y el sulfato de cobalto). (4)

No a todo el mundo le gustan, desde luego, pero lo cierto es que entre el 8,5 y el 25% de la población en Europa, dependiendo del país y el grupo de edad, lleva tatuajes, y desde hace una década su popularidad ha aumentado un 7%. (5)

Quizá usted lleve algún tatuaje en su piel, o esté pensando en hacérselo, o más bien sea cosa de sus hijos o sus nietos. Sea lo que sea, más vale pensárselo dos veces.

La “cara b” de los tatuajes es un asunto preocupante. Hace un año ya escribí otro texto sobre este tema, y el nuevo estudio del que hoy hemos hablado no hace sino confirmar los peores temores.

Si quiere leer lo que escribí entonces, puede hacerlo en este enlace.

 

Fuentes:

  1. “Synchrotron-based ν-XRF mapping and μ-FTIR microscopy enable to look into the fate and effects of tattoo pigments in human skin”. Schreiver I, et al. Scientific Reports 2017. Sci Rep. 2017 Sep 12;7(1):11395. doi: 10.1038/s41598-017-11721-z.
  2. “Safety of tattoos and permanent make-up: Final report. Publications Office of the European Union”. ISBN: 978-92-79-58783-2 (online),978-92-79-63922-7 (ePub). EUR 27947 OPOCE LB-NA-27947-EN-N (online),LB-NA-27947-EN-E (ePub)
  3. Junqueira, A. L., Wanat, K. A. and Farah, R. S. (2017), Squamous neoplasms arising within tattoos: clinical presentation, histopathology and management. Clin Exp Dermatol, 42: 601–606. doi:10.1111/ced.13183
  4. Kluger N, Koljonen V. Tattoos, inks, and cancer. Lancet Oncol 2012; 13: e161–8.
  5. Klügl I, Hiller KA, Landthaler M et al. Incidence of health problems associated with tattooed skin: a nation-wide survey in German-speaking countries. Dermatology 2010; 221: 43–50.